VI

Y suena esa divina musiquilla

de «La Giralda», que es toda Sevilla,

y es torera y graciosa y animada,

y habla de la mujer enamorada

que nos espera... Y nombra

naranjos y azahares,

y la caña olorosa,

y una alegría rítmica en cantares,

y una tristeza vaga y lujuriosa...

Los látigos chasquean,

agitan las mulillas

en su carrera locas campanillas,

y mientras que se orean

las frentes sudorosas

y en el pecho golpean

los corazones, suena

la música, torera y sevillana,

y, dejando en la arena

un surco negro y grana,

pasa arrastrado el toro...

Lleva en el fuerte cuerno

un hilillo de oro.

Después, como de un tajo,

la música, la luz y la algazara

cesan en un momento

contra compás... De un golpe el movimiento

se desvanece y pasa.