V.
El error de una disculpa.
Tenazmente porfiado
Intentas, Silvio, y molesto,
Porque erraste lo compuesto,
Componer lo que has errado.
Yerro cometes doblado,
Pues cuando mil tretas usas
Con que confesar rehusas
Y en que no hay culpa te cierras,
Por escusar lo que yerras,
Yerras todo lo que escusas.
VI.
A una dama que temia el aojo.
Amarílis celestial,
No el aojo te amedrente,
Que tus ojos solamente
Tienen poder de hacer mal:
Pues si es alguna señal
La con que dañan airados
O matan envenenados
Cuando indignados están,
Los tuyos solo serán,
Que son los mas señalados.
VII.
Retrato de una belleza.
Tersa frente, oro el cabello,
Cejas arcos, zafir ojos,
Bruñida tez, labios rojos,
Nariz recta, ebúrneo cuello,
Talle airoso, cuerpo bello,
Cándidas manos en que
El cetro de amor se ve,
Tiene Fili; en oro engasta
Pié tan breve, que no gasta
Ni un pié.
VIII.
La razon contra el amor.
Dime, vencedor rapaz,
Vencido de mi constancia,
¿Qué ha sacado tu arrogancia
De alterar mi firme paz?
Que aunque de vencer capaz
Es la punta de tu arpon
El mas duro corazon,
¿Qué importa el tiro violento,
Si á pesar del vencimiento
Queda viva la razon?
Tienes grande señorío,
Pero tu jurisdiccion
Domina la inclinacion,
Mas no pasa al albedrío;
Así librarme confio
De tu loco atrevimiento,
Pues aunque rendida siento
Y presa la libertad,
Se rinde la voluntad,
Pero no el consentimiento.
En dos partes dividida
Tengo el alma en confusion,
Una esclava á la pasion,
Y otra á la razon medida.
Guerra civil encendida
Aflige el pecho importuna;
Quiere vencer cada üna,
Y entre fortunas tan varias
Morirán ambas contrarias,
Mas no vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te via
No merecí de ti palma,
Y hoy que estás dentro del alma
Es resistir valentía;
Córrase, pues, tu porfía
De los triunfos que te gano,
Pues cuando ocupas tirano
El alma sin resistillo,
Tienes vencido el castillo,
E invencible al castellano.
Invicta razon alienta
Armas contra tu vil saña,
Y el pecho es corta campaña
A batalla tan sangrienta.
Y así, Amor, en vano intenta
Tu loco esfuerzo ofenderme,
Pues podré decir al verme
Espirar sin entregarme,
Que conseguiste matarme,
Mas no pudiste vencerme.
IX.
Enviando su imágen á una persona.
A tus manos me traslada
La que mi original es,
Que aunque copiada la ves,
No la verás retractada:
En mí toda trasformada
Te da de su amor la palma;
Y no te admire la calma
Y el silencio que hay en mí,
Pues mi original por tí
Pienso que está mas sin alma.
De mi venida envidiosa
Queda, en mi fortuna viendo
Que ella es infeliz sintiendo
Y yo sin sentir dichosa.
En señal mas venturosa
Estrella mas oportuna
Me asiste, sin duda alguna,
Pues que de un pincel nacida
Tuve sér con ménos vida,
Pero con mejor fortuna.
Mas si por caso trocada
Mi suerte, tú me ofendieres,
Por no ver que no me quieres
Quiero estar inanimada:
Que eso de ser desamada
Será lance tan violento,
Que la fuerza del tormento
Llegue aun pintada á sentir;
Que el dolor sabe infundir
Almas para el sentimiento.
Y si te es faltarme aquí
El alma cosa importuna,
Me puedes infundir una
De tantas como hay en tí:
Que como el alma te dí
Y tuyo mi ser se nombra,
Aunque mirarme te asombra
En tan insensible calma,
De este cuerpo eres el alma,
Y eres cuerpo de esta sombra.
X.
Escusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse.
Licencia para apartaros
Pedis, y podeis creer
Que solo eso pudo ser
En mí difícil el daros:
Y así estimad que rogaros
Que lo dilateis no quiera;
Aunque si se considera,
Poco teneis que estimar,
Pues á poderla negar
Presumo que no os la diera.
Es que aunque en darla ejecuto
De posesion algun viso,
Donde es conceder preciso
Falta dominio absoluto.
Apariencias de tributo
Son las que llegais á dar,
Y así me puedo quejar
De vuestra fe cautelosa,
Pues me dais dominio en cosa
En que no puedo mandar.
Pero con no darla yo
Quedaré mejor aquí;
Porque hay casos en que el sí
Es mas esquivo que el no:
Ya vuestra atencion cumplió
Con pedirla; y yo, industriosa,
Quedo, con no darla, airosa;
Pues para que hagais ausencia,
Es negaros la licencia
Esquivez muy cariñosa.
Con paliada tiranía
Usurpárosme intentais,
Y como cortés buscais
Cómplice en la venia mia
No lo hagais vana porfía;
Pues en aquesta ocasion
Negaros la peticion
De partida tan penosa,
Sobre avaricia forzosa,
Es cortés desatencion.
Sin dar parte yo quisiera
Que dispusiérais el ir,
Que en vos no es culpa el partir,
Y en mí el permitir lo fuera;
Y querer que interviniera
Yo en cosa á vos necesaria,
Es querer que haga, contraria
A lo que el discurso avisa,
La que es pena en vos precisa,
En mí culpa voluntaria.
Partid, en fin, confiado
En mi voluntad constante
De que aunque esteis muy distante,
Nunca estareis apartado;
Que pues con igual agrado
Correspondo al que en vos veo,
Aunque os aparteis, yo creo
Que de veros con el ansia
Abreviará la distancia
La brújula del deseo.
XI.
Pidiendo á la Vireina la libertad para un inglés.
Hoy que á vuestras plantas llego,
Con el debido decoro,
Como á deidad os adoro,
Y como á deidad os ruego:
No direis que el culto os niego
Pretendiendo el beneficio
De vuestro amparo propicio;
Pues á la deidad mayor
Le es invocar su favor
El mas grato sacrificio.
Samuel á vuestra piedad
Recurre por varios modos,
Pues donde la pierden todos
Quiere hallar la libertad:
Su esclavitud rescatad,
Señora, que los motivos
Son justos y compasivos
De tan adversa fortuna,
Y haced libres vez alguna
De tantas que haceis cautivos.
Dos cosas pretende aquí
Contraria mi voluntad:
Para el inglés libertad
Y esclavitud para mí;
Pues aunque indigna nací
De que este nombre me deis,
En vano resistireis
De mi esclavitud la muestra,
Que yo tengo de ser vuestra,
Aunque vos no me acepteis.
Contraria es la peticion
De uno y otro, si se apura,
Que él la libertad procura,
Y yo busco la prision;
Pero vuestra discrecion,
A quien nunca duda impide,
Podrá, si los fines mide,
Hacernos dichosos hoy,
Con admitir lo que os doy
Y conceder lo que él pide.
REDONDILLAS.
I.
A los hombres.
Hombres necios, que acusais
A la mujer, sin razon,
Sin ver que sois la ocasion
De lo mismo que culpais;
Si con ansia sin igual
Solicitais su desden,
¿Porqué quereis que obren bien
Si las incitais al mal?
Combatis su resistencia,
Y luego con gravedad
Decis que fué liviandad
Lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
De vuestro parecer loco
Al niño que pone el coco,
Y luego le tiene miedo.
Quereis con presuncion necia
Hallar á la que buscais
Para pretendida, Thais,
Y en la posesion, Lucrecia.
¿Qué humor puede haber mas raro
Que el que falto de consejo,
El mismo empañe el espejo
Y sienta que no esté claro?
Con el favor y el desden
Teneis condicion igual,
Quejandoos si os tratan mal,
Burlandoos si os quieren bien.
Opinion ninguna gana,
Pues la que mas se recata,
Si no os admite, es ingrata,
Y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andais,
Que con desigual nivel
A una culpais por cruel,
Y á otra por fácil culpais.
Pues ¿cómo ha de estar templada
La que vuestro amor pretende,
Si la que es ingrata ofende,
Y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
Que vuestro gusto refiere,
Bien haya la que no os quiere,
Y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
A sus libertades alas,
Y despues de hacerlas malas
Las quereis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
En una pasion errada,
La que cae de rogada,
O el que ruega de caido?
O ¿cuál es mas de culpar,
Aunque cualquiera mal haga,
La que peca por la paga,
O el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantais
De la culpa que teneis?
Queredlas cual las haceis,
O hacedlas cual las buscais.
Dejad de solicitar,
Y despues con mas razon
Acusareis la aficion
De la que os fuere á rogar.
Bien con muchas armas fundo
Que lidia vuestra arrogancia,
Pues en promesa é instancia
Juntais diablo, carne y mundo.
II.
Gratitud.
Señora, si la belleza
Que en vos llego á contemplar
Es bastante á conquistar
La mas inculta dureza,
¿Por qué haceis que el sacrificio
Que debo á vuestra luz pura,
Debiéndose á la hermosura,
Se atribuya al beneficio?
Cuando es bien que glorias cante
De ser vos quien me ha rendido,
¿Quereis que lo agradecido
Se equivoque con lo amante?
Vuestro favor me condena
A otra especie de desdicha,
Pues me quitais con la dicha
El mérito de la pena;
Si no es que dais á entender
Que favor tan singular,
Aunque se puede lograr,
No se puede merecer.
Con razon, pues, la hermosura,
Aun llegada á poseerse,
Si llegara á merecerse
Dejara de ser ventura;
Que estar un digno cuidado
Con razon correspondido,
Es premio de lo servido
Y no dicha de lo amado;
Pues dicha se ha de llamar
Solo la que, á mi entender,
Ni se puede merecer,
Ni se pretende alcanzar.
Y aqueste favor excede
Tanto á todos, al lograrse,
Que no solo no pagarse,
Mas ni agradecer se puede;
Pues desde el dichoso dia
Que vuestra belleza ví,
Tan del todo me rendí
Que no me quedó accion mia.
Con lo cual, señora, muestro,
Y á decir mi amor se atreve,
Que nadie pagaros debe
Que vos honreis lo que es vuestro.
Bien sé que es atrevimiento,
Pero el amor es testigo,
Que no sé lo que me digo
Por saber lo que me siento.
Y en fin, perdonad por Dios,
Señora, que os hable así,
Que si yo estuviera en mí
No estuvierais en mí vos.
Solo quiero suplicaros
Que de mí recibais hoy,
No solo el alma que os doy,
Mas las que quisiera daros.
III.
Un justo medio.
Dos dudas en qué escoger
Tengo, y no sé cual prefiera,
Pues vos sentis que no quiera,
Y yo sintiera querer.
Con que si á cualquiera lado
Quiero inclinarme, es forzoso,
Quedando el uno gustoso,
Quede el otro disgustado.
Si daros gusto me ordena
La obligacion, es injusto
Que, por daros á vos gusto,
Haya yo de tener pena.
Y no juzgo que habrá quien
Apruebe sentencia tal,
Como que me trate mal
Por trataros á vos bien.
Mas por otra parte siento
Que es tambien mucho rigor
Que lo que os debo en amor
Pague en aborrecimiento.
Y aun irracional parece
Este rigor, pues se infiere,
Si aborrezco á quien me quiere,
¿Qué haré con quien me aborrece?
No sé cómo despacharos,
Pues hallo al determinarme
Que amaros es disgustarme,
Y no amaros, disgustaros.
Pero dar un medio justo
En estas dudas pretendo:
Pues no queriendo, os ofendo,
Y queriendoos, me disgusto,
Esta sea la sentencia
Porque no os podais quejar:
Que entre aborrecer y amar
Se parta la diferencia;
De modo que entre el rigor
Y el llegar á querer bien,
Ni vos encontreis desden,
Ni yo pueda hallar amor.
Esto el discurso aconseja,
Pues con esta conveniencia,
Ni yo quedo con violencia,
Ni vos os partis con queja.
Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco,
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.
Solo este medio es bastante
A ajustamos, si os contenta,
Que vos me logreis atenta
Sin que yo pase á lo amante.
Y así quedo, á mi entender,
Esta vez bien con los dos,
Con agradecer con vos,
Conmigo con no querer.
Que aunque á nadie llega á darse
En esto gusto cumplido,
Ver que es igual el partido
Servirá de resignarse.
IV.
Respuesta á un caballero que dijo se ponía hermosa la mujer con solo amar.
Silvio, tu opinion va errada,
Que en lo comun, si se apura,
No admiten por hermosura
Hermosura enamorada.
Pues si hacen de la estrañeza
El atractivo mas grato,
Es el agrio de lo ingrato
La sazon de la belleza;
Porque gozando exenciones
De perfeccion mas que humana,
La acredita soberana
Lo libre de las pasiones.
Que no se conserva bien
Ni tiene seguridad
La rosa de la beldad
Sin la espina del desden.
Mas, si el amor hace hermosas,
Pudiera escusar ufana,
Con merecer la manzana,
La contienda de las diosas.
Belleza llego á tener
De mano tan generosa,
Pues dices que seré hermosa
Solamente con querer;
Y así en la lid contenciosa
Fuera siempre la triunfante;
Que, pues nadie tan amante,
Luego nadie tan hermosa.
Mas si de amor el primor
La belleza me asegura,
Te deberé la hermosura,
Pues me causas el amor.
Del amor tuyo confío
La beldad que me atribuyo,
Porque siendo obsequio tuyo
Resulta en obsequio mio;
Pero todo satisfago
Con ofrecerte de nuevo
La hermosura que te debo
Y el amor con que te pago.