El fin del mundo.

I

En Tolosa de Francia vivía hasta hace poco tiempo, o vive aún, si es cierto que tenía el don de profecía, un viejo abate de familia noble y con títulos que él mismo ostentaba con ingenua vanagloria, sobrino de un mártir, nieto del comandante del Ejército real victorioso del año VII, descendiente directo de los antiguos condes de Noé. Llamábase, o llámase, Gabriel María Eugenio de la Tour de Noé, «sacerdote de edad de ochenta y seis años cumplidos, presbítero auxiliar de la iglesia de San Jerónimo de Tolosa desde hace cuarenta y cuatro años justos», agregaba en 1904. Amable y venerable coquetería, en quien durante todo ese transcurso acompañó al cementerio a todos los muertos tolosanos en su calidad de aumônier.

Este hombre venerable, tan frecuentador de los difuntos, tuvo desde hace más de cuarenta años la idea de calcular, pensando en la «Profecía de los papas», de San Malaquías, la fecha más o menos aproximada del fin del mundo. Lo hizo en un libro en que la señalaba para el año 1953. No me negaréis que el cometa de Halley y compañeros dan una resaltante actualidad a dicho libro.

¿Quién fué este inquietante profeta San Malaquías? Estoy muy seguro de que la mayoría de los lectores de La Nación no tienen ninguna noticia de él ni de sus vaticinios. Fué un irlandés de Armagh, que nació en 1094, y tuvo gran fama por su intimidad con San Bernardo, su vida ejemplar y los prodigios que realizó. Clemente III le canonizó medio siglo después de su muerte, acaecida en la abadía de Clairbaux, a los cincuenta y cuatro años, el 2 de Noviembre de 1148. Advertid lo curioso y fatal de esa fecha de difuntos.

Puesto que ya sabéis quién fué el profeta, bien está que conozcáis la profecía. Ésta consta de 112 lemas latinos, que caracterizan alegóricamente a los 112 papas, desde Celestino II hasta Pedro II, que será el último Pontífice de Roma. ¿Cómo calcula el abate de Noé? He aquí su principal argumento. Siendo el papado inmortal, y concluyendo éste con Pedro II, es, pues, innegable que con el último papa la Humanidad acabará. Establecido este punto, dice un crítico suyo:

«El autor, conociendo el número de los papas que deben reinar hasta el fin de los tiempos, busca la media de la duración del pontificado de cada uno de los jefes de la Iglesia, y esta media, multiplicada por el número de todos los pontífices romanos indicados en la historia eclesiástica, y la profecía maláquica le da el número 1953, que, según él, es la fecha aproximativa del fin del mundo.»

El abate examina e interpreta los lemas, y resultando que coinciden con los papas del pasado, supone, no sin razón, que las divisas de los pocos papas venideros justificarán sus cómputos, 1953 y 1910... confesemos que si el Halley nos barre, la equivocación es ínfima en un asunto que trata de la eternidad.

Adviértase que el libro de que nos ocupamos no ha entrado en el Index, y no solamente esto, ha recibido la aprobación de León XIII, según tengo entendido, y la del actual pontífice.

Por su extraño interés voy a transcribir los lemas y extractar las explicaciones del presbítero de Tolosa. En la explicación de las divisas dice el abate: «Dos cifras preceden el nombre de cada papa: la una indica el nombre ordinal de cada pontífice y la otra el año de su muerte».

1—1144.—Celestino II.—«Ex castro Tiberis»—De un castillo del Tíber.

Celestino II nació, en efecto, en Cittá di Castello, sobre el Tíber, en Toscana. Su apellido particular era Dicastell.

La primera divisa se encuentra, pues, admirablemente justificada.

2—1145.—Lucio II.—«Inimicus expulsus»—El enemigo expulsado.

Era de la familia Caccianemici, que significa lo mismo que el lema. Además, dice por pasiva el abate: Los romanos, fanatizados por el famoso Heraldo de Brecia, le trataron como «enemigo» y le expulsaron de la ciudad y aun del mundo, puesto que le mataron de una pedrada.

3—1150.—Eugenio III.—«Ex magnetudine Montis»—De la grandeza del monte.

Este papa nació en el castillo de Graumont, en italiano monte magno.

4—1154.—Anastasio IV.—«Allax Suburraux»—Abad de la suburra.

Este papa se llamaba de apellido Subuni, y además nació en la calle de la Suburra y fué abad de San Rufo en Avignon.

5—1159.—Adriano IV.—«De cune albo»—Del campo blanco, o del campo de alba.

Este papa, único papa inglés, profesó en Saint-Albani, y llevaba el hábito «blanco» como canónigo de San Rufo. Eugenio III le creó cardenal y obispo de Albano o de Alba.

6—1164.—Víctor IV.—Antipapa.—«Ex tetro carcere»—De negra prisión.

Elegido por dos cardenales díscolos, arrojó al verdadero papa, Alejandro III, en una «negra prisión». Este allí volvióse loco furioso, todavía más negra prisión que la otra.

7—1168.—Pascual III.—Antipapa.—«Vía transtiberina»—Vía del otro lado del Tíber.

Fué cardenal de San Calixto en Transvere, o sea, al otro lado del Tíber.

8—1178.—Calixto III.—Antipapa.—«De pannonia Tuscia»—De pannonio, o sobre pannonio toscano.

Henos aquí—escribe el abad—en presencia de un espléndido giro elíptico. La Biblia y el Apocalipsis no tienen inspiraciones más sublimes. He aquí el sacerdocio triunfando del imperio, la Iglesia de la tiranía, el «toscano» Alejandro III, papa legítimo, del pagnoniano Calixto III, antipapa, sostenido por el César pagnoniano Barba Roja. Todo eso es divino, termina...

9—1181.—Alejandro III.—«Ex ancere custode» De la gansa custodio.

Alusión poética y grandiosa a los gansos venerados del Capitolio Alejandro III, «ancer» apostólico y vigilante, salvó a la Iglesia de tres antipapas imperiales.

10—1185.—Lucio III.—«Lux in ostlo»—La luz en la puerta.

Este papa se llamaba Lucius, nació en Lucca, y fué cardenal, obispo de Ostia.

11—1187.—Urbano III.—«Sus incribro»—El cerdo en la criba.

Se llamaba Cribelli. Cribelus es diminutivo de «cribama», criba. Tenía en su blasón un cerdo.

12—1187.—Gregorio VIII.—«Ensis Laurientie» La espada de San Lorenzo.

Este papa fué cardenal de San Lorenzo «in encina», y portaba en su escudo dos espadas.

13—1196.—Clemente III.—«Ex schola exiet»—Saldrá de la escuela.

En efecto, era de la familia Escholari, y nació en una casa de la plaza de las Escuelas, del Escuole.

14—1198.—Celestino III.—«De rure bovensi»—Del campo de los bueyes.

Su nombre era Jacinto. Como el jacinto es el adorno de los «campos», el buey es la riqueza de ellos.

15—1216.—Inocencio III.—«Comes signatus»—El conde sellado.

Este papa se llamaba Conti de Segni.

16—1227.—Honorio III.—«Canonicus ex latere»—Canónigo del lado. De simple canónigo que era, Clemente III le llamó a su lado como camarero íntimo, «ad latere». Le hizo intendente de los dineros de la Iglesia.

17—1241.—Gregorio IX.—«Avis ostiensis»—El ave de hostia.

Tenía en sus armas un ave, un águila, y fué cardenal, obispo de Ostia.

18—1241.—Celestino IV.—«Leo Sabinus»—El león sabino.

Tenía un león en su escudo. Fué cardenal de la Sabina.

19—1254.—Inocencio IV.—«Comes Laurentius» El conde Lorenzo.

Este pontífice era conde y fué cardenal de San Lorenzo «inten sucina».

20—1261.—Alejandro IV.—«Signus hostiense»—El signo de hostia.

Era de los condes de «Segni» y cardenal de Ostia.

21—1264.—Urbano IV.—«Jerusalem campaniae» Jerusalén de Champaña. Era francés, de Champagne, y patriarca de Jerusalén.

22—1268.—Clemente IV.—«Dracco de presus».

Tenía en su escudo un águila dominando a un dragón.

23—1276.—Gregorio X.—«Anguineas VIX»—El hombre de la serpiente.

Era de los Visconti, de Milán, que portan una serpiente en su escudo.

24—1276.—Inocencio V.—«Concionator Gallur»—El predicador francés.

Fué fraile predicador, y aunque no nacido en Francia, arzobispo de Lyón, doctor de París, profesor y provincial de la provincia de Francia.

25—1276.—Adriano V.—«Bonux comes»—Buen conde.

Se llamaba «Ottrobone», y era de los «condes» de la banne.

26—1277.—Juan XXI.—«Piscator Tuscus»—El pescador toscano.

Se llamaba Juan Pedro, como el pescador de Besaida, y fué enterrado en Toscana.

27—1280.—Nicolás III.—«Rosa composita»—La Rosa compuesta.

Tenía una rosa en su escudo y le pusieron por apodo Compositor.

28—1285.—Martín IV.—«Ex telonio liliacel Martini»—De la banca de Martín de los lirios.

Tenía lirios en su escudo y había sido tesorero de San Martín de Tours.

29—1287.—Honorio IV.—«Ex rosa leonino»—De la rosa del león.

Tenía en su escudo un león que llevaba una rosa.

30—1292.—Nicolás IV.—«Picus inter exas»—El pico verde entre alimentos.

Era de Ascoli en el Picenun. Ascoli en latín se dice Asisculum o Esculum. La palabra «escula» es diminutivo de «exa».

31—1294.—Celestino V.—«Ex eremo celsus»—Sacado de la ermita.

Se le sacó, en efecto, de su ermita para elevarlo al pontificado. Además, celsus es casi sinónimo de Facelestis.

32—1303.—Bonifacio VIII.—«Ex undarum benedictione»—De la bendición de las ondas.

Tenían sus armas fasces onduladas. Se llamaba Benedictus.

33—1304.—San Benito XI.—«Concionator Patareus»—El predicador de Pátaro.—Era fraile predicador y se llamaba Nicolás como el santo obispo de Pátaro.

34—1314.—Clemente V.—«De fascios Aquitanicis»—De las fases de Aquitania.

Era de Aquitania. Su escudo tenía tres fases o bandas de gules en campo de oro.

Hay respecto a este papa otras explicaciones que omito por no alargar demasiado este artículo.

35—1334.—Juan XII.—«De tutore osseo»—Del zapatero de Ossa.

Se llamaba Deuse o Dosa, y era hijo de un zapatero.

36—1330.—Nicolás V.—Antipapa.—«Corous Schismatigus»—El cuervo cismático.

Fué Pedro de Corberia.

37—1342.—Benito XII.—«Frigidos abbas».—Fué abad de Fontfroideo. Fuente fría, en la diócesis de Narbona.

38—1352.—Clemente VI.—«Ex rosa Atrebatensi»—De la rosa de Arras.

Tenía rosas en sus armas y fué obispo de Arras.

39—1362.—Inocente VI.—«De montibus Pammachü»—De las montañas de Palmaco.

Tenía montañas en su escudo y fué cardenal obispo de Ostia.

40—1370.—Urbano V.—«Gallus Vicecomes»—Francés Visconti.

Fué francés y subió al papado, siendo nuncio cerca de los Visconti milaneces.

41—1378.—Gregorio IX.—«Novus de virgene fortis»—Fuerte por una nueva virgen.

Fué nuevo por establecer el papado en Roma, impulsado por una virgen fuerte, Santa Catalina de Sena.

42—1394.—Clemente VII.—«De cruce apostolica»—De la cruz apostólica.

La cruz de Saboya en sus armas y cardenal de los doce apóstoles.

43—1424.—Benito XIII.—Antipapa.—«Luna los medina»—Laluna en cosmedium.

Fué Pedro de Luna, cardenal de Santa María en Cosmedin.

44—1429.—Clemente VIII.—«Schisma Barcinonicum»—El cisma de Barcelona.—Era canónigo de Barcelona, y elegido durante el cisma de Barcelona.

45—1389.—Urbano VI.—«De inserun Prignani» Del infierno de Prignani.

Se llamaba Prignani, nació en una aldea que se llamaba El Infierno.

46—1404.—Bonifacio IX.—«Cubus de mistione»—El cubo de mezcla.

Tenía cubos en su escudo. Luego con cubos de piedra y cemento edificó el castillo de Sant-Angelo.

47—1406.—Inocencio VII.—«Demeliore Sedene»—De astro mejor.

Tenía un astro en su escudo. Se llamaba Meliorate.

48—1409.—Gregorio XII.—«Nauta de Pontenigro»—El Navegante de Negro Ponte.

Fué obispo de Negro Ponte.

49—1410.—Alejandro V.—«Flagellum solis»—El azote del sol.

El sol en el escudo y fué arzobispo de Milán, en donde San Ambrosio está representado con un azote en la mano.

50—1415.—Juan XXIII.—«Cervus Cyrenis»—El ciervo de la Sirena.

Nació en Nápoles, cuyas armas tienen una sirena. Cardenal de San Eustaquio, el del ciervo milagroso.

51—1431.—Martín V.—«Columna veli aurei»—La columna del velo de oro.

Su apellido, Colonna. Columna en sus armas, cardenal de San Jorge, del velo de oro.

52—1439.—Eugenio IV.—«Lupa coelestina»—La loba celestina.

Se llamaba Celestino y tenía una loba en su escudo.

53—1452.—Félix V.—«Amator cruni»—Amador de la cruz. Tenía la cruz de Saboya en sus armas, y se llamaba Amado.

54—1455.—Nicolás V.—«De modicitate lunae»—De la bajeza de la luna.

Era de la diócesis de Luna y de baja extracción.

55—1458.—Calixto III.—«Bos pacens»—El buey que pace.

Era de la familia de los Borgia, que portan un buey pastando en su escudo.

56—1464.—Pío II.—«De capra et alberga»—De la cabra y de la posada.

Fué secretario de los cardenales Capránico y Albergati.

57—1471.—Pablo II.—«De cervo et leone»—Del ciervo y del león.

Fué obispo de Cervo y cardenal de San Marcos.

58—1584.—Sixto IV.—«Piscator minorita»—El pescador cordelero.

Era hijo de un pescador cordelero y nacido en Celles, ciudad poblada de pescadores.

59—1492.—Inocente VIII.—«Proecusor Siciloe»—El procursor de la Sicilia.

Se llamaba «Juan Bautista». Gozaba de la estimación de los reyes de Sicilia, Alfonso y Fernando.

60—1503.—Alejandro VI.—«Bos Albanus, in portu»—El buey de Alba en la puerta.

Tenía un buey en sus armas. Fué sucesivamente cardenal de Alba y de Porto.

61—1513.—Pío III.—«De parvo homine»—El hombrecito.

Se llamaba Picolomini, que en italiano quiere decir el hombrecito. Y su pontificado duró solamente veintiséis días.

62—1513.—Julio II.—«Fructus jovis jubavit»—El fruto de Júpiter ayudará.

Tenía en sus armas una encina, árbol consagrado a Júpiter.

63—1521.—León X.—«De craticula politiana»—De la parrilla de Policiano.

Era hijo de Lorenzo de Médicis, y la parrilla, en latín «craticula» es el emblema de San Lorenzo.

64—1523.—Adriano VI.—«Leo Florentius»—El león de Florencio.

Se llamaba Florencio y tenía un león en su escudo.

65—1534.—Clemente VII.—«Floes Piloe aut piluloe»—La flor del mortero, o de la píldora.

Era de la casa Médicis, en cuyas armas hay seis roles o píldoras, de las cuales una tiene lises.

66—1546.—Pablo III.—«Hyacinthus medico»—El jacinto al médico.

Era de la familia Farnesio, que porta en su escudo seis jacintos.

67—1555.—Julio III.—«De corona montaña»—De la corona del monte.

Se llamaba Del Monte y tenía en su escudo dos coronas de laurel.

68—1555.—Marcelo II.—«Frumentum floccidum»—El trigo pasajero.

Tenía en su escudo dos espigas de trigo, y su Pontificado duró solamente veintiún días.

69—1559.—Pablo IV.—«De fide Petri»—De la fe de Pedro.

Se llamaba Pedro Carafe, esto es, fe cara.

70—1565.—Pío IV.—«Aesculapil pharmacum»—El médico de Esculapio.

Llamábase Medichine y estudió medicina en Bolonia.

71—1572.—San Pío V.—«Angelus memorosus»—El ángel de los bosques.

Se llamaba Miguel y nació en Boschi, que significa «bosques» en italiano.

72—1585.—Gregorio XIII.—«Medium corpus pilarum»—La mitad del cuerpo de las píldoras.

Portaba en su escudo medio cuerpo de dragón. El papa Pío IV, que le hizo cardenal, llevaba en el suyo seis soles.

73—1590.—Sixto V.—«Axis inmedietati signi»—El axa en medio del signo.

Había en su escudo un león, que es uno de los signos del zodíaco, y sobre él el axa del mundo.

74—1590.—Urbano VII.—«De rore coeli»—Del rocío del cielo.

Fué arzobispo de Rossano, donde se coge el maná. Tuvo trece días de pontificado. Pasó, pues, como el rocío del cielo.

75—1591.—Gregorio XIV.—«De antiquitate urbis»—De la antigüedad de la ciudad.

Nació en Orrieto, cuyo nombre latino es «Ures vetus», ciudad antigua.

76—1591.—Inocencio IX.—«Pia civilitas in bello»—La ciudad piadosa en la guerra.

Era de Bolonia, ciudad en cuyo escudo se lee «Bononia docta» carácter de sapiencia que conservó a través de sus guerras. Sobre todo, fué horror a guerra lo que la hizo entregarse a la Santa Sede.

77—1605.—Clemente VIII.—«Crux Romulea»—La cruz romana.

Tenía en su escudo una cruz semejante a la cruz «romulea» o papal.

78—1606.—León XI.—«Undous vir»—El hombre como las ondas.

En pleno vigor, a los veintisiete días de su pontificado, un enfriamiento le causó la muerte. Su reinado pasó como una onda.

79—1621.—Pablo V.—«Gleus perversa»—La raza perversa.

Bajo el pontificado, en el Japón, instigado por los protestantes de Inglaterra y Holanda, estalló la persecución general.

80—1623.—Gregorio XV.—«Intribulatione pacis»—En la tribulación de la paz.

El amor de la paz causó la tribulación de su reino.

81—1644.—Urbano VIII.—«Lilium et rosa»—El lirio y la rosa.

Tenía en sus armas abejas que libaban en esas dos flores.

82—1655.—Inocente X.—«Incundito crucis»—El regocijo de la cruz.

Fué elegido el día de la Exaltación de la Santa Cruz.

83—1667.—Alejandro VII.—«Montium custos»—El guardián de las montañas.

En sus armas hay una montaña de seis lados, sobre la cual una estrella brilla y la ampara.

84—1669.—Clemente IX.—«Sidus olorum»—El astro de los cisnes.

En el conclave, la suerte le dió el cuarto de los cisnes. Además, era poeta.

85—1676.—Clemente X.—«De flumine magno»—Del gran río.

Nació en momentos en que el Tíber, desbordado, inundó a Roma e hizo flotar su cuna, pues su casa estaba situada en las orillas del gran río.

86—1689.—Clemente XI.—«Bellum insatiabilis»—La bestia insaciable.

Tenía en sus armas un león aleopardado y un águila.

87—1691.—Alejandro VIII.—«Poenitentia gloriosa».

Se llamaba Pedro, nombre de un gran arrepentido. Fué elegido el día de San Bruno, ángel de la Penitencia, al cual dedicó monedas con esas palabras: «Penitentia gloriosa».

88—1700.—Inocente XII.—«Rastrum in porta»—Rastrillo en la puerta.

Pertenecía a la Casa de Pignatelli, del Rastello, a las puertas de Nápoles.

89—1721.—Clemente XI.—«Flores circundati»—Las flores circundadas o circundantes.

Urbino, su patria, tenía por armas una corona de flores.

90—1724.—Inocente XIII.—«De bona religione»—De buena religión.

Pertenecía a la familia de los Conti, de la cual han salido diez de los mejores papas.

91—1730.—Benito XIII.—«Milex in bello»—Soldado en la guerra.

En su pontificado comienza la primera de las tres grandes guerras que ensangrentaron Alemania y Europa.

92—1740.—Clemente XII.—«Columna excelsa»—Columna elevada.

La capilla que él levantó en San Juan de Letrán, para ser allí enterrado, contiene dos columnas de pórfido, sacadas del pórtico del Pantheon.

93—1758.—Benito XIV.—«Animale rurale»—El animal rural.

La interpretación del abad se reduce aquí a aplicar a su manera a este pontífice la célebre frase de Alberto el Grande sobre Santo Tomás de Aquino.

94—1769.—Clemente XIII.—«Rosa umbría»—La rosa de la umbría.

Bajo su pontificado tuvo gran esplendor la Orden franciscana, y se sabe bien que a San Francisco se le llama la «rosa de la umbría».

95—1774.—Clemente XIV.—«Visus velox»—La vista penetrante, o bien, «ursus velox», pronto, veloz.

Aquí el abad Noé hace una digresión, refiriéndose a la explicación de los jesuítas, disueltos por este papa, dan al lema de San Malaquías, prohijando el acuerdo del pontífice tomado a la ligera...

96—1799.—Pío VI.—«Peregrinus apostolicus»—Peregrino apostólico.

Hizo a Viena un viaje por ver al emperador apostólico José II.

97—1823.—Pío VII—«Aguila rapax»—Águila rapaz.

Bien sabido es cómo el emperador Napoleón, que puso el águila en sus banderas, arrancó de Roma al papa para llevarle a Sabona y a Fontainebleau.

98—1829.—León XII.—«Canis et coluber»—Perro y serpiente.

Tenía en sus armas estos animales.

99—1840.—Pío VIII.—«Vir religiosus»—El hombre religioso.

Pertenecía a la Casa de Gastiglione, famosa por sus virtudes, y es, al decir del abate de Noé, a quien más conviene el dictado entre los papas.

100—1840.—Gregorio XVI.—«De balneis Etrurioe»—De los baños de Etruria.

Era etrusco o toscano y llevaba el escudo de Etrurión. Fué superior de los camandulenses, en cuya casa principal se llamaba Bolneaum, a causa de unos baños cercanos.

101—1878.—Pío IX.—«Crux de Cruce»—La cruz de la cruz, o el crucificado de la cruz.

Refiérese aquí el abate a las pérdidas del poder temporal, bajo Víctor Manuel, en cuyo escudo está la cruz de Saboya.

102—León XIII.—«Lumen in celo»—Luz en el cielo.

En las armas de este pontífice, sobre fondo azul de cielo hay un arco iris y un cometa.

103—Pío X.—«Ignis ardens»—Fuego ardiente.

El abate hace observar que en el blasón de este Papa hay una estrella de cinco puntas, de plata, y en la fecha en que escribía estos últimos comentos le auguraba al venerable pontífice veneciano, que no miraría la cosa con mucha satisfacción, muy corta vida. Estas son sus palabras: «Ignis ardens». El fuego ardiente, después de haber vivido poco, pero santamente, morirá de la muerte de los justos, según la profecía del santo Abad Berdín, muerto en 1279.

Faltan las emblemas de los nueve papas futuros y del fin del mundo de la profecía de San Malaquías. Pero de esto me ocuparé en otro artículo, pues este va ya largo, a pesar de que he únicamente extractado lo fundamental de las interpretaciones.

II

Para los nueve papas futuros diré que nuestro buen abate colabora con San Malaquías, puesto que al interpretar los lemas entra en el terreno de lo profético.

1.°—«Religion depopulata»—La religión despoblada.

Juzga el abate Eugenio de la Tour de Noé, que bajo este pontífice la catolicidad entera, en paz y en riquezas por el comercio y la industria, se olvidará de Dios, y creerá que todo es obra de ella. Basado en Santa Hildegarda y en Holzhauser, cree segura otra invasión de bárbaros lejanos; de otro modo, en el peligro amarillo. Los asiáticos vendrán y he aquí por qué la religión será despoblada.

2.°—«Fides intrepidos»—La fe intrépida.

Algunos intérpretes—dice—creen que será la persecución a ultranza, y mucha sangre y mártires, como en los primeros tiempos del cristianismo. Pero el príncipe del Aguilón, gran rey francés, conquistará Turquía, y más feliz que Bonaparte, imperará en Oriente y en Occidente.

Se realizaría la unión de las iglesias, y muchísimos paganos se convertirían. Para todo esto se apoya en la vidente Santa Hildegarda.

3.°—«Pastor angelicus»—El pastor angélico.

He aquí el Pontífice, que será por cierto, conforme a Cristo. Será humilde, practicará a las gentes, andará descalzo, y a quien el ya nombrado príncipe del Aguilón secundará.

4.°—«Pastor et naufa»—Pastor y piloto.

Cuando el papa anterior muere, se ha apaciguado la tierra. Hay un cristianismo universal. A este príncipe, pastor y piloto, le toca pilotear la barca de Pedro sobre aguas absolutamente tranquilas. Será preciso—dice el abate—que el pastor sea un famoso piloto para gobernar bien el arca Santa de la Iglesia en los días horribles del combate decisivo que el «hombre de pecado se apresta a presentarle sobre este gran mar del mundo, cuyo imperio ambiciona».

5.°—«Flor florum»—La flor de las flores.

En este tiempo, la humanidad convertida volverá a Dios y la virtud llenará el mundo como un aroma intenso. Jerusalén, cumpliendo la profecía de Orval, resurgirá con su templo reedificado, y el pueblo de Israel se ofrecerá al Señor como en un ramo oloroso de almas.

6.°—«De mediate lunae»—De la mitad de la luna.

Este lema terrible hace ya alusión al cercano final del mundo, pues en el tiempo del pontífice, a que corresponde, la luna comenzará a mostrar a la tierra la mitad de su disco, el Anticristo aparecerá en el mundo. Los turcos se convertirán, y tal vez será turco el mismo papa, según algunos intérpretes, aunque el abate Noé protesta contra tal hipótesis. Cuando el Anticristo comience a triunfar, este pontífice lanzará una encíclica señalando las dos sangres impuras de sus venas, que son la mahometana y la judía. De aquí lo de la media luna.

7.°—«De laboris solis»—El trabajo del sol.

Esto anuncia, según el abad, la descomposición planetaria, los fenómenos raros que producirá el «trabajo del sol», de un astro que se oscurece.

8.°—«Gloria olivae»—La gloria de la oliva.

En esto ve nuestro presbítero como la extremaunción del mundo, que está para morir. Bajo el reinado del papa, cuyo emblema es la humanidad, estará humillada después de un gran combate entre los malos y San Miguel Arcángel. Desde hace algún tiempo, los pontífices reinan, no ya en Roma, sino en Jerusalén, y este papa fallecerá orando, como Jesucristo en el jardín de los olivos.

9.°—«Petrus romanus»—Pedro de Roma o romano.

Este es el último papa de la profecía de San Malaquías. Pedro Romano pastoreará su rebaño entre las más terribles tribulaciones. Entre los argumentos de que se vale el abate para afirmar con San Malaquías que Pedro Romano será el último pontífice, hay uno modernísimo, y es el de que en Roma, en la iglesia de San Pablo, fuera de los muros, en donde se encuentran todos los retratos en mosaico de los papas, desde San Pedro hasta León XIII, hay diez medallones vacíos. He aquí el final de la famosa profecía: «In persecutione extremâ sacrae Romanae Ecclesiae sodevit Petrus Romanus; qui pascet oves in multis tribulationibus; quibus transactis, olvitas septicolis disuctur, et judex tremendus judicabit populum.

«Postea, finis».

En la última persecución de la Santa Iglesia Romana habrá un Pedro Romano elevado al pontificado, que apacentará su rebaño entre grandes tribulaciones; pasados esos tiempos arduos, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez tremendo juzgará al pueblo.

«Después el fin».

III

La profecía ha tenido algunos adversarios, entre ellos el abate de Vallmonnt y el padre Ménestrier. Al primero le recusa nuestro comentarista como protegido de Voltaire, y al segundo, como plagiario. Se han hecho de la profecía de San Malaquías negaciones que el abad refuta con argumentos, cuya exposición haría interminables estos artículos.

Además de San Malaquías, ha habido numerosos profetas que vaticinaron el fin del mundo. Por ejemplo, San César de Arlés, obispo, muerto el año 542, el cual anunció que de los restos de la Iglesia perseguida un papa hará, con ejemplo de sus virtudes, la reconstrucción de la cristiandad, ayudado por un rey de Francia, dechado de religiosidad. Después de él, los crímenes del hombre serán tan grandes que Dios decidirá el fin del mundo. Este papa, según el abad Noé, será el cuarto de los futuros, el «Pastor angelicus», y el rey piadoso, colaborador suyo, el príncipe del «Aguilón», de que hablamos antes.

Otro profetizador de la terminación del mundo fué Pierre d'Aylly, nacido el año 1350, doctor de la Sorbona, cardenal y legado del papa. Este sabio, teólogo y astrólogo, dijo que las conjunciones de Saturno y Júpiter resultarían grandes perturbaciones astrales, seguidas de revoluciones políticas por el año 1789. Después de él, afirmaba, el Anticristo no tardaría en llegar.

Está la célebre profecía de Orval, atribuída a muchos, entre ellos a Philippe Dieudonné, monje. Sabido es que ella fué también arreglada a propósito por mademoiselle Lenormand para adular a Bonaparte. En su versículo 47 dice: «Et voila déjà six fois trois lunes et quatre fois cinq lunes que tout se sépare; et la siècle de fin commencé.»

Haciendo el cómputo de todas las lunas, según lo ha hecho el abate Noé, resulta que el siglo del fin es el nuestro, el siglo XX. Hay que advertir que las tres profecías anteriormente citadas están de acuerdo respecto a un próximo fin del mundo, y un sabio americano, autor de La creación y sus misterios descubiertos, obra publicada en París en 1858, M. Snider, apoya aquellas conclusiones con argumentos científicos.

Por otra parte, son muchas las tradiciones que señalan la terminación del mundo para los seis mil años después de la formación de Adán. Entre los judíos existía ya la idea, y el doctor de la ley, Elías, muerto trescientos cincuenta años antes de Jesucristo, hizo alusión a ello.

Sabido es que la leyenda católica está de acuerdo en esto con la tradición israelita, y muchos padres de la Iglesia se han ocupado del asunto. El vidente Holzhauser señala el 1911 como la fecha fatal. Otros, en cambio, no se acercan tanto como él a nuestros días, en sus predicciones. Así, fray Bucelín, que llega hasta 6004. Sor de la Natividad, clarisa bretona, dice a la letra: «El siglo 2000 no pasará sin que el fin no llegue». El abate D'Arzano señala el año 2000. Por fin, nuestro autor, después de cotejar profecías sucesivas desde Nostradamus hasta profetas yanquis, lo cual es un colmo, ratifica su opinión de que será en 1953.

Además, el Secreto de la Saleta da apoyo al abate Noé. Demás decir que su erudición bíblica le sirve a cada paso sobre el asunto desde Esotras hasta el Apocalipsis. Tiene en su libro un capítulo en que señala el triunfo de la francmasonería como precursor inmediato de la aparición del Anticristo. Habla en otro capítulo de los signos anunciadores del fin del mundo, a que se refiere el Evangelio: hambres, pestes, terremotos y extinción de la fe. No hay duda de que tiene razón al señalar todas esas cosas como sucedidas en nuestro tiempo, sobre todo en lo que se refiere al acabamiento de la fe.

En otro, relaciona con la extinción universal los asuntos de la política francesa.

Trata luego de la significación del Anticristo, y recuerda que San Juan aseguró que habría un gran número de ellos, como en efecto los ha habido, en Nerón, Mahoma, Juliano, Lutero y otros.

El vidente Holzhauser anuncia el nacimiento del Anticristo para el año 1855. Nicolás, en 1859. Por su parte el abate Noé afirma rotundamente que ha nacido en Europa el año 1863, que fué educado militarmente en una conocida escuela. Ignora su residencia, pero sabe que su opresión será corta, aunque terrible. La madre, judía conversa y ex monja, habita Londres, o estaba por lo menos allí en 1904.

Ahora, los que presten fe al excelente abate, puesto que no han sucedido muchas cosas que tienen que suceder, pueden estar perfectamente tranquilos por lo del colazo del Halley.