V.

Divino dueño mio,
Si al tiempo de apartarme
Tiene mi amante pecho
Alientos de quejarse,
Oye mis penas, mira mis males.
Aliéntese el dolor,
Si puede lamentarse,
Y á punto de perderte
Mi corazon exhale
Llanto á la tierra, quejas al aire.
Apénas de tus ojos
Quise al sol elevarme,
Cuando mi precipicio
Da en sentidas señales
Venganza al fuego, nombre á los mares.[H]
Apénas tus favores
Quisieron coronarme,
Dichosa mas que todos,
Felice como nadie,
Cuando los gustos fueron pesares.
Sin duda el ser dichosa
Es la culpa mas grave,
Pues mi fortuna adversa
Dispone que la pague
Con que á mis ojos tus luces falten.
¡Ay, dura ley de ausencia!
Quién podrá derogarte,
Si á donde yo no quiero
Me llevas, sin llevarme,
Con alma, muerta, vivo cadáver.
Será de tus favores
Solo el corazon cárcel,
Por ser aun el silencio,
Si quiero que los guarde,
Custodio indigno, sigilo frágil.
Y puesto que me ausento,
Por el último vale
Te prometo rendida
Mi amor y fe constante,
Siempre quererte, nunca olvidarte.

VI.

Prolija memoria,
Permíteme quiera
Que por un instante
Sosieguen mis penas.

Afloja el cordel,
Que, segun aprietas,
Temo me revientes
Si das otra vuelta.

Mira que si acabas
Con mi vida, cesa
De tus tiranías
La triste materia.

No piedad te pido
En aquestas treguas
Sino que otra especie
De tormento sea.

Ni de mí presumas
Que soy tan grosera,
Que la vida solo
Para vivir quiera.

Bien sabes tú, como
Quien está tan cerca,
Que solo la estimo
Por sentir con ella,

Y porque perdida,
Perder era fuerza
Un amor que pide
Duracion eterna.

Por esto te pido
Que tengas clemencia:
No porque yo viva,
Sí porque él no muera.

¿No bastan cuán vivas
Se me representan
De mi ausente cielo
Las divinas prendas?

¿No basta acordarme
Sus caricias tiernas,
Sus dulces palabras,
Sus nobles finezas?

Y ¿no basta que
Industriosa crezcas
Con pasadas glorias
Mis presentes penas,

Sino que (¡ay de mí!
Mi bien, quién pudiera
No hacerte este agravio
De temer mi ofensa!)

Sino que villana
Persuadirme intentas
Que mi agravio es
Posible que sea?

Y para formarlo
Con necia agudeza,
Con cuerdas palabras
Acciones contestas.

Sus proposiciones
Me las interpretas,
Y lo que en paz digo
Me sirve de guerra.

¿Para qué examinas
Si habrá quien merezca
De sus bellos ojos
Atenciones tiernas?

¿Si de otra hermosura
Acaso le llevan
Méritos mas altos,
Mas dulces ternezas?

¿Si de obligaciones
La carga molesta
Le obliga en mi agravio
A pagar la deuda?

¿Para qué ventilas
La cuestion superflua
De si es la mudanza
Hija de la ausencia?

Ya yo sé que es frágil
La naturaleza,
Y que su constancia
Solo es no tenerla;

Sé que la mudanza
Por puntos en ella
Es, de su ser propio,
Caduca dolencia.

Pero tambien sé
Que ha habido firmeza,
Que ha habido escepciones
De la comun regla.

Pues ¿por qué la suya,
Quieres tú que sea,
Siendo ambas posibles,
De aquella y no de esta?

Mas ¡ay! que ya escucho,
Que das por respuesta,
Que son mas seguras
Las cosas adversas.

Con estos temores
En confusa guerra,
Entre muerte y vida
Me tienes suspensa.

Ven á algún partido
De una vez, y acepta
Permitir que viva
O dejar que muera.

VII.

(FRAGMENTOS.)

Sabrás, querido Fabio,
Si ignoras que te quiero,
Que ignorar lo dichoso
Es muy de lo discreto;

Que apénas fuiste blanco
En que el rapaz archero
Del tiro indefectible
Logró el mejor acierto,

Cuando en mi pecho amante
Brotaron al incendio
De recíprocas llamas
Conformes ardimientos.

¿No has visto, Fabio mio,
Cuando el señor de Délos
Hiere con armas de oro
La luna de un espejo,

Que haciendo en el cristal
Reflejo el rayo bello,
Hiere repercusivo
El mas cercano objeto?

Pues así del amor
Las flechas, que en mi pecho
Tu resistente nieve
Les diò mayor esfuerzo,

Vueltas á mí las puntas,
Dispuso amor soberbio,
Solo con un impulso
Dos alcanzar trofeos.
Díganlo las ruinas
De mi valor deshecho,
...........
Las cercenadas voces
Que en balbucientes ecos,
Si el amor las impele,
Las retiene el respeto;

Las niñas de mis ojos
Que con mirar travieso
Sinceramente parlan
Del alma los secretos;

El turbado semblante
Y el impedido aliento,
En cuya muda calma
Da voces el afecto;

Aquel decirte mas
Cuando me esplico ménos,
Queriendo en negaciones
Espresar los conceptos;

Y en fin, dígaslo tú
Que de mis pensamientos,
Lince sutíl, penetras
Los mas ocultos senos.
...........

VIII.

(FRAGMENTOS.)

Si acaso, Fabio mio,
Despues de penas tantas
Quedan para las quejas
Alientos en el alma;
Si acaso en las cenizas
De mi muerta esperanza
Se libró por pequeña
Alguna débil rama,
En donde entretenerse
Con fuerza limitada,
El rato que me escuchas,
Pueda la vital aura,
Oye en tristes endechas
Las tiernas consonancias
Qué al moribundo cisne
Sirven de exequias blandas.
...........
Dame el postrer abrazo
Cuyas tiernas lazadas,
Siendo union de los cuerpos,
Ydentifican almas.
Oiga tus dulces ecos,
Y en cadencias turbadas
No permita el ahogo
Enteras las palabras.
De tu rostro en el mio
Haz amorosa estampa
Y mis mejillas frías
De ardiente llanto baña.
...........
Recibe de mis labios
El que en mortales ansias
El exánime pecho
Ultimo aliento exhala;
Y el espíritu ardiente
...........
Recibe, y de tu pecho
En la dulce morada
Padron eterno sea
De mi fineza rara.
Y á Dios, Fabio querido,
Que ya el aliento falta,
Y de vivir se aleja
La que de tí se aparta.

ODAS, LIRAS Y LETRILLAS.

I.

En la profesion de una religiosa.

Celebrad, criaturas,
Las dichas que logro,
Aunque á mis venturas
Todo viene corto.
Sabed que mis bienes
Llegan á tal colmo,
Que aun á la esperanza
Exceden mis gozos.
Del Señor un ángel
Me asiste animoso,
Y con nimio celo
Guarda mi decoro.
Soy esclava humilde
Del Señor que adoro,
Y por eso ostento
Serviles despojos.
Con su santo sello
Señaló mi rostro,
Para que no admita
Mas que su amor solo.
Del que ángeles sirven
Esposa me nombro,
A quien sol y luna
Admiran hermoso.
Desprecia por Cristo
Mi pecho amoroso
El reino del mundo
Con su fausto todo.
Ahora que sigo
Con paso amoroso
Al que ha deseado
Mi corazon todo,
¡Ay! no me confundas,
Señor, con tu enojo,
Sino obra conmigo
Cual siempre piadoso!
Dióme en fe su anillo
De su desposorio,
Y de ricas joyas
Compuso mi adorno.
Vistióme con ropas
Tejidas con oro,
Y con su corona
Me honró como esposo.
Lo que he deseado
Ya lo ven mis ojos,
Y lo que esperaba
Ya felice gozo.

II.

A la Asuncion.

A la que triunfante
Bella emperatriz
Huella de los aires
La region feliz;
A la que ilumina
Su vago confin
De arreboles de oro,
Nácar y carmin;
A cuyo pié hermoso
Espera servir
El trono estrellado
En campo turquí;
A la que confiesan
Cien mil veces mil
Por Señora el ángel,
Reina el serafin;
Cuyo pelo airoso
Desprende sutíl
En garzotas de oro
Bandera de Ofir;
De quién aprendió
El sol á lucir,
La estrella á brillar,
La aurora á reir,
Cantemos la gloria
Diciendo al subir:
Pues vivió sin mancha,
¡Que viva sin fin!

III.

Al mismo asunto.

De tu ligera planta
El curso, Fénix rara,
Pára, pára;
Mira que se adelanta
En tan ligero ensayo
A la nave, á la cierva, al ave, al rayo.
¿Por qué surcas ligera
El viento trasparente?
Tente, tente;
Consuélanos siquiera,
No nos lleves contigo
El consuelo, el amparo, el bien y abrigo.
Todos los elementos
Lamentan tu partida;
Mida, mida
Tu piedad sus lamentos:
Oye el humilde ruego
A la tierra, á la mar, al aire, al fuego.
Las criaturas sensibles
Y las que vida ignoran,
Lloran, lloran
Con llantos indecibles,
Invocando tu nombre
El peñasco, la planta, el bruto, el hombre.
A llantos repetidos
Entre los troncos secos,
Ecos, ecos
Dan á nuestros gemidos
Por llorosa respuesta
El monte, el llano, el bosque, la floresta.
Si las lumbres atenta
Hácia el suelo volvieras,
Vieras, vieras
Cuán triste se lamenta
Con ansia lastimosa
El pájaro, el reptil, el pez, la rosa.
Mas con ardor divino
Ya rompiendo las nubes
Subes, subes,
Y en solio cristalino
Besan tus plantas bellas
El cielo, el sol, la luna, las estrellas.
Ya espíritus dichosos
Que el Olimpo componen
Ponen, ponen
A tus pies, generosos,
Con ardientes deseos
Coronas, cetros, palmas y trofeos.
No olvides, pues, gloriosa,
Al que triste suspira;
Mira, mira
Que ofreciste piadosa
Ser de clemencia armada
Ausilio, amparo, madre y abogada.

IV.

A San Pedro.

¡Oh Pastor que has perdido
Al que tu pecho adora!
Llora, llora,
Y deja dolorido
En lágrimas deshecho
El rostro, el corazon, el alma, el pecho.

Si el arrepentimiento
Tu corazon oprime,
Gime, gime;
Lastime tu lamento
Y doloroso anhelo
A la tierra, á la mar, al aire, al cielo.

Si de suerte mejoras,
Las lágrimas te valgan:
Salgan, salgan
Todas las que atesoras;
Aneguen tus pesares
Los rios, los arroyos, fuentes, mares,

Y pues tu pena rara
Lágrimas solo borran,
Corran, corran,
Y dejen en tu cara
Y en todas tus facciones
Señales, rayas, surcos, impresiones.

Y si á dar tiernas voces
El duro mal te excita,
Grita, grita,
Y tus penas atroces
Oigan, y tus querellas,
Los luceros, el sol, luna y estrellas.

El curso ya empezado
Tus lágrimas no acaben:
Laven, laven
La mancha del pecado,
Hasta que estés glorioso
Limpio, resplandeciente, puro, hermoso.