III.
Hechos que realizaron en Sicilia los atenienses y sus aliados, y sus contrarios, durante este tiempo.
Mientras que las cosas pasaban en Pilos de la manera que hemos contado, en Sicilia los siracusanos y sus aliados rehicieron su armada con barcos nuevos, y con los que los mesenios les habían enviado, y guerreaban desde Mesena contra los de Regio a instigación de los locros, que por la enemistad con los de Regio habían ya entrado en sus términos con todas sus fuerzas por tierra, y parecioles a los siracusanos que sería bueno probar fortuna por mar y pelear en ella, porque los atenienses no tenían entonces gran número de naves en Sicilia, aunque era de creer que cuando supiesen que los siracusanos rehacían su armada para sujetar toda la isla, les enviarían más naves de socorro. Parecíales que si lograban la victoria por mar fácilmente, como esperaban, podrían tomar la ciudad de Regio antes que el socorro de los atenienses llegase. Teniéndola por suya y estando situada sobre un cerro o promontorio a la orilla de la mar en la parte de Italia, y también a Mesena frente a ella, en la isla de Sicilia, podrían fácilmente estorbar que los atenienses pasasen por el estrecho del Faro que separa Italia de Sicilia, el cual es llamado Caribdis, y dicen que Ulises le pasó cuando volvía de Troya. No sin causa es llamado así, porque corre con gran ímpetu entre el mar de Sicilia, y el mar Tirreno.
Los siracusanos se juntaron allí cerca de la noche con su armada y la de sus aliados que formarían treinta naves para dar la batalla a los atenienses que tenían suyas diez y seis y otras ocho de los de Regio, con las cuales pelearon contra ellos de tal manera que ganaron la victoria, y pusieron a los siracusanos en huida salvándose cada cual lo mejor que pudo y acogiéndose a Mesena, sin que hubiese más que un navío de pérdida, porque la noche los separó.
Pasada esta victoria los locros levantaron su campo que tenían delante de Regio, y volvieron a sus tierras. Mas poco después los siracusanos y sus aliados juntaron su armada y fueron a la costa de Peloro, en tierra de Mesena, donde tenían su infantería y donde también llegaron los atenienses y los de Regio, y viendo las naves de los siracusanos vacías las acometieron, mas habiendo embestido con una y echados sus harpones de hierro la perdieron, aunque la gente que estaba dentro se salvó a nado. Cuando los siracusanos que habían entrado en ella la llevaban hacia Mesena, los atenienses volvieron a acometerles para recobrar la nave, pero al fin fueron rechazados y perdieron otra nave. De esta manera los siracusanos vencidos primero en la segunda batalla, se retiraron con honra al puerto de Mesena sin haber perdido más que los enemigos, y los atenienses se fueron a la marina avisados de que un ciudadano llamado Arquias y sus secuaces querían entregar la ciudad a los siracusanos por traición. Entretanto todos los de Mesena salieron por mar y tierra contra la ciudad de Naxos, colonia calcídea junto a la tierra de los mismos mesenios. Al llegar salieron los de Naxos al encuentro por tierra, pero los rechazaron hasta dentro de las puertas y los mesenios comenzaron a robar y talar las tierras alrededor de la ciudad, y después la sitiaron.
Al día siguiente los que estaban en la mar abordaron a la ribera de Acesines, la robaron y talaron. Sabido este mal por los sicilianos que moraban en las montañas, se reunieron y bajaron a tierra de los mesenios, y de allí fueron a socorrer a los de Naxos, que al verles ir en su ayuda cobraron corazón, y animándose unos a otros, porque eran los leontinos y otros griegos moradores de Sicilia los que les socorrían, volvieron a salir de la ciudad y de repente dieron en los contrarios con gran ímpetu, matando más de mil y los otros se salvaron con gran trabajo, porque los bárbaros y otros naturales de la tierra que salieron a cortarles el paso por los caminos mataron muchos.
Las naves que antes se recogieron a Mesena volvieron cada cual a su tierra, por lo cual los leontinos y sus aliados con los atenienses se esforzaron en poner cerco a Mesena sabiendo de cierto que estaban muy trabajados los de dentro. Fueron, pues, los atenienses por la mar a sitiar el puerto, y los otros por tierra a sitiar los muros, pero los de Mesena con una banda de los locros que había quedado de guarnición al mando de Demóteles salieron contra los de tierra, y los desbarataron matando a muchos. Viendo esto los atenienses de la armada salieron de sus barcos para socorrerles y cargaron contra los mesenios, de suerte que los hicieron entrar en la villa huyendo. Dejaron allí su trofeo puesto en señal de victoria y se volvieron a Regio.
Pasado esto, los griegos que habitan en Sicilia, sin ayuda de los atenienses emprendieron la guerra unos contra otros.