Una acusación calumniosa
¡“Todo fruto sazonado de esas escuelas laicas” dice el prelado refiriéndose a los crímenes y a la corrupción de costumbres que antes menciona! Una acusación de tal naturaleza debe probarse por quien acusa. Lo más grave del caso es que esas afirmaciones se lanzan para recomendar después a los curas párrocos que las hagan penetrar en la cabeza de los padres de familia. Los fieles deben aceptar como verdaderas las afirmaciones que salen de boca de sus sacerdotes, de suerte que tales propagandas fomentan en el más alto grado el sentimiento contra un gobierno acusado de fomentar la criminalidad en sus escuelas. No aconseja el prelado la violencia; pero, en los tiempos que corren, la violencia resulta naturalmente de una preparación adecuada de la conciencia popular, y cuando el pueblo supone que su propio gobierno es el causante, el educador nada menos de los ladrones, los asesinos, los corrompidos, es verdaderamente un pueblo muerto aquél que no trate de barrer por cualquier medio al gobierno, máxime si es extranjero, que de tal suerte corrompe a los ciudadanos.