III

Puesto que tú me dices que eres mi hijo, ¡hijo mío!,

y tienes fe en mis lirios y confianza en mis rosas,

voy a confiarte ideas, voy a decirte cosas,

y amarás grandemente a tu Rubén Darío.

Tú comprendes mis versos e interpretas mis prosas,

y las aguas que corren en mi profundo río,

y, así, cuando te hable de las Musas hermosas

séme profundamente y eternamente mío.

Algo de la ilusión, algo del pensamiento,

algo del corazón, algo del sentimiento,

de las cosas que son, de las cosas que siento,

lo que he visto en la tierra, lo que oí en el mar,

lo que puedo ofrecer, lo que brinde mi aliento

y lo que en mi palabra te pueda yo ofrendar.


Y salpicando con las espumas del mar