TRISTE, MUY TRISTEMENTE...

Un día estaba yo triste, muy tristemente

viendo cómo caía el agua de una fuente;

era la noche dulce y argentina. Lloraba

la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,

diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,

que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.


es un ritmo de onda de mar.


Oh, miseria de toda lucha por lo finito!

es como el ala de la mariposa

nuestro brazo que deja el pensamiento escrito.

Nuestra infancia vale la rosa,

el relámpago nuestro mirar,

y el ritmo que en el pecho

nuestro corazón mueve,

es un ritmo de onda de mar,

o un caer de copo de nieve,

o el del cantar

del ruiseñor,

que dura lo que dura el perfumar

de su hermana la flor.

¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!

el alma que se advierte sencilla y mira claramente

la gracia pura de la luz cara a cara,

como el botón de rosa, como la coccinela,

esa alma es la que al fondo del infinito vuela.

El alma que ha olvidado la admiración, que sufre

en la melancolía agria, olorosa a azufre,

de envidiar malamente y duramente, anida

en un nido de topos. Es manca. Está tullida.

¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!