A UNA MUJER

Jamás he visto quien se entrega

maravillosa y sobrehumana,

siendo la maravilla griega

y siendo la virgen cristiana.

Llenas de penas y engaños,

y de amarguras y dolores,

quisiera mandarte unas flores

que contuvieran mis veinte años.

Veinte años magníficos, puros,

quizás vagos, quizás perversos,

pero que irían con mis versos

llenos de mis ojos obscuros.

La vida pasa, pisa y vuela,

haciendo la vida en concreto,

dando los ojos de la abuela

para la sonrisa del nieto.

Sonora, pura, bella, inmensa,

permite al que siente y piensa

magnificarte y ofrendarte,

en nombre del verso y del Arte.

Y pues eres una mujer

que hay que admirar y que querer,

que hay que admirar y que amar,

que hay que buscar y que escoger,

que hay que sentir y que estimar,

que hay que vivir y que adorar,

que hay que dormir y que besar,

que hay que sufrir y contemplar.