V.
Efectos del amor.
Este amoroso tormento
Que en mi corazon se ve,
Sé que lo siento, y no sé
La causa por qué lo siento.
Siento una grave agonía
Por lograr un devaneo
Que empieza como deseo
Y pára en melancolía.
Y cuando con mas terneza
Mi infeliz estado lloro,
Sé que estoy triste, é ignoro
La causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano
Por la ocasion á que aspiro,
Y cuando cerca la miro
Yo misma aparto la mano;
Porque si acaso se ofrece,
Despues de tanto desvelo,
La desazona el recelo
O el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto
Consigo tal posesion,
Cualquiera leve ocasion
Me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo bien
Con receloso temor,
Y me obliga el mismo amor
Talvez á mostrar desden.
Cualquier leve ocasion labra
En mi pecho de manera,
Que el que imposibles venciera
Se irrita de una palabra.
Con corta causa ofendida
Suelo, en mitad de mi amor,
Negar un leve favor
A quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada,
Con contrarias penas lucho,
Que por él sufriré mucho,
Y con él sufriré nada.
No sé en qué lógica cabe
El que tal cuestion se pruebe,
Que por él lo grave es leve,
Y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos
Forman mis tristes cuidados
De conceptos engañados
Un monte de sentimientos.
Y en aquel fiero conjunto
Hallo, cuando se derriba,
Que aquella máquina altiva
Solo estribaba en un punto.
Talvez el dolor me engaña,
Y presumo con razon
Que no habrá satisfaccion
Que pueda templar mi saña.
Y cuando á averiguar llego
El agravio porque riño,
Es como espanto de niño
Que pára en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco,
Con la misma pena lucho,
De ver que padezco mucho
Padeciendo por tan poco.
A vengarse se avalanza
Talvez el alma ofendida,
Y despues arrepentida
Toma de mí otra venganza.
Y si al desden satisfago,
Es con tan ambiguo error,
Que yo pienso que es rigor
Y se remata en halago.
Hasta el labio desatento
Suele equívoco talvez,
Por usar de la altivez,
Encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa
Con mas enojo me incito,
Yo le acrimino el delito
Y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el bien,
Porque en mi confuso error,
Ni me asegura el amor,
Ni me despecha el desden.
En mi ciego devaneo,
Bien hallada con mi engaño,
Solicito el desengaño
Y no encontrarlo deseo.
Si alguno mis quejas oye,
Mas á decirlas me obliga
Porque me las contradiga,
Que no porque las apoye.
Porque si con la pasion
Algo contra mi amor digo,
Es mi mayor enemigo
Quien me concede razon.
Y si acaso en mi provecho
Hallo la razon propicia,
Me embaraza la justicia,
Y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido,
Porque entre alivio y dolor,
Hallo culpa en el amor
Y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena dura
Es algo del dolor fiero,
Y mucho mas no refiero
Porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo
En este confuso error,
Aquel que tuviere amor
Entenderá lo que digo.
VI.
Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos.
Mis quejas pretendo dar
En estilo tosco y llano,
Que el hablar muy cortesano
No es término de cobrar.
Y es bien que el ardid deshaga
De quien con tanta malicia
Me concede la justicia
Para negarme la paga.
Pues con intencion doblada,
Solo por hacerme mal,
Con tan notorio caudal
Me dice no tiene nada.
Que la mitad me ha entregado,
Dice con malicia y arte,
Que no tengo ni aun la parte,
Pues no me dan el traslado:
Y á tanta malicia llega,
Malicia tan conocida,
Que me niega la partida
Y la venida me niega.
¡Oh cuánta justicia fuera
Si se viera á buena luz,
Si ántes le daba la cruz,
Que ahora se la pusiera!
Mas porque de mí no infiera
Que á negar tambien me atrevo,
Ahí va el romance que debo,
Y dóilo, aunque no debiera.
Que es fácil de discurrir,
Cuando lo llegue á entregar,
Pues, no me queda qué dar,
Que me queda qué pedir.
VII.
Escusándose de un silencio.
Pedirte, señora, quiero
De mi silencio perdon,
Si lo que ha sido atencion
Le hace parecer grosero.
Y no me podrás culpar
Si hasta aquí mi proceder,
Por ocuparse en querer,
Se ha olvidado de esplicar;
Que en mi amorosa pasion
No fué descuido ni mengua
Quitar el uso á la lengua
Por dárselo al corazon.
Ni de explicarme dejaba,
Que como la pasion mia
Acá en el alma te via,
Acá en el alma te hablaba;
Y en esta idea notable
Dichosamente vivia,
Porque en mi mano tenia
El fingirte favorable.
Con traza tan peregrina
Vivió mi esperanza vana,
Pues te pudo hacer humana
Concibiéndote divina.
¡Oh cuán loca llegué á verme
En tus dichosos amores!
Que aun fingidos tus favores
Pudieron enloquecerme.
¡Oh còmo en tu sol hermoso
Mi ardiente afecto encendido,
Por cebarse en lo lucido,
Olvidó lo peligroso!
Perdona si atrevimiento
Fué acercarme á tu ardor puro,
Que no hay sagrado seguro
De culpas de pensamiento.
De esta manera engañaba
La loca esperanza mia,
Y dentro de mí tenia
Todo el bien que deseaba.
Mas ya tu precepto grave
Rompe mi silencio mudo;
Que él solamente ser pudo
De mi respeto la llave.
Y aunque el amar tu belleza
Sea delito sin disculpa,
Castígueseme la culpa
Primero que la tibieza.
No quieras pues rigurosa,
Que estando ya declarada,
Sea devéras desdichada
Quien fué de burlas dichosa.
Si culpas mi desacato,
Culpa tambien tu licencia,
Que si es mala mi obediencia,
No fué justo tu mandato.
Y si es culpable mi intento,
Será mi afecto precito,
Porque es amarte un delito
De que nunca me arrepiento.
Esto en mis afectos hallo,
Y más que esplicar no sé;
Mas tú de lo que callé
Inferirás lo que callo.
VIII.
Del retrato de una bella.
(FRAGMENTOS.)
Accion, Lisi, fué acertada
El permitir retratarte,
Pues ¿quién pudiera mirarte
Si no es estando pintada?
Como de Febo el reflejo
Es tu hermoso rosicler,
Que para poderlo ver
Lo miran en un espejo.
...........
Pues la fuerza superior
Que se emplea en un rendido,
Es disculpa del vencido
Y afrenta del vencedor.
No es la malla ni el escudo
Señal de valor subido,
Porque un pecho bien vestido
Muestra un corazon desnudo;
Y del muy armado infiero
Que con recelo y temor
Se desnuda del valor
Cuando se viste de acero;
Así era hacer injusticia
A tu decoro y grandeza,
Si triunfara tu belleza
Donde basta tu noticia.
Amor hecho tierno Apéles,
En tan divina pintura,
Para pintar tu hermosura
Hizo las flechas pinceles.
...........
Y no fué de Amor locura
Cuando te intentó copiar,
Pues quererte eternizar
No fué agraviar tu hermosura.
...........
Pues es rigor, si se advierte,
Que en tu copia singular
Estes capaz de matar
E incapaz de condolerte.
...........
¡Oh tú, bella copia dura
Que ostentas tanta crueldad!
Concédete á la piedad,
O niégate á la hermosura.
¿Cómo, divino imposible,
Siempre te muestras airada,
Para dar muerte, animada,
Para dar vida, insensible?
¿Porqué, hermosa pesadumbre
De una humilde voluntad,
Ni dejas la libertad,
Ni aceptas la servidumbre?
Pues porque en mi pena entiendas
Que no es amarte servicio,
Violentas el sacrificio
Y no agradeces la ofrenda.
Desprecia siquiera, dado
Que aun eso tendré por gloria,
Porque el desden ya es memoria,
Y el desprecio ya es cuidado.
Mas ¿cómo piedad espero,
Si descubro en tus rigores
Que con un velo de flores
Cubres un alma de acero?
De Lisi imitas las raras
Facciones, y en el desden
¿Quién pensara que tambien
Su condicion imitaras?
¡Oh Lisi! de tu belleza
Contempla la copia dura,
Mucho mas que en la hermosura
Parecida en la dureza!
...........
IX.
En la profesion de una religiosa.
Hoy una niña, que abrasa
Un amoroso volcan,
Sin mirar el qué dirán,
Por el vicario se casa.
Su recato comedido
Paró en empeño amoroso,
Porque dice que su esposo
Entre puertas la ha cogido.
Hoy logra su fino intento,
Que ha sido tan deseado,
Pues un año há que le ha dado
Palabra de casamiento.
No digo yo que esta es cosa
Con que su virtud se impida,
Que ántes pasará una vida
Como de una religiosa;
Porque es el con quien se casa
Da condicion tan precisa,
Que ni aun para que oiga misa
La deja salir de casa.
Pero causa novedad,
Aunque es tan santo el intento,
Ver que pare en casamiento
Su voto de castidad.
De su esposo los primores
Su corazon abrasaron,
Y por mas que la encerraron,
Se nos casa por amores.
X.
Sobre ti Santísimo Sacramento.
En el Sacramento ve
A Dios mi fe sin antojos,
Porque no hacen fe los ojos,
Pero se hace ojos la fe.
En esta divina ofrenda
Fué del amor mas victoria
Dar la prenda de la gloria
Con la gloria de la prenda.
Del alma es solo alimento,
Y así guia mi fervor
El sustento del amor,
Y no el amor del sustento.
Aquí crece la aficion,
Y es, si en posesion la veo,
La posesion del deseo
Deseo de posesion.
Pues tal delito á dar viene
Que por mas que la posea,
Quien tiene lo que desea
Desea aquello que tiene.
Llegad, pues en su favor
Todos los bienes se ven;
Que el amor del Sumo Bien
Es sumo bien del amor.
Llegó el hombre á la grandeza
Que no alcanza el serafin,
Y en la fineza del fin
Vido el fin de la fineza.
ORACION
DEL PAPA URBANO VIII, TRADUCIDA DEL LATIN.
Ante tus ojos benditos
Las culpas manifestamos,
Y las heridas mostramos
Que hicieron nuestros delitos.
Si el mal que hemos cometido
Viene á ser considerado,
Menor es lo tolerado,
Mayor es lo merecido.
La conciencia nos condena
No hallando en ella disculpa,
Que respecto de la culpa
Es muy liviana la pena.
Del pecado el duro azar
Sentimos que padecemos,
Y nunca enmendar queremos
La costumbre del pecar.
Cuando en tus azotes suda
Sangre la naturaleza,
Se rinde nuestra flaqueza
Y la maldad no se muda.
Cuando el pecado amancilla
Con fiera herida la mente,
Padece el alma doliente
Y la cerviz no se humilla.
La vida, suelta la rienda
En su acostumbrado error,
Suspira con el dolor
Y en el obrar no se enmienda.
Pues entre los dos estremos,
En cualquiera peligramos:
Si esperas, no la enmendamos;
Si te vengas, nos perdemos.
De la afliccion el quebranto
Nos obliga á contricion,
Y en pasando la afliccion
Se olvida tambien el llanto.
Cuando tu castigo empieza,
Promete el temor humano;
Y en suspendiendo la mano,
No se cumple la promesa.
Cuando nos hieres, clamamos
Que el perdon nos des que puedes;
Y así que nos lo concedes,
Otra vez te provocamos.
Tienes á la humana gente
Convicta en su confesion,
Que si no la das perdon,
La acabarás justamente.
Concede el humilde ruego
Sin mérito á quien criaste,
Tú que de nada formaste
A quien te rogara luego.
GLOSAS.
I.
Luego que te ví te amé,
Porque amarte y ver tu cielo,
Bien pudieran ser dos cosas,
Pero ninguna primero.
De mi vida la conquista
Tuvo término en quererte,
Y porque jamas resista,
Celia, hasta llegar á verte
Solamente tuve vista;
Pero aunque luego te amé,
Como para que te amara
Necesario el verte fué,
Porque vista no faltara,
Luego que te ví te amé.
Pero viendo mi ardimiento,
Señora, tu tiranía
Quiso con rigor sangriento
Castigar como asadía
Lo que en mí fué rendimiento.
Ofendióte mi desvelo,
Mas no porque mi destino
Incitado de mi anhelo
Ofenderte quiso, sino
Por amarte y ver tu cielo.
Y el no querer estimar
Fué por no dar á entender
Que yo te pude obligar,
Como si el agradecer
Fuera lo mismo que amar;
Que el mostrarse las hermosas.
En ocasion oportuna
Ya obligadas, ya amorosas,
Aunque casi siempre es una,
Bien pudieran ser dos cosas.
Mas con razon estás dura,
Pues para tenerme atado
En mi amorosa locura,
Era superfluo tu agrado,
Sobrándome tu hermosura;
Y así justamente espero
En tu servicio finezas,
Pues que tiene el mundo infiero
Despues de ti mil bellezas,
Pero ninguna primero.
II.
Si de mis mayores gustos
Mis disgustos han nacido,
Gustos al cielo le pido,
Aunque me cuesten disgustos.
¡Oh qué mal, Fabio, resiste
Mi amor mi suerte penosa!
Pues la estrella que me asiste,
De una causa muy gustosa
Produce un efecto triste:
Porque los pesados sustos
Que padezco desiguales
En mis pesares injustos,
No nacieron de mis males,
Sí de mis mayores gustos.
Y de manera me ordena
Los sucesos mi desdicha,
Que, segun los encadena,
Lo futuro de una dicha
Es posesion de una pena.
Todo lo debo á Cupido;
Pues de un favor que me dá,
Que es siempre de prometido,
Aun no está engendrado, y ya
Mis disgustos han nacido.
Y aun han hecho efectos tales
De mi estrella los desdenes
Con efectos desiguales,
Que aborrezco ya los bienes
Como á causas de mis males.
Y así no llora el sentido
El ver que carezco aquí
De las dichas que he tenido,
Porque solo para tí
Gustos al cielo le pido.
Pues te quiero de manera
Y el bien amí me limito,
Que al cielo le agradeciera,
Si el gusto que à mí me quito
A tí, Fabio, te le diera.
Estimo tanto tus gustos,
Que sin mirar mi pesar,
O sean justos, ò injustos,
Tus gustos he de comprar
Aunque me cuesten disgustos.
QUINTILLAS.
A San Pedro.
Cual sumulista pretendo
Iros, Pedro, replicando;
Y pues vos, á lo que entiendo,
Hicisteis juicio negando,
Yo haré discurso infiriendo.
¿Quién os trajo á tanto mal,
Que al mismo que ántes altivo
Con ánimo sin igual
Confesasteis por Dios vivo,
Negais por hombre mortal?
Dejadme, pues, que me asombre
Que al Hijo del hombre allí
Le deis de Dios el renombre,
Y al Hijo de Dios aquí
Le negueis conocer hombre.
Mirad que en otra ocasion,
Como es Dios-hombre compuesto
Por ipostática union,
Para negar el supuesto
No os vale la distincion.
Mal lógico, Pedro, estais,
Pues cuando á Dios conoceis
Y por tal le confesais,
Antes se lo concedeis
Y ahora se lo negais.
Dicen que las señas son
Las que os hacen mas patente,
Y, sin mirar la ilacion,
Dejando el antecedente,
Le negais la conclusion.
Si de una muger la ciencia
Tiene razones precisas,
Mirad, Pedro, que es violencia,
Concedidas las premisas,
Negarle la consecuencia.
¿Quién de vos, Pedro, dijera
Siendo de ciencia un abismo,
Que el argumento temiera,
Pues el Evangelio mismo
Dice qué os hicisteis fuera?
Mejor las razones hila
Vuestro acero, sin misterio,
Pues cuando su corte afila
Contra Malco, arguye en ferio
Y en cœlarem con la ancilla.
Vuestros brios arrogantes
Negaron con juramento
El que le servísteis ántes;
Pues, Pedro, no hay argumento
Contra principia negantes.
Mas ya veo que advertido,
Viendo el caso sin remedio,
Llorais como arrepentido;
Que es el arte de hallar medio
De no quedar concluido.
SONETOS.
I.
Satisfaccion cumplida.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
Como en tu rostro y tus acciones via
Que con palabras no te convencia,
Que el corazon me vieses deseaba;
Y amor, que mis intentos ayudaba,
Venció lo que imposible parecía,
Pues entre el llanto que el dolor vertia
El corazon deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste;
No te atormenten mas celos tiranos,
Ni vil sospecha tu quietud contraste
Con sombras necias, son indicios vanos,
Pues ya en líquido humor viste y tocaste
Mi corazon deshecho entre tus manos.
II.
En el dia de dias de un hermano de la poetisa.
¡Oh quien, amado Anfriso, te ciñera
Del mundo las coronas poderosas!
Que á coronar tus prendas generosas
El círculo del orbe corto fuera.
¡Quién para eternizarte hacer supiera
Mágicas confecciones poderosas,
O tuviera las yerbas milagrosas
Que feliz gustó Glauco en la ribera!
Mas aunque no halla medio mi cuidado
Para que goces de inmortal la palma,
Otro mas propio mi cariño ha hallado
Que el curso de tu vida tenga en calma:
Pues juzgo que es el mas proporcionado
De alargarte la vida, darte mi alma.
III.
Con el dolor de la mortal herida
De un agravio de amor me lamentaba,
Y por ver si la muerte se llegaba
Procuraba que fuese mas crecida.
Toda en el mal el alma divertida
Pena por pena su dolor sumaba,
Y en cada circunstancia ponderaba
Que sobraban mil muertes á una vida.
Y cuando al golpe de uno y otro tiro
Pendido el corazon daba penoso
Señas de dar el último suspiro,
No sé con qué destino prodigioso
Volví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido mas dichoso?
IV.
¡Detente, sombra de mi bien esquivo!
¡Imágen del hechizo que mas quiero!
¡Bella ilusion por quien alegre muero!
¡Dulce ficcion por quien penosa vivo!
Si al iman de tus gracias atractivo
Sirve mi pecho de obediente acero,
¿Para qué me enamoras lisongero,
Si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho
De que triunfa de mí tu tirania;
Que aunque dejas burlado el lazo estrecho
Que tu forma fantástica ceñia,
Poco importa burlar brazos y pecho
Si te labra prision mi fantasía.