De Val.

¿Y el Congreso universal de la Poesía? Ya hablaremos luego. Ahora os hablaré de su organizador, del que ha sido su alma y que tiene en él muchas nobles ilusiones y muchas grandes esperanzas. De Val es un hombre admirable. ¡Admirable! El poeta Amado Nervo le dice: «¡Tú, que todo lo puedes!» En verdad, Mariano Miguel de Val, que también es poeta, y que quiere el bien de los poetas, está en todo, es múltiple, es complejo, es universal, y si no fuese que en él prevalece sobre todo algo del caballeresco ensueño tradicional hispano, merecería ser yanqui... En las proporciones de esta villa del oso y del madroño, tiene este varón, de cuerpo fino y faz de hidalgo antiguo, una variedad de actividades rooseveltianas que desconcierta en la gran urbe de la famosa Puerta del Sol. Mariano Miguel de Val es terrateniente, mundano, abogado, ex secretario del Ateneo; de la familia de Castelar, ex secretario de Moret; amigo del rey, de los infantes; redactor en varios periódicos, director de un diario de provincia, director de la respetable revista Ateneo, director y editor de la biblioteca Ateneo; pertenece a la Legación de Nicaragua; fué iniciador del Romancero de los sitios; colabora en Caras y Caretas, de Buenos Aires; en El Fígaro, de la Habana; ¡inicia, realiza y colabora en cien cosas más! No tiene aún automóvil; va a comprar uno pronto; pero no hay que temer, este poeta no es futurista. Tiene un santo en su familia ancestral. Tiene un castillo en Zaragoza. Es lírico de paz y de hogar. Tiene una bella esposa y unos lindos niños. Su padre era republicano. En su casa se conspiraba. Llegaba allí el tío Emilio y hacía discursos de música. El niño Mariano oía todo eso, observaba, tras los cortinajes. El niño creció, y el hombre es hoy monárquico, católico; y, cuando se va a veranear, para que diga la misa en la capilla de su castillo, tiene un capellán. De Val es cuerdo.

Su gabinete de trabajo está adornado de libros, retratos, autógrafos, medallas. Sus íntimos son sabios catedráticos, políticos, periodistas y uno que otro autor de los llamados modernistas. No se le creía un combativo. Sin embargo, un día se halló en pleno ardor polémico. El enemigo era temible: la condesa de Pardo-Bazán. La polémica fué sobre los novelistas en el teatro, y el joven aeda se batió ardorosamente con Pentesilea. Una vez vistos los argumentos de uno y otro, confieso que me coloqué al lado de doña Emilia. Muchos novelistas ha habido y hay que son excelentes autores dramáticos, y una facultad no es privativa de la otra.

De Val, que parece tan grave, tan serio, y que lo es, ¡indudablemente! ha pagado el matritense tributo a la literatura jovial, y, aunque sin su nombre, ha hecho imprimir cierto pecador volumen de castizos chistes, que habían regocijado a aquellos honestos y nada complicados rimadores que se llamaban Teodoro Guerrero, Ricardo Sepúlveda y demás compañeros del tiempo del Pleito del matrimonio. Después llevó la risa a las tablas, escribió para el teatro cosas jocosas. Mas en donde quiso poner la flor armoniosa de su juventud fué en su volumen Edad dorada. Son cosas de galantería y elegancia, madrigales apasionados, idealismo y carne, inspiraciones momentáneas y filosóficas amatorias; versos del alma y versos de salón; declaraciones y baladas. Gentiles maneras y decires que complacían a las damas antes de la introducción del bridge, del pastime-puzle y del popintaw.

De Val adula rítmicamente a la mujer, y señala sus varios encantos y modos de hechizar. Celebra la juventud, optimista y amigo del placer y de la gloria. Celebra la fe, el entusiasmo, el amor, la mujer siempre, ¡y hace bien! Y dice al final de su canto:

Dejad, pues, que la planta favorecida

de su corto reinado goce abstraída,

y aliente los afanes de su amorío

y realice sus sueños en el estío,

no le habléis del otoño que le intimida,

no le habléis del invierno de nieve y frío,

dejadla que lo olvide, si es que lo olvida,

y cuando en sus entrañas se sienta herida,

cuando la hora le llegue de cruel hastío

y la veáis rendirse desfallecida,

decidle, porque aplaque su desvarío,

que todo invierno es víspera de nueva vida.

Canta el amor, canta las flores con modos y conceptos ortodoxos:

Flores, hermosas flores,

que sois nido de amores

y de los verdes prados alegría,

desplegad vuestros mantos de colores

que ya amanece luminoso el día.

Dedica dos poemas a dos marquesas guapísimas. Zorrilliza en una «sinfonía». Y refiriéndose a quien sabe qué gallarda y voluptuosa señora, asonanta unas insinuaciones donjuanescas o fáunicas, de todos modos no por lo emprendedor menos romántico:

...Auras de rosa

forma tu aliento,

que toman brío

sobre las ondas de tu cabello.

Hacia mí vienen

y tú sonríes,

cada vez que oyes

los besos míos que las reciben.

Redondos, frescos,

tendidos, blancos,

sobre las sábanas

descansan, duermen, quietos, tus brazos.

¿Por qué no se abren

para hacer presa

en otros brazos

que ser tu cárcel también desean?

Anciano el dueño

de tus caricias,

gozar no puede

de tu hermosura la gallardía;

la gentileza

de tus contornos,

rica y sabrosa,

miel de panales de abejas de oro.

Natural es que el romántico que hay en él, admire a Byron y le salude en un sonante soneto. Y lo que lleva de su raza en la sangre lo hemos de ver en tal ímpetu místico, con su reminiscencia de Don Gaspar:

...En tanto que en la tierra se despierta

el bronce herido a la oración llamando;

en tal evocación del poderío morisco para, a propósito de una atalaya, loar la espiritualidad cristiana; en ternuras familiares y religiosas; en discretas quejas melancólicas que son como ecos de amoríos pretéritos, en la obsesión de la cruz; en efusiones cordiales que no por ser dichas en un metro poeano que han difundido los modernos, parecen menos venir de tiradas calderonianas y de fogosas arias de los corifeos del romanticismo. En De Val está el trovador. No han llegado a él ni el uso ni el abuso, hoy tan comunes, de ciertos procedimientos de la nueva poesía castellana. Lo que ha escrito está conforme con el espíritu y los preceptos del glorioso parnaso nacional. Ello es cuestión de temperamento y de maneras personales de exteriorizar sus ideas estéticas. Yo ni le censuro ni le alabo. En todo caso, más bien le alabaría por haberse dado tal como es él.

Lo bueno es que se conserva siempre joven y lleno de actividad y entusiasmo para toda empresa generosa y en la cual se haya de rendir homenaje a Nuestra Señora la Belleza. Ese congreso universal de la poesía, hoy postergado para que se lleve a cabo bajo mejor plan, y que se verificará en la próxima primavera, cuando esté Valencia más rica de flores y de celestes luces, ese congreso ha sido idea de él, para honrar a la Poesía, y para hacer bien a los portaliras. La suya la tiene excelentemente cuidada, y ha de dar en tal concurso apolíneo nuevos y plausibles sones.