Colosal transformación

Puede, desde luego, decirse, sin temor a errar, que tales acusaciones son de todo punto falsas, y que si hay en Filipinas algo que merece el aplauso de toda conciencia honrada, algo que impone no sólo la gratitud sino la admiración del pueblo filipino, es la organización de la enseñanza pública implantada por el pueblo americano. No hay un filipino capaz de razonar que no vea y comprenda la colosal transformación que todo nuestro pueblo ha experimentado en virtud de esa educación laica. No sólo el gobierno ha organizado un sistema de educación eficiente, sino que lo ha extendido por todo el Archipiélago de una manera tan general que algunas naciones de Europa que citan continuamente los fastos de su pasada historia, querrían muy bien para ellas; no solamente los filipinos encontramos en las escuelas laicas los elementos necesarios para nuestra instrucción y nuestra educación de manera que podemos ser individuos útiles a nosotros mismos y cooperar en la administración de los asuntos públicos, sino que las escuelas y colegios privados del antiguo régimen han mejorado, se han transformado, se han puesto a la altura que debían, siguiendo la norma dada por el gobierno; negar esto es declararse ciego.