V.
Comunicaciones que recatadamente tienen atenienses y lacedemonios. — Hechos de guerra y tratados que en este verano se hicieron.
Durante este verano los atenienses se apoderaron de la ciudad de Escíone por fuerza, mataron todos los hombres jóvenes, cautivaron a los niños y a las mujeres, y dieron todas las tierras de los escionios a los plateenses, sus aliados, para que las labrasen y se aprovecharan de ellas.
También hicieron regresar a Delos a los ciudadanos que habían sido echados de allí, atendiendo así a los males y daños que habían sufrido por la guerra, como a los oráculos de los dioses que se lo amonestaban.
Los focenses y los locros comenzaron la guerra entre sí, y los corintios y los argivos, que ya estaban aliados y confederados, fueron a la ciudad de Tegea con esperanza de poder apartarla de la alianza de los lacedemonios, y por medio de esta, porque tenía gran término y jurisdicción, atraer a sí a todas las demás del Peloponeso. Mas viendo los corintios que los tegeatas no se querían separar de los lacedemonios por queja alguna que hubiesen tenido antes con ellos, perdieron la esperanza de que ningunos otros quisieran unirse a ellos en amistad, rehusándolo los de Tegea. No por eso dejaron de solicitar a los beocios para que se aliasen y confederasen con ellos y con los argivos, y para que en adelante se rigiesen y gobernasen todos por común acuerdo, porque los beocios habían hecho la tregua de diez días con los atenienses. Después de la conclusión de la paz de cincuenta años arriba dicha, les demandaban que enviasen sus embajadores con ellos a los atenienses para que fuesen comprendidos en la misma tregua, y si no lo querían hacer, los beocios renunciasen del todo esta tregua y en adelante no hiciesen ningún tratado de paz y de tregua sin los corintios.
A esto respondieron los beocios, respecto a la alianza, que ellos entenderían en ella, y en cuanto a lo demás enviaron sus embajadores con los de los corintios a Atenas, y demandaron a los atenienses que comprendieran a los corintios en la tregua de diez días, pero los atenienses respondieron a todos, que si los corintios estaban aliados con los lacedemonios les bastaba aquella alianza para con ellos, y no habían menester otra cosa.
Oída esta respuesta, los corintios procuraron con gran instancia que los beocios renunciasen la tregua de diez días, pero estos no lo quisieron hacer; visto lo cual los atenienses quedaron satisfechos de hacer tregua con los corintios sin alguna otra alianza.
En este verano los lacedemonios, con su ejército al mando de Plistoanacte, su rey, salieron contra los parrasios que viven en tierra de Arcadia y son súbditos de los mantineos. Fueron los lacedemonios llamados a esta empresa por algunos de los ciudadanos parrasios a causa de los bandos y sediciones que había entre ellos, y también iban con intención de derrocar los muros que los mantineos hicieron en la villa de Cipsela, donde habían puesto guarnición, villa asentada en los términos de los parrasios en la región de Escirítide en tierra de Lacedemonia.
Al llegar los lacedemonios a tierra de los parrasios comenzaron a robar y talar, y viendo esto los mantineos dejaron la guarda de su ciudad a los argivos, y con todo su poder acudieron a socorrer a sus súbditos, mas viendo que no podían defender los muros de Cipsela y guardar la ciudad de los parrasios juntamente, determinaron volverse.
Los lacedemonios pusieron a los parrasios, que les llamaron en su ayuda, en libertad, derrocaron aquellos muros, y regresaron a sus casas. Después del regreso, llegó también la gente de guerra que había ido con Brásidas a Tracia, y que Cleáridas trajo por mar cuando quedó ajustada la paz. Declarose por decreto que todos los hilotas y esclavos que se habían hallado en aquella guerra con Brásidas quedasen libres y francos, y pudieran vivir donde quisieran. Al poco tiempo enviaron a todos estos, con algunos otros ciudadanos, a habitar la villa de Lépreo, que está en término de los eleos, en tierra de Lacedemonia, porque ya los lacedemonios tenían guerra con los eleos.
Por otro decreto los lacedemonios desautorizaron y declararon infames a los que cayeron prisioneros de los atenienses en la isla frente a Pilos, por haberse entregado con armas a los enemigos, y entre los que así se rindieron había algunos que ya estaban elegidos para los cargos públicos de la ciudad. Hicieron esto los lacedemonios, porque siendo aquellos reputados y tenidos por infames, no emprendiesen alguna novedad en la república si llegaban a tener algún cargo de autoridad y mando en ella. De esta suerte los declararon inhábiles para adquirir honras y oficios ni tratar ni contratar, aunque poco tiempo después les habilitaron.
En este mismo verano los de Dío tomaron la ciudad de Tiso, en tierra de Atos, confederada con Atenas.
Durante toda esta estación atenienses y peloponesios comerciaron entre sí, aunque siempre se tenían por sospechosos desde el principio del tratado de paz, porque no habían restituido de una parte ni de otra lo que fue acordado en él. Los lacedemonios, que eran los primeros que debían restituir, no habían devuelto a los atenienses la ciudad de Anfípolis ni las otras plazas, ni habían obligado a sus confederados en tierra de Tracia a que aceptasen el tratado de paz, ni tampoco a los beocios y los corintios, aunque decían siempre que si los tales confederados no querían aceptar el tratado de paz, se unirían a los atenienses para forzarles a ello, y para esto habían señalado un día sin poner nada por escrito ni obligación, dentro del cual, los que no hubiesen ratificado y aprobado aquel tratado de paz, fuesen tenidos y reputados por enemigos de los atenienses y de los lacedemonios.
Viendo los atenienses que los lacedemonios no cumplían nada de lo que habían prometido y capitulado, opinaban que no querían mantener la paz, y por esto también dilataban la devolución de Pilos, arrepintiéndose de haber entregado los prisioneros, y reteniendo en su poder las otras villas y plazas que habían de restituir por virtud del contrato, hasta tanto que los lacedemonios hubiesen cumplido su compromiso, los cuales se excusaban diciendo que ya habían hecho lo que podían devolviendo los prisioneros que tenían y mandado salir de Tracia su gente de guerra, pero que la devolución de Anfípolis no estaba en su mano; y en lo demás, que ellos trabajarían por hacer que los beocios y los corintios entrasen en el contrato, y la ciudad de Panacto fuese restituida a los atenienses, como también todos los atenienses que se hallasen prisioneros en Beocia. En cambio pedían a los atenienses que les devolvieran la ciudad de Pilos, o a lo menos si no la querían entregar, que sacasen de ella a los mesenios y los esclavos que tenían dentro, como ellos habían sacado la gente de guerra que estaba en Tracia, y que pusiesen en guarda de la ciudad, si quisiesen, de los suyos propios.
De esta manera pasaron todo aquel verano las cosas en tranquilidad, tratando y comunicando los unos con los otros.