NOTAS.
I. [Pág. 1.] Lope de Stúñiga.
Á cabo de mis dolores.
Hemos dicho ya en la Advertencia preliminar que el ser de este poeta la primera composicion que se encuentra en el códice que ahora damos á luz, es lo que ha dado nombre á éste: en el Cancionero general de Hernando del Castillo, Valencia, 1511, fólio 11, es donde por vez primera vió la luz esta poesía, con una octava mas de las que nosotros publicamos, que está entre la primera y segunda, y dice así:
«Mayores son mis servicios
De quanto son mis querellas,
Y ménos tus beneficios
De quanto merescen ellas.
Ya, pues, ¿qué dirás, sennora,
Contra quien
Eres, cierto, robadora
De su bien?»
Nueve composiciones de Stúñiga contiene el códice, de los cuales publicamos ocho, pues la novena, que ocupa en él, el fólio 61 vuelto, y empieza: Llorad mi triste dolor, es copia exacta de la que se encuentra al fólio 29 vuelto, y pueden verla nuestros lectores en la [pág. 70].
Lope de Stúñiga, Astúñiga ó Çúñiga, pues se escribió de várias maneras este nombre, fué hijo del mariscal Íñigo Ortiz de Stúñiga, tambien poeta, de quien hay composiciones que se han publicado en el Cancionero de Baena, y de doña Juana, hija natural de Cárlos el Temerario, rey de Navarra. De una de las familias más ilustres de España, fué tambien uno de los caballeros más apuestos de Castilla, no ménos por su destreza en las armas que por su ingenio y gracia. Vémosle ya en 1434 ser uno de los mantenedores del Paso honroso que sostiene su primo Suero de Quiñones en el puente de Orbigo, donde Stúñiga rompe lanzas con Juan de Fablas, mosen Frances Davio, Juan de Villalobos, Alfonso Deza, Pedro de Torrecilla, Arnao Bojue y su pariente D. Juan de Portugal. Al año siguiente sale de Madrid en compañía de su amigo de la infancia, Diego de Valera, para tomar parte en el golpe de mano que el Señor de Valdecorneja intentó contra la villa de Huelma; frustrado éste, vuelve Stúñiga á la córte y profesa á poco en el órden de Santiago, en donde llegó á ser Trece y Comendador de Guadalcanal. Partidario acérrimo de los infantes de Aragon con quien le ligaban el afecto á la mayor parte de su familia, que seguia este partido, y el ser el infante D. Enrique Maestre de Santiago, toma parte en las luchas de aquel reinado, siempre contra el Condestable: acompaña á Italia á los Infantes y á su hermano el Rey de Aragon, de quien recibe honra y mercedes, vuelve á Castilla y vuelve á luchar contra don Álvaro de Luna: preso por órden del Rey, ya que no puede con la espada, emplea su pluma esforzándose á sí mesmo estando preso, celebrando en su Dezir á la cerca de Atiença el esfuerzo y valor de sus moradores cuando resisten al Rey y al Condestable. Tuvo lugar á poco tiempo de esto la concordia entre el Rey y el príncipe heredero D. Enrique (1446), por una de cuyas cláusulas se concede completo perdon á su padre, á él y á sus hermanos; pero estos convenios, que sólo eran treguas de corta duracion, no impidieron el que su familia volviese á conspirar contra el Condestable, quien faltándole el apoyo del Rey, acabó del modo trágico que todos saben. Nos inclinamos á creer que no vivia Stúñiga cuando la catástrofe, pues no figura entre los Trece y Comendadores que asistieron á dar posesion del Maestrazgo al infante D. Alonso, en quien D. Juan II habia delegado la Administracion que le confiriera el Papa. La mayor parte de nuestros cancioneros, así los inéditos como los impresos, contienen composiciones de este poeta, algunas muy notables, y que le hacen acreedor, segun la autorizada opinion del señor Amador de los Rios, á que sus obras se coleccionasen y publicáran reunidas.—Crónica de D. Juan el segundo.—Libro del Passo honroso defendido por el excellente caballero Suero de Quiñones.—Chrónica de las tres órdenes y cavallerías de Sanctiago, Calatrava y Alcántara, por el licenciado frey Francisco de Rades y Andrada.
II. [Pág. 9.] Johan de Mena.
Guay de aquel hombre que mira.
Publicóse esta composicion en el Cancionero general, edicion de 1573, y el Sr. Bohl de Faber la insertó tambien en el tomo I de su Floresta de rimas antiguas castellanas. Juan de Mena nació en Córdoba, el año de 1411, de padres honrados, pertenecientes al estado llano. Recibió su primera educacion en esta ciudad, continuando sus estudios en Salamanca, y por último en Roma, desde donde vino á la córte de D. Juan II, precedido ya de la fama de su saber. Distinguido y querido de este Príncipe poeta, le nombró su secretario de cartas latinas y caballero veinte y cuatro de la ciudad de Córdoba. Como poeta fué uno de los más renombrados de su tiempo, dándole sus contemporáneos el dictado de Príncipe de los poetas de Castilla. Murió en Torrelaguna en 1456, en donde su amigo y protector el Marqués de Santillana le erigió suntuoso sepulcro, que ha desaparecido ya. Áun cuando se han publicado muchas ediciones de sus poesías, algunas de ellas con el título de Todas las obras de Juan de Mena, la verdad es que falta una edicion completa, encontrándose todavía algunas composiciones inéditas.—Obras de Juan de Mena. Sevilla, 1499.
III. [Pág. 14.] Johan de Mena.
Ya non sufre mi cuidado.
Cancionero general, 1573, fólio 50.
IV. [Pág. 22.] Bachiller de la Torre.
El triste que más morir.
Aparece en el códice bajo el nombre de Lope de Stúñiga, pero al lado de éste y de distinta letra está escrito el del Bachiller de la Torre, único que hemos dejado, por creerla de éste, y no de Stúñiga. En el Cancionero general de 1573, fólio 50, se publicó atribuyéndola al Bachiller, y de idéntica opinion son los Sres. Gayángos y Vedia en su traduccion de Ticknor, tomo I, pág. 561. Alfonso de la Torre, apellidado por sus contemporáneos el Gran Filósofo, era natural de un pueblo perteneciente al arzobispado de Búrgos; estudió en Salamanca, en donde fué muchos años (desde 1437) colegial del de San Bartolomé: por encargo de D. Juan de Beaumont, ayo del Príncipe de Viana, escribió para la enseñanza de éste la obra titulada Vision deleitable, que alcanzó gran fama en su tiempo, no sólo en Castilla, sino fuera de este reino, habiendo sido traducida al italiano y al catalan. Murió, segun creemos, en 1460.—Ticknor, Historia de la Literatura española, Madrid, 1851.
V. [Pág. 32.] Lope de Stúñiga.
Llorad mis llantos, llorad.
Cancionero general, 1511, fólio 50.
VI. [Pág. 38.] Lope de Stúñiga.
Si mis tristes pensamientos.
Cancionero general, 1511, fólio 50.
VII. [Pág. 42.] Johan Rodriguez del Padron.
Fuego del divino rayo.
Cancionero general, 1511, fólio 17. Su apellido era Rodriguez de la Cámara; pero se le llamó del Padron en muchos Cancioneros por ser éste el lugar de su nacimiento: de ambas maneras está escrito en el codice, y tambien de la Cámera y del Pedron, lo cual es manifiesto error del copiante; nosotros le hemos dejado sólo los dos primeros. Fué criado del arzobispo de Sevilla cardenal de San Pedro, D. Juan de Cervántes, y estando á su servicio escribió un libro con el título de El siervo libre de amor, dedicado á su mayor amigo, Gonzalo de Medina, juez de Mondoñedo. Es una novela de los amores de Ardenlier y Liessa, suceso que supone pasa á orillas del mar, cerca de Padron, cuyas antigüedades y armas describe; ha sido publicada por el Sr. Murguía en su apéndice al Diccionario de Escritores gallegos, que desgraciadamente para nuestra bibliografía está sin concluir. Á sus composiciones en verso, algunas de las que son bellísimas, debió este poeta su fama merecida, siendo de lamentar que no se hayan publicado reunidas é ilustradas convenientemente. Compuso tambien en prosa un tratado sobre la nobleza y la heráldica, que se conserva inédito en la biblioteca del Sr. Duque de Osuna, llamado Cadira de honor, fecha á ruego de algunos señores mancebos de la córte del Rey D. Juan el Segundo, al final del que existe una nota, cuyo epígrafe es: Síguese una carta de Juan Rodriguez, no se sabe para quién la haya escripto, que paresce averla hecho quando se partia á ser fraile en el santo sepulcro de Jerusalem, yendo desnaturado del reino. No sabemos si, en efecto, llevó ó no á cabo su propósito, ni el lugar y año en que murió.—Cancionero de Baena, pág. 696. Madrid, 1851.
VIII. [Pág. 44.] El Marqués.
Ya la grand noche passaba.
Le falta decir, despues del Marqués, de Santillana, de quien en efecto es; tambien le falta el epígrafe que le puso su autor, y es el de Querella de amor. Se publicó en el Cancionero general de 1511, fólio 24, pero falta de las estrofas cuarta y sexta: tambien en el Cancionero de Juan Fernandez de Constantina, y creyéndola inédita, la publicó D. Tomás Antonio Sanchez en la pág. 143 del tomo I de su Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV, error que rectificó el Sr. Marqués de Pidal en su introduccion al Cancionero de Baena, pág. LXXIX, nota. Por último, el Sr. D. José Amador de los Rios, en su edicion de las Obras del Marqués de Santillana, Madrid, 1852, la publicó tambien, haciendo notar todas las variantes, que son muchas, y colocadas las estrofas en distinto órden del que tienen en el Cancionero llamado de Stúñiga, que publicamos hoy.
Don Íñigo Lopez de Mendoza, marqués de Santillana, conde del Real de Manzanáres y señor de Hita y Buitrago, hijo de D. Diego Hurtado de Mendoza, almirante mayor de Castilla, y de doña Leonor de la Vega, su segunda mujer, nació en Carrion de los Condes el 19 de Agosto de 1398. Huérfano á los siete años de padre, quedó con sus hermanos al cuidado de su madre, quien no sólo le dió una educacion esmerada, sino que cuidó y defendió su patrimonio, amenazado en aquellos tiempos turbulentos por la ambicion de los grandes. Á los diez y seis años fué ya uno de los señores de Castilla que asistieron á la coronacion como rey de Aragon del infante D. Fernando de Antequera. Casado á los diez y ocho con doña Catalina Suarez de Figueroa, y entrando ya en la administracion de sus bienes, tomó parte en los acontecimientos políticos de aquellos tiempos sin descuidar por eso sus aficiones y trabajos literarios; partidario acérrimo al principio de los infantes de Aragon, se reconcilió luégo con el Condestable y con el rey D. Juan, de quien recibió la merced del título de Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanáres, como premio á sus servicios y al valor desplegado en la batalla de Olmedo (1445). No impidió esto, sin embargo, el que siguiese su enemistad con D. Álvaro de Luna, á quien contribuyó á derribar de su privanza en union del Conde de Placencia y otros grandes. Despues de la muerte del valido se retiró de la vida pública, dedicándose á su familia y á sus estudios en su casa de Guadalajara, en donde murió el año de 1458, segun su sobrino Gomez Manrique, que al hablar de la muerte de varios poetas dice:
«Y no con éstos contenta
Esta maldita de Dios,
Vino con gran sobrevienta
En el año de cinquenta
Y más cuatro veces dos;
»Y sacó por mi gran mal
De esta cárcel humanal
Domingo por la mañana,
Al Marqués de Santillana
Y gran Conde del Real.»
Tan excelente poeta como valiente capitan, fué el Marqués de Santillana uno de los hombres más notables de su tiempo. Sus obras han sido publicadas con notas y comentarios por el Sr. D. José Amador de los Rios, Madrid, 1852, precedidas de su vida; excelente trabajo, y el mejor y más completo hasta ahora publicado.
IX. [Pág. 48.] El Marqués.
Ántes el rodante cielo.
Esta cancion se ha publicado en casi todos los Cancioneros impresos, en el Caxon de Sastre, pág. 314 del tomo I, y por último, en las Obras del Marqués de Santillana. Falta en el códice de Stúñiga decir de Santillana despues de Marqués y expresar que la compuso á ruego de su primo D. Fernando de Guevara, tambien poeta, y de quien darémos las noticias que han llegado hasta nosotros, en el lugar correspondiente. Véase la [nota LXIII].
X. [Pág. 52.] Cancion de Villalos.
Quantos aman atendiendo.
Debe ser error del copista este apellido, que en nuestra opinion se ha puesto por Villalobos; al ménos nosotros no tenemos noticia de ningun poeta llamado Villalos, y nos afirma en esta opinion el encontrar en el códice 7.819 de la Biblioteca Imperial de París esta misma cancion atribuida á Villalobos.—Ochoa, Catálogo razonado de los manuscritos existentes en la Biblioteca Real de París, pág. 391.
XI. [Pág. 53.] Johan Rodriguez del Padron. Los siete gosos de amor.
Ante las puertas del templo.
Cancionero general, 1573, fólio 121; Murguía, Antología gallega, pág. 26.
XII. [Pág. 63.] Carta de Sancho de Villégas á su amiga.
Á tí, dama muy amada.
La fecha de esta carta, que, como pueden ver nuestros lectores al final de ella, es de 1445, sirvió á los Sres. Gayángos y Vedia en sus notas á la obra de Ticknor, Historia de la Literatura española, para fijar la época en que se escribió el códice; pero hay otra composicion muy posterior, como harémos notar cuando nos ocupemos de la que lleva por epígrafe: Á la devisa del sennor rey don Fernando. De Sancho de Villégas nada sabemos: con este apellido hubo una familia sevillana, algunos de cuyos individuos se distinguieron durante esta misma época, figurando entre los comendadores de las órdenes militares, y recibiendo uno de ellos, Diego de Villégas, en premio de sus servicios, los señoríos de Benahavis y Daidin; pero no hemos encontrado que ninguno se llamase Sancho, ni podido averiguar tampoco si éste perteneció ó no á esta familia.
XIII. [Pág. 69.] Cancion de Johan de Padilla.
Bien puedo desir, par Dios.
Hijo de Pedro Lopez de Padilla, señor de Calatañazor y Coruña, y de doña Leonor Sarmiento, fué uno de los caballeros más valientes de su tiempo; se distinguió notablemente, en compañía de su hermano Diego, en la batalla de la Higueruela (1431), quedando despues de la retirada del ejército cristiano á las órdenes del capitan de la frontera de Jaen y Córdoba, el maestre de Calatrava D. Luis de Guzman. Guerreando con los moros estuvo cinco años, siendo uno de los que en 1435, y en compañía de su primo Fernan Álvarez, señor de Valdecorneja, intentaron escalar la villa de Huelma. Rechazados de ella y queriendo vengar su descalabro en union de otros muchos caballeros y grandes, entraron talando la vega de Guadix, en número de mil y quinientos caballos y seis mil peones: no pudieron hacerlo tan secretamente que no lo supiese el Rey de Granada, que envió para impedirlo todo su ejército: trabada la batalla, vió Juan de Padilla al obispo de Jaen don Gonzalo de Stúñiga, que, pié á tierra, se defendia con su espada de muchos moros, que despues de haberle muerto el caballo, pugnaban por prenderlo. Acudió á su socorro y le mataron el suyo; le dió el que montaba su escudero y tambien se lo hirieron y á él le atravesaron el muslo de una lanzada; siguió peleando sin querer retirarse á pesar de las instancias de los que le rodeaban, hasta que desangrado cayó al suelo, empeñándose reñido combate por salvarlo; al fin, vencidos los moros, pudieron conducirle al real, en donde fué curado. Vuelto á la córte del rey D. Juan, de quien era muy querido, lo nombró, cuando puso casa á su hijo y heredero D. Enrique, camarero de armas de éste, y por muerte de Diego Gonzalez de Sandoval, Adelantado mayor de Castilla: más adelante fué designado tambien por el mismo Rey para ayo de su hijo D. Alonso, cuyo cargo ejerció hasta la mayor edad de éste. Murió en tiempo de Enrique IV, sucediéndole en sus estados y en los de su mujer Doña Mencía Manrique, señora de Santa Gadea y Soto Palacios, su hijo mayor, Pedro Lopez de Padilla, que fué tambien Adelantado mayor.—Crónica de don Juan II.—Nobiliario de Haro.—Rades Andrada, Crónica de las órdenes militares.
XIV. [Pág. 71.] Johan de Andújar.
Como procede fortuna.
En 1394 Martin Fernandez de Andújar, vecino y natural de Córdoba, fundó el convento de franciscanos de la misma ciudad. Uno de sus descendientes se llamó Juan, y coincide la época en que vive con la del poeta, pero no creemos fuese el mismo, pues Juan de Andújar en ninguna de las poesías que han llegado hasta nosotros usa el apellido Fernandez; más probable nos parece fuera converso, pues los judíos, cuando se bautizaban, tomaban como apellido el nombre de un santo ó el del pueblo de su naturaleza, como lo hicieron Pablo de Búrgos, Alonso de Cartagena, Juan Alfonso de Baena, Alfonso de Zamora y otros muchos. Quedan, por lo tanto, reducidas las noticias que tenemos sobre Andújar á las que él mismo nos da y son: que fué uno de los que acompañaron á D. Alonso de Aragon á la conquista de Nápoles, y permaneció allá hasta despues de la muerte de este rey, pues ademas de las tres composiciones que por vez primera publicamos nosotros, el Sr. Ochoa, en sus Rimas inéditas de poetas del siglo XV, publicó tambien, tomándola del códice número 1824 de la Biblioteca Imperial de París, otra poesía de Andújar, que lleva por título Loores al señor rey D. Alfonso, y dedica al hijo de éste, Fernando, que le sucedió en Nápoles. El Conde Camarlengo, á quien se refiere Andújar en la pág. 78, cuando dice:
«Al Conde Camarluengo
Yo remito la sentençia»,
creemos sería Juan de Bardaxi, que lo fué, en efecto, de D. Alonso de Aragon, á quien acompañó á Italia, siendo herido en el sitio del castillo de Capuana, y luégo prisionero de Sforza en la batalla de Santa María de Ogliulo. Puesto en libertad, continuó en Nápoles hasta que por muerte de su padre Berenguer heredó los estados que éste tenía en Aragon.—Zurita, Anales, tomo III.
XV. [Pág. 80.] Diego del Castillo.
Ira sanna et crueldat.
El Sr. Ochoa, en su Catálogo de manuscritos españoles, pág. 435, dice que Castillo es Diego Enriquez del Castillo, del consejo de Enrique IV y autor de la Crónica que corre escrita bajo el mismo nombre, opinion que contradice fundadamente el Sr. Amador de los Rios en su Historia crítica de la Literatura española, pero sin darnos noticia de quién sea este poeta, á excepcion de las que de sus mismas composiciones se desprenden: nosotros sólo harémos observar que las dos poesías suyas que publicamos concluyen Vuestro Diego del Castillo, y no es probable que hubiera dejado de decir al ménos alguna vez Enriquez, si éste hubiera sido su primer apellido. Alcanzó más vida que su protector el rey Alfonso V, pues en una de sus más notables composiciones, titulada Vision sobre la muerte del rey D. Alfonso, dada á luz por primera vez por el ya citado señor Ochoa, Rimas inéditas del siglo XV, se recomienda á la munificencia del sucesor.
XVI. [Pág. 86.] El vergel del pensamiento.
Por la muy áspera via.
Segun el Sr. Ochoa, tantas veces citado, se encuentra esta composicion en los Cancioneros números 7.819 y 7.825 de la Biblioteca Imperial de París. En el primero dice: El Vergel, razonamiento de A.º Rodriguez, y en el segundo Vergel de Pensamiento, por Antonio Rodriguez. El Sr. Amador de los Rios cree ser del almirante D. Alfonso Enriquez, bajo cuyo nombre aparece inserta en el códice VII, A. 3 de la biblioteca de Palacio, y por último, los anotadores de Ticknor, en el índice que publican del Cancionero llamado de Stúñiga, la ponen como de Diego del Castillo, sin más razon que la de venir despues de otra de este autor: nosotros la dejamos entre las anónimas, pues ademas de no haber prueba alguna en favor de este ó del otro poeta, el Cancionero llamado de Stúñiga no dice de quién sea.
XVII. [Pág. 94.] Suero de Ribera.
Adios, adios, alegría.
Es uno de los poetas más notables de aquel tiempo, habiendo llegado hasta el nuestro gran número de composiciones suyas, entre ellas la Misa de amor, que publicó el Sr. Ochoa en sus Rimas inéditas del siglo XV, dando nosotros tambien á luz por vez primera, no sólo la que da lugar á esta nota, sino la contestacion á Torrellas en defensa de las donas, con que concluye el Cancionero llamado de Stúñiga. Lástima que lo mismo que sus poesías no hayan llegado hasta nosotros noticias suyas; pero á pesar de que la familia de los Riberas no sólo fué una de las más ilustres de España, sino de las más numerosas, contándose entre sus miembros hombres notables en las armas y en las letras, es lo cierto que nuestras antiguas Crónicas y Nobiliarios, que nombran á muchos de ellos, á ninguno lo hacen con el nombre de Suero. Quedan, pues, las noticias que de él tenemos reducidas á saber que fué uno de los poetas que estuvieron en Nápoles en la córte de Alfonso V.
XVIII. [Pág. 96.] El infierno de amor.
La fortuna que non cessa.
Ochoa, Rimas inéditas del siglo XV, pág. 249; Obras del Marqués de Santillana, pág. 373.
XIX. [Pág. 118.] Johan de Duennas. La nao de amor.
En altas ondas del mar.
Ochoa, Catálogo de manuscritos españoles, páginas 426 y siguientes. El mismo, Rimas inéditas del siglo XV, página 393. No sabemos el lugar del nacimiento de Dueñas, sólo que era hidalgo y castellano, protegido del rey Don Juan II y de D. Álvaro de Luna. Dirigió á uno y á otro avisos y consejos, en que con noble franqueza les pintaba lo mal parada que andaba la justicia en aquellos tiempos, en que, segun el poeta, nadie amparaba al hombre lleno de virtudes, sino al que tenía
«Bien poblado su bolson.»
Desagradaron al fin al Rey y al Condestable las verdades del hidalgo escudero, y cayó de su gracia. Al verse desdeñado, tomó partido Dueñas con los infantes de Aragon, y fué desde entónces acérrimo enemigo de sus antiguos protectores. Acompañó á Alfonso V á la conquista de Nápoles, y se halló en la batalla naval de Ponza, en la que no sabemos cayese prisionero, pero sí que lo fué en Nápoles, en donde estuvo en la torre de San Vicente, segun consta en el códice número 7.819 de la Biblioteca Imperial de París, y donde compuso la Nao de amor. Vuelto á la península con don Juan de Navarra, siguió siendo partidario de los aragoneses, elogiando á este partido y á sus jefes en sus poesías, y denostando á sus antiguos compatriotas; pero sin olvidar la leccion recibida en la córte de Castilla por su franqueza, se abstuvo en Aragon de dar consejos, que es probable le hubieran traído una segunda desgracia. Ignoramos si volvió á su patria, y cuándo y en dónde murió. De este poeta han llegado hasta nosotros muchas y notables composiciones.—Ochoa, obras citadas; Amador de los Rios, Historia de la Literatura española.
XX. [Pág. 134.] Mosen Ugo.
Diversas veses mirando.
El Sr. Ochoa, en su Catálogo de manuscritos españoles, pág. 381, y despues en sus Rimas inéditas del siglo XV, publicó este dezir como del Marqués de Santillana, y entre las obras de éste le incluyó y publicó tambien el Sr. Amador de los Rios. Los traductores de Ticknor dicen que en el llamado Cancionero de Stúñiga aparece como de mosen Ago, que quizá sea Yago; pero no es así, pues en el citado Cancionero está escrito como lo publicamos nosotros, Ugo, advirtiéndose evidentes señales de haber ántes de esta palabra raspado una letra, que es probable fuese H; no conociéndose de esa época otro poeta de este nombre que Hugo de Urríes, á él debe atribuírsele, opinion confirmada plenamente despues por haberse encontrado este dezir entre otras obras de este poeta, insertas en el llamado Cancionero de Gallardo, lo cual hizo que el señor Amador de los Rios, en su Historia de la Literatura española, pág. 445 del tomo VI, rectificase su anterior opinion, atribuyéndola aquí á su verdadero autor. Mosen Hugo de Urríes, hijo de mosen Felipe, de una de las casas más ilustres de Aragon, acompañó á Alfonso V á Italia en su primera expedicion; vuelto á España con el Monarca tomó parte, con su padre y su tio el obispo de Huesca, llamado Hugo como él, en los famosos bandos de los Gurreas por una parte y por otra los Urríes, Pomares y Embunes. Casi toda la nobleza aragonesa se dividió en favor de uno ú otro de los dos partidos, que ensangrentaron, no sólo las montañas de Huesca, donde tenian sus casas solariegas, sino la mayor parte del reino, aprovechando para estos desórdenes la ausencia del Rey. Cansados al fin, y por la mediacion de otros nobles, nombraron jueces árbitros, que lo fueron el rey de Navarra D. Juan, Juan Fernandez, señor de Ixar, y D. Artal de Alagon, que lo era de Pina, los cuales, por sentencia dada en la villa de Alcañiz, establecieron entre los contendientes una tregua que debia durar ciento y un año. Hugo de Urríes alcanzó el reinado de don Juan II en Aragon, quien lo nombró su embajador cerca del Rey de Inglaterra, con objeto de que éste lo auxiliase en la guerra que tenía contra los catalanes rebelados. La poesía que publicamos es la única que contiene de este autor el Cancionero llamado de Stúñiga; el mayor número de ellas se encuentra en el de Gallardo, y hay alguna tambien en el núm. VII, A. 3, de la Biblioteca de Palacio.
XXI. [Pág. 138.] Çapata.
Quanto más pienso, cuytado.
En las Ilustraciones del tomo VI de la Historia de la Literatura española del Sr. Amador de los Rios, aparecen, á la pág. 595, dos poetas con este apellido, uno castellano, Ruy Sanchez de Zapata, y aragones el otro, Sancho de Zapata, atribuyéndose al primero la composicion que publicamos; de ninguno de ellos hemos podido adquirir noticia alguna.
XXII. [Pág. 139.] Johan Rodriguez de la Cámara.
Bien amar, leal servir.
Murguía, Antología gallega, pág. 29.
XXIII. [Pág. 140.] Johan Rodriguez de la Cámara.
Sólo por ver á Macías.
El mismo y en la misma página.
XXIV. [Pág. 141.] Diego Enriquez.
Dicen que fago folía.
Esta composicion se encuentra en el Cancionero VII, A. 3 de la Biblioteca de Palacio, atribuida á D. Alfonso Enriquez, á quien en realidad pertenece, segun la opinion del Sr. Amador de los Rios.
XXV. [Pág. 142.] Johan Rodriguez de la Cámara.
Oh desvelada sandia.
Murguía, obra ántes citada, pág. 29. En el Cancionero de Baena, pág. 506, se omite la primera parte, y se ha publicado como sólo una cancion la Respuesta que aquí empieza con el verso Vive leda si podrás. Contiene ademas estos cuatro:
«Pues que fustes la primera
De quien yo me cativé,
Desde aquí vos do mi ffe
Vos sserés la postrimera.»
Que, como pueden ver nuestros lectores en la [página 185], son los primeros con que empieza una composicion atribuida á Zapata, de quien deben ser, toda vez que las dos estrofas ú octavas concluyen con los dos últimos versos de los cuatro. Baena dice que la cancion la compuso Padron cuando se fué á meter fraile en Jerusalem.
XXVI. [Pág. 144.] Decir de Moxica.
¿Sois vos, desid, amigo?
Fernan Moxica ó Muxica fué rey de armas de don Juan II. Célebre entónces por sus Dezires amorosos, algunos de los cuales son, en efecto, notables por su viveza y soltura, así como por la sencillez y gracia del diálogo, no parece, sin embargo, que le favoreció mucho la fortuna, á pesar de que él no se descuidó en procurarla, ya adulando al Rey, á quien llama el capitan y príncipe más esforzado y justo de los pasados y presentes, ya tambien implorando la proteccion de los marqueses de Villena y de Santillana, y de D. Fernando I de Aragon el de Antequera y otros magnates de aquel tiempo.—Ochoa, Catálogo de manuscritos españoles.
XXVII. [Pág. 151.] Johan de Medina.
Alegre del que vos viesse.
En el Cancionero de Baena han sido publicadas poesías de fray Alfonso de Medina y de Diego Martinez de Medina. Nada sabemos de Juan, de quien existen tambien poesías en los Cancioneros de la Biblioteca Imperial de París, números 7.819, 7.825 y 8.168.—Ochoa, Catálogo de manuscritos españoles.
XXVIII. [Pág. 152.] Arias de Busto.
El que tanto vos desea.
No hemos encontrado dato alguno biográfico de este poeta.
XXIX. [Pág. 153.] Desir de uno apasionado.
Si por negra vestidura.
En el códice núm. 8.168 de la Biblioteca Imperial de París se halla inserto este Dezir con el mismo epígrafe, pero sin expresar quién sea su autor. Tiene una octava ménos que el que publicamos, y ademas la cuarteta final es distinta, pues en lugar de la que empieza: Los trabaios et fatiga, dice:
«Del triste que padesciente
E siempre fué é será,
La triste letra presente
Vuestra merced tomará.»
XXX. [Pág. 156.] Johan de Villalpando.
Todo el mundo he trastornado.
Mosen Juan de Villalpando, caballero aragones, fué hijo de Ruy García de Villalpando, señor de Estupiñan y Spluga de San Quílez, y de su segunda mujer, doña María de Deza, señora de Peñalba, hija de los señores de Castrillo. El ser su madre castellana hizo que el hijo estuviese mucho tiempo en este país, donde, ya hombre, tomó parte en las revueltas de aquellos tiempos, siempre á favor de los Infantes de Aragon, hasta que por muerte de su padre heredó sus estados y vivió ya en ellos, siendo progenitor de los Marqueses de Osera. Su hermana Catalina casó en Toro con Martin Lopez Portocarrero, y ya viuda, otorgó testamento en la misma ciudad, á 4 de Noviembre de 1493, en el cual se encuentra una cláusula que por lo curiosa copiamos aquí:
«Item, digo é confieso que al tiempo que Diego Lopez, mi fijo, fallesció, estando del mal de la muerte, de que fallesció, me dixo que Catalina, la que despues parió en la cárcel, que cierto estaba dél preñada; é yo créolo, porque despues, veyendo al niño, en alguna cosa paresce al dicho Diego Lopez, mi fijo. É porque la más de la gente dirá que es su fijo, é ser pobre, le mando é dexo para con que se crie, la mi heredad, que yo tengo é poseo, que es á la Soterraña, que renta nueve cargas de pan, mitad trigo, mitad cebada.» Da despues encargo á su otra hermana doña Mayor de cumplir esta obligacion, instituyéndola heredera para en el caso de que muriese su nieto D. Juan Rodriguez Portocarrero, á quien instituye su heredero en todos sus bienes, señoríos, etc., «y en ciertos florines que me eran debidos por mosen Juan de Villalpando, mi hermano, en el reino de Aragon, en la villa de Estopeñan, que es en dicho reino.» Gutierre de Argüello, á quien se dirige Villalpando en la composicion que da lugar á esta nota, era hermano del arzobispo de Zaragoza, D. Alfonso de Argüello, castellanos los dos. Acusado el prelado de tener tratos con el rey de Castilla D. Juan II, se le redujo á prision con otros varios vecinos de Zaragoza, y murió ó fué muerto en la prision; no así Gutierre, que se refugió en su patria.—Salazar y Castro, Historia de la casa de Lara; El mismo, Advertencias históricas; Zurita, Anales de Aragon, libro XII.
XXXI. [Pág. 158.] Mosen Rebellas.
En Castilla es proesa.
Mosen Juan Ribellas ó Ribelles, caballero catalan, acompañó como caballerizo á D. Alfonso de Aragon cuando su expedicion á Italia, y cayó prisionero de los genoveses en la batalla naval de Ponza. Puesto en libertad, continuó sirviendo á su Rey, con quien estuvo tambien en Castilla, segun se desprende de los versos suyos que hoy conocemos, en que celebra el agasajo y largueza de los grandes y de la córte de D. Juan II.—Amador de los Rios, Historia crítica de la Literatura española, tomo VI.
XXXII. [Pág. 162.] Johan de Torres.
Non sabes, Johan de Padilla.
Muy jóven todavía, acompañó Juan de Torres á Alfonso de Aragon, sirviéndole como paje cuando la segunda expedicion de este Rey á Nápoles, en 1432, única noticia que de él tenemos.—Coleccion de documentos inéditos para la Historia de España, tomo XIII, pág. 495.
XXXIII. [Pág. 168.] Suero de Ribera.
Gentil sennor de Centellas.
El personaje á quien Ribera dirige su composicion es D. Frances Gilabert de Centellas, llamado tambien D. Ramon de Riuses, conde de Oliva, caballero valenciano, que acompañó al Rey de Aragon cuando su segunda expedicion á Nápoles, llevando cuatro hombres de armas montados á su costa y á quien el mismo rey don Alfonso dió el mando de cuatro galeras de Nápoles, con las que despues de prestar muchos servicios, en 1454, uniéndose al general Bernaldo de Vilamarin, que mandaba diez, derrotaron la escuadra genovesa, compuesta de diez y seis naos y diez galeras, al mando de Juan Filipo de Flisco, apresando siete de estas últimas, y haciendo que encallasen las tres restantes: tuvo lugar esta batalla en la isla de Ponza, lugar tan fatal años anteriores al mismo Alfonso V.—Zurita, Anales de Aragon.—Documentos inéditos, tomo XIII, pág. 486.
XXXIV. [Pág. 172.] Diego de Valera.
Adios, mi libertad.
Historiador, moralista y poeta, valiente y cumplido caballero, distinguido patricio ó ciudadano, mosen Diego de Valera fué uno de los hombres más notables de tu tiempo; nació en Cuenca en 1412, segun él mismo da á entender al final de la Crónica de España, que escribió en el Puerto de Santa María: crióse en la córte de Castilla, protegido por los Stúñigas; su viveza y temprano ingenio llamaron la atencion de don Juan II, que le nombró su doncel. Ganoso de señalarse en las armas el que ya habia dado muestra de lo que valia como poeta, salió de Madrid en 1435, acompañado de Lope de Stúñiga, para tomar parte, á las órdenes de Fernan Álvarez, señor de Valdecorneja, en la empresa de Huelma, subiendo por una de las escalas puestas á la villa en compañía de su amigo Stúñiga. Malogróse la empresa por haber sido sentidos por los moros, pero Valera, en premio de su arrojo, fué armado caballero por el señor de Valdecorneja. Vuelto á la córte, lo vemos en 1437 solicitar del Rey licencia para un largo viaje por Europa, y D. Juan se la concede, dándole cartas expresivas para los reyes sus aliados ó deudos. Llegó á Francia en ocasion en que Cárlos VII luchaba heroicamente para reconquistar la mayor parte de su reino, dominado por los ingleses; acompañó á este Rey durante el sitio de Montereau, y despues de ganada la ciudad por asalto, siguió su viaje á Bohemia, donde gobernaba á la sazon Alberto de Habsbourg, quinto de este nombre, llamado por sus contemporáneos el Ilustre, elegido emperador de Alemania por muerte de su suegro Segismundo, con el nombre de Alberto II; fué recibido con distincion por este Príncipe, que al ver que Valera renunció al sueldo que le ofrecia, diciendo queria servirle en la guerra contra los hussistas, en que estaba empeñado, como cualquier otro de los continos de su casa, le regaló una tienda y un carro toldado, con el caballo que lo tiraba y dos hombres que lo sirviesen. En el año siguiente, oponiéndose estos sectarios á la eleccion de Alberto como rey de Bohemia, reunieron sus fuerzas al mando de Jorge Podiebrad, pero fueron dispersadas cerca de Tabor por el Emperador, que se hizo coronar en Praga, el 20 de Junio de 1438, rey de Bohemia. Valera que se encontró en la batalla y coronacion, sostuvo tambien dignamente en otra ocasion el honor de su rey y de su nacion: Cenando una noche en compañía de Alberto y otros muchos señores, uno de ellos, Gaspar Schlick, dijo que el Rey de Castilla no debia llevar bandera real en su ejército, porque habia visto en Portugal la que á su abuelo habian ganado los portugueses en la batalla de Aljubarrota. Enterado de estas palabras Valera, despues de contestar cumplidamente al Conde, bajo el punto de vista del derecho, le desafió, lo cual no tuvo efecto por haberle dado una satisfaccion cumplida, dando lugar con este motivo á que el Emperador dijese á Valera que no solamente era caballero, mas caballero é dotor. Hasta fines de 1438 permaneció en Alemania, despidiéndose entónces del Emperador para volver á Castilla, y Alberto, no sólo le dió cartas para el Rey, en que le decia lo bien que le habia servido, sino que ademas de regalarle espléndidamente y haberlo nombrado de su Consejo, lo agració tambien con las condecoraciones del imperio, entre ellas la del Águila, fundada por él, dándole de ésta el collar de oro, que sólo podian llevar los caballeros que habian combatido en cuatro batallas campales. Vuelto á España, D. Juan, que ya sabía por D. Martin Enriquez, que tambien habia estado en Alemania y habia vuelto ántes que Valera, los sucesos de éste, al presentársele, le concedió el collar de las escamas, que él daba á muy pocos, y el yelmo del torneo, entregándole cien doblas para que se lo hiciese, y mandando que desde allí en adelante se le llamase Mosen Diego, título entónces el de Mosen muy honorífico, pues equivalia á Señor.
Encargó D. Juan á Valera en 1440 que fuese en su nombre á cumplimentar á su tia la reina de Dacia, al rey de Inglaterra Enrique VI y á Felipe el Bueno, duque de Borgoña; pero coincidiendo esta embajada con la llegada á la córte de un faraute de este último Príncipe, que publicaba la empresa ó armas que deseaba sostener micer Pierres de Brefemonte, señor de Charin, en la villa de Dijon, Valera suplicó al Rey le permitiese tomar parte en ella; acordóselo D. Juan, regalándole, ademas del caballo y otras prendas, lo suficiente para su manutencion durante un año, tiempo que se calculó suficiente para su viaje; partió para él Mosen Diego, que, si bien no pudo cumplir su encargo para la reina de Dacia, pues habia muerto, hizo las demas embajadas, saliendo tan airosamente en su empresa, que el Duque de Borgoña le regaló doce tazas y dos servillas, que pesaban cincuenta marcos de plata.
Vuelto á la córte de D. Juan, es destinado por éste al servicio del Príncipe heredero D. Enrique, y al ver los males que aquejaban al reino en aquel turbulento reinado, dirige desde Segovia al Rey notable carta, dándole consejos sobre la gobernacion del Estado, en que hablándole con el respeto del súbdito, no por eso le adula ni deja de decirle la verdad, expresándole unas veces que el reinar es más bien cargo que gloria, y otras que, dexando toda parcialidad e aficion, ponga todos los hechos en justa balanza; no desagradó al Rey la franqueza, ni tampoco á la mayor parte de sus consejeros, si bien uno de ellos, D. Gutierre Álvarez, arzobispo de Toledo y parcial del Condestable, de quien ya Valera se separaba, expresó su dictámen con estas palabras: Digan á Mosen Diego que nos embie gente ó dineros, que consejo no nos fallece; sigue siendo, sin embargo, el hombre en quien sólo tiene confianza el Rey, hasta el punto de que, despues del escandaloso suceso de Medina, segun nos dice en su Crónica, «como por entónces no hoviese persona de quien se confiase, mandóme ir al Condestable, que estaba en Escalona, por le hazer saber cierto trato que tenía para salir de Tordesillas, del cual al Condestable no plugo. E de allí yo me volví para Cuenca, porque assí quedó concertado entre su Alteza é mí, donde estove hasta que salió de Tordesillas é se fué á Portillo, é de allí se partió á Palencia, é el Cardenal D. Pedro Cervántes con él.» Lo mismo que le servia Valera para entenderse con el Condestable, quiso utilizarlo, sin que este último lo supiese, en su segundo casamiento, enviándolo á Francia para concertarlo con una hija de Cárlos VII, pero la indiscrecion de Pedro Fernandez de Lorca, que debia suministrar los fondos para el viaje y lo reveló al Condestable, hizo que éste, que ya tenía arreglado dar por esposa al Rey á la hija del de Portugal, Doña Isabel, se opusiese, y abusando de la influencia que áun conservaba con D. Juan, desbaratase el proyecto realizando el suyo, sin creer entónces labraba su ruina, pues, como dice Valera: pensando por alli segurar su estado, traxo el cuchillo con que se cortó la cabeza. Sintióse el Rey de ello, y no estuvo tampoco muy comedido en sus quejas don Álvaro, empezando desde entónces á declinar su privanza. Mosen Diego sigue al servicio del Rey, pues no consiguió apartarlo de él el Condestable, y nos cuenta en su Crónica que la víspera de la batalla de Olmedo servia al Rey su plato cuando los enviados del Rey de Navarra hicieron á D. Juan el requirimiento en que los grandes expresaban sus agravios. Vencidos éstos, presos muchos de ellos, el Rey convoca Córtes en Valladolid para dar cuenta en ellas de su reconciliacion con el Príncipe heredero, que despues de la batalla habia vuelto á separarse de su padre; de las penas que debian imponerse á los rebeldes, y gracias que, por el contrario, debia otorgar á los que habian seguido su bandera. Valera, que en union de Gomez Carrillo habia sido electo procurador por Cuenca, es el único que se opone con laudable entereza á que se cometa la iniquidad de condenar á quien no se habia oido, y dirigiéndose al Rey, pronuncia, entre otras, palabras tan notables como éstas: «Sería cosa razonable que vuestra Alteza mandase llamar todos estos caballeros, así los ausentes como los presos, que por sus procuradores pareciesen en vuestro alto Consejo, é la causa allí se ventilase..., en lo cual á mi ver se ganarian dos cosas, la primera que se guardaban las leyes, que quieren que ninguno sea condenado sin ser oido y vencido; la segunda, que no se pudiese por vos, señor, decir lo que Séneca dice, que muchas veces acaece ser la sentencia justa y el juez injusto, y esto es cuando se da sin ser la parte oida.» No desagradó al Rey lo dicho, ántes al contrario, como Fernando de Rivadeneira se levantase colérico diciendo: «Voto á Dios, Diego de Valera, vos os arrepintais de lo que aveis dicho»; el Rey con grande enojo le mandó callar, y sin querer ya oir á los demas procuradores dejó las Córtes y se fué á Tordesillas; volvieron á Valladolid los procuradores, desde donde Valera dirigió al Rey una carta en que insistia en su opinion. Desde esta época Valera abraza ostensiblemente el partido de los grandes contra el Condestable, y es uno de los instrumentos más activos de su ruina; la proteccion que desde niño le habia dispensado la poderosa casa de Stúñiga, hace que, pasando al servicio de ésta, vea y concierte entre el Príncipe, el Conde de Haro, el de Placencia, el de Benavente y el Marqués de Santillana, la trama que dió por resultado en Búrgos la prision del Condestable, en la cual toma parte personalmente con grave riesgo de su vida, salvando la de los criados y servidores de D. Álvaro, que éste le habia encomendado, rogándole no recibiesen injuria de obra ni de palabra; pasa á Béjar por encargo de Álvaro de Stúñiga con objeto de que recogiese la herencia de su padre el Conde de Placencia, que estaba para espirar, y despues de cumplir este encargo, acompaña á Sevilla á Pedro de Stúñiga, hijo de D. Álvaro, que contrajo matrimonio en dicha ciudad con Doña Teresa de Guzman, hija de los Duques de Medina Sidonia; allí permanece ocho meses, hasta que sabiendo la muerte de D. Juan Segundo vuelve á la córte, y ve que el reinado de D. Enrique dejaba muy atras al anterior en escándalos y concusiones. La rectitud de alma de Valera y la elevacion é independencia de su carácter no le consienten sufrir tal espectáculo, y retirándose á vivir á Palencia, da muestra de su generosa indignacion en la notabilísima carta que dirige al Rey, 20 de Julio de 1462, en que le dice: «Dais, señor, las dignidades eclesiásticas y seglares á ombres indignos, non mirando serviçios, virtudes, linajes, çiençias ni otra cosa alguna, salvo por solo voluntad: é lo que peor es que muchos afirman que se dan por dineros, lo qual quanta infamia sea, á vuestra persona real e á vuestro claro juicio asaz debe ser manifiesto... todos los pueblos, á vos sujetos, reclaman á Dios, demandando justicia, como non la fallen en la tierra vuestra. Et dicen que como los corregidores van ordenados para faser justiçia é dar á cada uno lo que suyo es, que los más de los que hoy tales officios exerçen son ombres ynprudentes, escandalosos, robadores e cohechadores, é tales, que vuestra justicia venden publicamente por dinero, syn amor de Dios ny vuestro; e áun de lo que más blasfeman es que en algunas cibdades é villas de vuestros reynos, vos, señor, mandays poner corregidores, non los aviendo menester, ni seyendo por ellas demandado, lo que es contra las leyes de vuestros regnos.» Predícele á dónde le llevan sus desaciertos, diciendo más adelante: «Non deveys, señor, olvidar al rey D. Pedro, que fué quarto abuelo vuestro, el qual, por su dura é mala governaçion, perdió la vida y el reyno con ella»; y si D. Enrique no tuvo el mismo fin, presenció Valera su destitucion en Ávila, y el que no pudiera heredarlo á quien llamaba hija suya. No toma parte alguna en los sucesos de aquel reinado, hasta que en los de los Reyes Católicos lo vemos volver á ser atendido como su mérito merece; nombrado su maestresala, acompaña á D. Fernando en la batalla de Toro, despues de la cual, ademas de darle 30.000 maravedises por su cargo, se le nombró Corregidor de Segovia, y despues del Puerto de Santa María, con el cargo, ademas, de la armada estacionada en él, cuyo mando dió á su hijo Cárlos, justificando éste á poco su nombramiento por la victoria que alcanzó contra la escuadra portuguesa junto á Alcazarzaquil. Hiciéronle, ademas, donacion de la finca llamada la Grillera, á orillas del Júcar, cerca de Cuenca, escuchando deferentes sus consejos en la empresa de la conquista del reino de Granada, de que fué uno de los más ardientes promovedores. La última noticia que tenemos de él es de 1.º de Marzo de 1486, fecha de una carta dirigida al Rey Católico, ocupado á la sazon en el sitio de Velez Málaga, siendo, por lo tanto, de presumir que muriese poco despues.
Valera es conocido como historiador, que es donde brilló más su talento y de lo que escribió más; ménos como poeta y moralista; algunas de sus obras se han perdido por desgracia, muchas permanecen inéditas, proponiéndonos nosotros publicar alguna en esta coleccion, entre ellas sus notabilísimas cartas.—Crónica de España, abreviada por Mosen Diego de Valera.—Crónica de D. Juan II.—Colmenares, Historia de Segovia.—Muñoz, Historia de Cuenca.—Amador de los Rios, Historia de la Literatura española.—Tratado de las epístolas embiadas por Mosen Diego de Valera, en diversos tiempos á diversas personas.—Biblioteca Nacional, F. 108.
XXXV. [Pág. 173.] El Planto que fiso la Pantasilea.
Yo sola membrança sea.
Publicó esta obra, como del Marqués de Santillana, el Sr. Amador de los Rios, quien dice despues en la página 550, tomo VI de la Historia de la Literatura española: «Algunos Cancioneros atribuyen esta querella al docto Marqués de Santillana, y en este concepto la insertamos entre sus poesías en la edicion de sus obras (Madrid, 1852). Ciertos datos adquiridos despues nos inspiran no despreciables dudas, por lo cual la conservamos aquí como anónima, segun se halla en el códice que examinamos.» En el llamado de Stúñiga, que nosotros publicamos, como ven nuestros lectores, tampoco consta quién fuese su autor, y lo mismo sucede en los códices números 7.819 y 7.825 de la Biblioteca Imperial de París.
XXXVI. [Pág. 180.] Alfonso Enriquez. Testamento suyo.
En el nombre de Dios de Amor.
Hijo bastardo del desgraciado hermano de D. Pedro el Cruel, D. Fadrique, Maestre de Santiago, el triunfo de su tio D. Enrique hizo á D. Alfonso Enriquez uno de los grandes más poderosos de Castilla, Señor de Medina, de Rioseco, Castroverde, Aguilar de Campoó, Valdunquillos y Bolaños, y Adelantado mayor de Leon. El cariño de su primo D. Juan I, no contento con esto, hizo que tomase gran empeño en que casase con Doña Juana de Mendoza, viuda de D. Diego Gomez Manrique, Adelantado mayor de Castilla, llamada la Rica Hembra, de quien D. Alfonso hacia tiempo estaba enamorado. Resistió tenazmente esta señora los deseos del amante y el mandato del Rey, diciendo que personas de su calidad, siendo viudas, no repetian el matrimonio; pero lo que no pudieron conseguir ruegos ni mandatos, lo consiguió el mismo D. Alfonso, que al verse desdeñado, bien sea porque el dolor lo cegase, ó porque, conociendo el carácter de ella, fingiese arrebatada cólera; es lo cierto que puso airado la mano en el rostro de Doña Juana, quien, porque no se dijese habia habido un hombre que, no siendo su marido, habia tenido semejante osadía consintió luégo en casarse; union por otra parte, tan fecunda, que tuvieron doce hijos. Fué D. Alfonso uno de los poetas más celebrados de su tiempo por sus composiciones amorosas, así como tambien caballero generoso y espléndido; su pasion por Doña Juana no le impidió el querer á otras muchas, dando lugar en su vejez, con sus excesos, á estos versos que están al final del Centon Epistolario.
OTRAS AL ALMIRANTE EN AQUEL MAL CASO.
El viejo que quiere mozo
E sobrado con mujeres
Parecer,
El gozo le cae en un pozo;
Ca más duelos que placeres
Va á tener.
Bien lo sentis vos, señor,
Ca no han pasado seis dias
Que bebistes
Aquel maldito licor,
Que con falsas correntías
Lo volvistes.
E del fedor de las heces
Que alcanzó en su celda á oler,
Mal pecado;
Predicando Villacreces,
Os lo dió bien á entender
Disfrazado.
Alcanzó cinco reinados, pues naciendo en 1354, murió en Guadalupe en 1429, y en los cuatro tuvo siempre gran influencia.—Salazar y Castro, Historia de la Casa de Lara.—Centon Epistolario del Bachiller Cibdareal.
XXXVII. [Pág. 185.] Çapata.
Pues que fuistes la primera.
Véase lo que decimos en la [nota XXV].
XXXVIII. [Pág. 188.] Macías.
El gentil ninno Narciso.
P. Sarmiento, Memorias para la Historia de la poesía y poetas españoles.—Ochoa, MSS. Españoles. Copiamos á continuacion lo que referente á este ingenio dice D. Tomás Antonio Sanchez en su Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV, tom. I, pág. 138:
«Macías el Enamorado, bien conocido de nuestros poetas antiguos y modernos por sus amores, fué gallego, paisano de Juan Rodriguez del Padron, vecinos ambos, acaso, del lugar de este apellido, como lo da á entender este poeta en la última copla de los Siete gozos de amor, diciendo:
»Si te place que mis dias
Yo fenezca mal logrado,
Tan en breve,
Plégate que con Macías
Ser merezca sepultado.
Y decir debe,
Do la sepultura sea:
Una tierra los crió,
Una muerte los llevó,
Una gloria los posea.
»Se puede dudar si Macías es nombre ó apellido. Antiguamente se decia Macías por Matías como observó el erudito D. Gregorio Mayans en los Orígenes de la lengua castellana, y áun hoy á los Matías los llaman Macías en muchos lugares de tierra de Salamanca. En un códice antiguo manuscrito del Real Monasterio del Escorial, en que se trata del Credo compuesto por los Apóstoles, San Matías es llamado Sant Macías. Macías, siendo escudero del famoso Enrique de Villena, se enamoró de una criada de su amo, éste la casó, hallándose Macías ausente, con un hidalgo de Porcuna, pero no por eso cesaron los amores de Macías. No pudiendo el hidalgo sufrir estos amores, dió cuenta á su amo, el cual, despues de muchas reprensiones infructuosas, resolvió ponerlo preso en Arjonilla, lugar del órden de Calatrava, de que D. Enrique era Maestre, cinco leguas de Jaen. Preso allí en duras cadenas, lo estaba mucho más en los antiguos amores de su señora, á quien desde la prision escribia lastimosas canciones. Hay una de ellas en un libro de trovas que se guarda en el Escorial, de donde la sacó Argote de Molina y la trae en la Nobleza de Andaluzia, y es la primera de las cuatro que le atribuye el Marqués de Santillana:
»Cativo de miña tristura,
Ya todas prenden espanto,
E preguntan, ¿qué ventura
Foy que me atormenta tanto?
Mas non sé, no, mundo amigo,
Qué mais de meu quebranto
Diga de esto que vos digo,
Que bem ser nunca debia,
Al pensar que faz solia.
»Cuidí subir en alteza
Por cobrar mayor estado,
É caí en tal pobreza
Que moiro desamparado,
Con pesar é con deseio;
Que vos direy mal fadado
Lo que yo he ben ovejo,
Quando ó loco cay mas alto
Subir, prende mayor salto.
»Pero que pobre sandece,
Porque me deu á pesar,
Miña locura así crece,
Que moiro por entonar:
Pero más non á verey,
Si non ver y desciar,
É por en, así direy:
Quen cárcel sole viver,
En cárcel cobeja morer.
»Miña ventura en demanda
Me puso atan dudada,
Que mi corazon me manda
Que seya siempre negada;
Pero mays non saberan
De miña coyta lazdrada,
É por en así dirán:
Can rabioso é cosa brava
De su señor sé que traba.
»Estas coplas llegaron á manos del hidalgo, el cual, irritado, fué á Arjonilla, y tuvo modo de arrojar á Macías una lanza con que le quitó la vida. Su cuerpo fué sepultado en la iglesia de Santa Catalina de dicho lugar, y en su sepultura quedó la lanza y una memoria en esta letra:
»Aquesta lanza sin falla,
¡Ay coytado!
Non me la dieron del muro
Nin la prise yo en batalla;
Mal pecado.
»Mas viniendo á tí seguro,
Amor falso y perjuro
Me firió, é sin tardanza,
É fué tal la mi andanza
Sin ventura.
»Ximena, Anales eclesiásticos de Jaen, dice que la iglesia de Santa Catalina, que ahora es ermita, «fué en tiempos antiguos la iglesia parroquial, y en ella está sepultado el enamorado Macías... como consta del epitafio de su sepulcro, adonde se lee de letras antiguas lo siguiente:
»Aquí Yace Macías el Enamorado.»
Despues de lo escrito por el Sr. Sanchez, justo nos parece poner tambien á continuacion otra version distinta, y es la que se contiene en la nota á la pág. 77 del tomo VI de la Historia crítica de la Literatura española del Sr. Amador de los Rios; dice así:
El infante D. Pedro de Portugal, contemporáneo de Macías, á quien tal vez conoció durante su permanencia en Castilla, refiere en su ya citada sátira De felice é infelice vida, que siendo la dama deudora á Macías de la vida, que la salvó sacándola de un rio con peligro de la suya, hallóla acaso en un camino, ya casada; y «por paga de sus señalados servicios, dice el Infante, le demandó que descendiese, la qual, con piadosos oydos, oyó la demanda é la complió.» Agradecido Macías y advirtiendo el peligro en que la ponia por seguirla de cerca su esposo, rogóle que cavalgase, «é luégo ella partida, llegó su marido, é visto assy estar apeado en la mitad de la via aquel que non mucho amava, le preguntó qué ally fazia; el qual repuso: Mi sennora puso aquí sus piés, en cuyas pisadas yo entiendo vivir é fenescer mi triste vida. E él, sin otro conocimiento de gentileza é cortesía, lleno de sçelos más que de clemencia, con una lanza le dió una mortal ferida; é tendido en el suelo, con voz flaca é ojos revueltos á la parte do su sennora yba, dixo las siguientes palabras: O mi sola é perpétua sennora, á dó quiera que tu seas avé memoria, te suplico, de mí, indigno siervo tuyo. E dichas estas palabras con grand gemido, dió la bien aventurada ánima.» (Biblioteca Nacional.)
XXXIX. [Pág. 190.] Villalobos.
Pues me fallesció ventura.
Juan de Villalobos, señor de la casa y solar de Villalobos, fué hijo de Simon Rodriguez y de Doña María Millan Correa, portuguesa, parienta de los Duques de Braganza; estableciéronse en Extremadura, viviendo con su hermano Fernando, Maestre á la sazon del Órden de Alcántara, y allí nació Juan. En el Paso honroso del Puente de Orbigo es uno de los nueve justadores que acompañan á Gutierre de Quijada, y rompió lanzas con Lope de Stúñiga; vuelto á Extremadura casó con Doña Isabel Felipe, natural de Guadalupe, en donde vivieron y murió Juan, que fué tercer abuelo del escritor militar D. Diego de Villalobos y Benavides. De Villalobos existen tambien várias poesías en los códices números 7.819 y 8.168 de la Biblioteca Imperial de París.—Ochoa, MSS. Españoles.—Libro del Paso honroso.—Rades Andrada, Chronica.—Haro, Nobiliario.
XL. [Pág. 191.] Rodrigo de Torres.
Qualquiera que me toviere.
En el códice núm. 8.168 de la Biblioteca Imperial de París se inserta esta composicion, atribuyéndola tambien á Rodrigo de Torres, de quien no hemos podido encontrar noticia alguna.
XLI. [Pág. 192.] Johan de Andújar. A la Condesa de Aderno.
Deesas preciosas Calíope et Pálas.
Doña Juana de Veintemilla, baronesa de Chimina é hija de los Marqueses de Girachi, es á la que dedica su composicion Andújar. Casó con D. Guillen Ramon de Moncada, conde de Aderno y uno de los señores más poderosos del reino de Sicilia, aunque descendiente de Cataluña; tomó parte en todas las guerras á que dió lugar la conquista del reino de Nápoles por Alfonso de Aragon, á quien siempre permaneció fiel, siendo herido en la toma del castillo de Capua; fué hijo de Antonio Moncada, Gobernador de Sicilia en tiempo de la Reina Doña Blanca.—Zurita, Anales de Aragon.
XLII. [Pág. 195.] Fernando de la Torre. A D. Ladron de Guevara porque su mujer es una muy galana dama.
Mirad qué grande question.
Señor de Escalante y de otras villas y lugares fué don Ladron de Guevara, á quien dedica esta cancion el poeta hijo de D. Beltran de Guevara y de Doña Juana de Quesada. Casó con la hija de los Sres. de Poza, Doña Sancha de Rojas, la robadora de corazones. Don Ladron murió en 1503. Fernando de la Torre fué natural de Búrgos, segun él mismo dice en la dedicatoria á la Condesa de Castañeda del Juego de naipes; véase la [página 273]. Los anotadores de Ticknor dan la siguiente noticia: «Entre los manuscritos de la Academia de la Historia (Coleccion Salazar, Misceláneas, 44) se halla una carta de este Fernando de la Torre á un su amigo, participándole la muerte del obispo de Búrgos D. Alonso de Cartagena, que dice es la causa de no haber desempeñado su encargo para D. Pedro de Cartagena, «por haber quedado, como era natural, con gran tristeza y trabajo por tan gran pérdida como ha habido en la muerte del muy magnífico y angélico señor el Obispo de Búrgos, su hermano.» Más adelante dice: «Aunque no dejó grandes riquezas á sus parientes, segun las gastaba en infinitas obras pías y su magnífico estado, dexólos muy bien asentados en esa ciudad y con muchos parientes, amigos y criados, y, segun ellos, gracias á nuestro Señor, son hombres en todas las cosas, segund vos sabeys, y mucho más en las armas, que tienen por officio.»—Ticknor, Historia de la Literatura española, tom. II.—Salazar y Castro, Historia de la Casa de Lara.
XLIII. [Pág. 196.] Johan de Tapia.
Trabaios que me matays.
Despues de Carvajal es Tapia el que más composiciones tiene en este Cancionero; hay tambien poesías suyas en otros del siglo XV, que áun se conservan inéditos, como el de la Biblioteca de Palacio, VII, A. III; si bien no podemos decir sea el mismo poeta que aparece en el Cancionero general de 1511, pues habiendo estado, ya hombre, en la batalla de Ponza, 1435, es difícil que en 1491 dirija composiciones á un amigo suyo que partia á la guerra de Ampurdan; tenemos, por lo tanto, que contentarnos con las noticias que él mismo nos da; segun de ellas aparece, no sabemos cuál fue su patria, y sólo que acompañó á Alfonso V en su expedicion á la conquista de Nápoles, cayendo prisionero en la batalla de Ponza, y siendo, como tal, conducido á Génova, pues á Milan sólo lo fueron el rey y los infantes; se queja de sus desgracias, y luégo implora el favor de Blanca María, hija del Duque de Milan, de quien debió alcanzar su libertad, pues los genoveses hicieron pagar crecido rescate á sus prisioneros, y Tapia, segun él mismo indica, no estaba en situacion de hacerlo; vuelto al lado del Rey, es uno de los cantores oficiales de la córte, y así celebra la belleza de Lucrecia de Annio, como ataca á los anjoinos ó partidarios de la casa de Anjou; disculpa al Rey con su esposa de su larga ausencia, y por último, alaba á todas las damas italianas; sobrevivió á su protector Alfonso V, alcanzando el reinado de su hijo Fernando, última noticia que de él tenemos.
XLIV. [Pág. 199.] Un alvalá que mandó Johan de Tapia á la fija de la Condesa de Arenas.
Donsella ytaliana.
El Sr. Amador de los Rios dice que la María Caracciola, á quien va dirigida la carta, fué hija de Juan Caraccioli, Condestable, gran Senescal y favorito de Juana de Nápoles. Historia crítica de la Literatura española, tom. VI, pág. 443; pero no es así, pues Caraccioli tuvo tres hijos, uno varon, que casó con la hija de Jacobo Caldora, y cuyas bodas dieron pretexto para el asesinato del gran Senescal, y dos hembras, la mayor de las cuales habia casado con Antonio Caldora, hijo tambien de Jacobo, y la segunda con Gabriel de Ursino, hermano del Príncipe de Tarento; por lo tanto, á quien dirige Tapia su alvalá debe ser á la hija de Otino Caraccioli, que casó con un hijo del Conde de Arena, explicándose así que diga á la hija de la Condesa de Arena, en cuyo caso, sabemos la fecha en que fué escrita, anterior, de seguro, á 1442, pues en este año, el dia de Navidad, Aleiro de Nápoles, procurador de Nicolo de Arena, Conde de Arena, Melito y San Rufo de Calabria, hizo pleito homenaje en nombre de éste y prestó juramento de fidelidad á Alfonso V, á quien desde entónces permaneció fiel.—Zurita, Anales de Aragon. Sismonde de Sismondi, Histoire des republiques italiennes du Moyen Age.
XLV. [Pág. 203.] Cancion de Johan de Tapia. A la fija del Duque de Milan syendo él en presion.
Muy alta et muy excellente.
Felipe María Visconti, último Duque de Milan de este apellido, sólo tuvo una hija natural, llamada Blanca María, que es á quien se dirige Tapia; casada por su padre con Francisco Alejandro Sforza, uno de los mejores generales de su tiempo, ocupó tambien el ducado de Milan, gracias á ser tan hábil político su marido, que Luis XI de Francia decia podia darle lecciones; buena esposa y madre, á la muerte de Sforza mantuvo el órden é hizo que ocupase, sin oposicion, el puesto su hijo Galeazo María, á la sazon en Francia; hijo indigno é ingrato, desterró á su madre á Cremona, en donde murió en 1468 envenenada por su órden, segun le acusaban sus contemporáneos; bien es verdad que, á su vez, perecia Galeazo asesinado, en el momento en que entraba en la iglesia de San Estéban, por tres jóvenes discípulos de Cola de Montano, que habia sido tambien preceptor del Duque, y á quien éste hizo azotar y pasear por las calles de Milan.—Sismonde, Histoire des republiques italiennes du Moyen Age.
XLVI. [Pág. 205.] Johan de Tapia. A la muy excellente reina de Aragon et de Seçilia.
Aunque estó en reyno extrangero.
La esposa de Alfonso V, á quien se dirige Tapia, lo fué Doña María de Castilla, hija de Enrique III y hermana de D. Juan II; casada desde muy jóven, este matrimonio ni fué fecundo ni feliz, sea por las largas ausencias del marido y sus amores en Nápoles, ó porque la aborreciese, á causa, segun le atribuian entónces, de haber mandado ahogar á doña Margarita de Ixar, su dama, que decian estaba encinta del Rey; es lo cierto que éste nunca la amó, habiendo querido romper el matrimonio, á pesar de su honestidad y de haber tenido verdaderos dotes de gobierno; sobrevivió á su marido, pues murió en 4 de Setiembre de 1459; habia testado á favor de éste, pero al saber su muerte lo hizo á favor de su hermano D. Juan, que sucedió en Aragon á Alfonso V.—Zurita, Anales.
XLVII. [Pág. 207.] Cancion de Johan de Tapia. A madama Lucrecia.
Dama de tan buen semblante.
Se dirige el poeta á la querida de Alfonso V, Lucrecia de Aniano, hija de un gentil-hombre napolitano; pobre, pero de honesta familia, fué extremadamente amada del Rey, que, segun Enéas Silvio, cuando estaba con ella en Torre dil Greco, que es donde vivia, parecia fuera de sí, sin oir, ver ni entender más que á Lucrecia; «alababa sus palabras, admiraba su talento, aplaudia todas sus acciones y la colmaba de presentes; queria que fuese honrada como una reina, y de tal manera llegó á dominarlo, que nadie podia obtener audiencia de él si ella no queria... A pesar de esto, segun el rumor público, jamas cedió á sus deseos; pues aseguran que dijo más de una vez que no sacrificaria al Rey su virginidad, y que si empleaba la fuerza contra ella, prevendria su vergüenza con la muerte, en lugar de castigarse tardíamente, como lo habia hecho Lucrecia.» Aludiendo quizá Tapia á esto, cuando dice:
Vos fuistes la combatida
Que venció al vencedor;
Vos fuistes quien por amor
Jamas, nunca fué vencida.
Segun otra version, pasaron las cosas de distinta manera, cogliendo il re dal giardino di quella il primo frutto d’amore. Alfonso V proyectó contraer matrimonio con Lucrecia, á cuyo efecto instó vivamente al Papa Calisto III para que anulase su matrimonio con María de Castilla á causa de la esterilidad de ésta; pero este proyecto fracaso ante la negativa inflexible del Pontífice.—Comentarii Pii Papæ II. Sismonde, Histoire des republiques italiennes du Moyen Age.
XLVIII. [Pág. 209.] Johan de Tapia. A la devisa del sennor rey Don Fernando.
Montanna de dyamantes.
A Alfonso V de Aragon le sucedió en el trono de Nápoles su hijo bastardo Fernando I de este nombre; no pudo saberse nunca con certeza quién fué su madre; creyeron algunos ser fruto incestuoso de los amores de su padre con la mujer de su hermano Enrique, y que para salvar á ésta de la vergüenza, Margarita de Ixar dejó que le atribuyesen esta falta, que le costó la vida, pues la celosa María de Castilla mandó ahogarla, como hemos dicho en la [nota XLV]; aseguran otros que Margarita fué su verdadera madre, y hay tambien quien lo supone hijo de una morisca valenciana llamada Vilardona Carlina, miéntras que su enemigo Calisto III decia que no era ni áun hijo de Alfonso, sino de un hombre bajo y de vil condicion. Legitimado por el Papa, jurado por todos los barones del reino, y nombrado por su padre Duque de Calabria, que es el título que llevaba el príncipe heredero, ocupó sin oposicion el trono, que á poco tiempo estuvo expuesto á perder. A esto alude la cancion de Tapia. Juan, duque de Anjou, representando los derechos de su casa y apoyado por todos sus partidarios, invadió el reino y derrotó á Fernando en la batalla de Sarno, miéntras que uno de sus generales, Jacobo Piccenino, derrotaba tambien en San Fabbiano á los hermanos Sforza, sus aliados; todo parecia perdido para Fernando, cuando el cariño que á su mujer profesaban los napolitanos, los esfuerzos que en su favor hicieron el Duque de Milan Francisco Sforza y el Papa Pío II, que habia sucedido á su enemigo Calisto, junto á su constancia y talento, restablecieron sus negocios á tal punto, que triunfando de todos sus enemigos, murió en 1494 pacífico posesor del trono, despues de un reinado de treinta y seis años. Como rey y como hombre fué la antítesis de su padre, falso, avaro, cruel y vengativo; en cambio, es justo decir que veló mucho por la buena administracion de justicia, protegió las bellas artes y el comercio, favoreció la industria, y Nápoles le debe parte de su grandeza, estableciéndose por órden suya, en esta ciudad la primera imprenta. Esta poesía demuestra, como indicamos en otra nota, que el Cancionero de Stúñiga debió escribirse despues de la muerte de Alfonso V, ó sea posterior á 1458, toda vez que aquí se le llama rey á su hijo Fernando.
XLIX. [Pág. 211.] Johan de Tapia.
Sanctus, Sanctus, Sanctus Deus.
Lo que publicamos es lo único que puede leerse en el códice, habiéndose raspado el título de la cancion y faltando, ademas, dos hojas, que han sido cortadas; tambien en la [pág. 213] han raspado los cuatro versos que empiezan:
El evangelio de Sant Johan;
pero pueden leerse y por eso los insertamos.
L. [Pág. 219.] Johan de Tapia. Una cancion que fizo á la Condesa de Buchanico.
Fermosa gentil deessa.
Era de la familia Orsini y acérrima partidaria de los aragoneses, segun dice el mismo Tapia; única noticia que tenemos de ella.
LI. [Pág. 222.] Un desir que fiso Johan de Tapia loando y nombrando á todas las damas de Turpía.
Siendo enemiga la tierra.
Turpía, dice el original, no sabemos si es error del copiante; si no lo es, tampoco podemos decir á qué parte de Nápoles alude Tapia, ó qué quiere expresar cuando escribe las damas de Turpía.
LII. [Pág. 227.] Diego de Leon.
Los hombres de amor tocados.
Comendador de Montanchuelos en la Órden de Calatrava fué Diego de Leon, que ántes habia servido con lealtad al rey D. Juan II en las turbulencias de Castilla; lo nombró el Rey capitan de cien rocines, y le dió la guarda de Mucientes; fué uno de los que sostuvieron al Maestre legítimo de Calatrava D. Pedro Giron contra el intruso D. Juan Ramirez de Guzman; alcanzó el reinado de Enrique IV, pero en el de los Reyes Católicos aparece su encomienda proveida en otro, por lo que es probable muriese ántes.
LIIIa. [Pág. 230.] Johan de Mena.
Seguiendo el plasiente estilo.
No es de Juan de Mena esta obra, sino del Marqués de Santillana, que le dió el nombre El Triumphete de Amor; faltan ademas en el Cancionero de Stúñiga las estrofas que ponemos á continuacion:
Otros vi que sobresseo,
Por la grand prolixidat,
Aunque manifiesto, veo
Ser de grand actoridad:
E vi la grand deidat,
Diáfana é radiante,
A quien jamas egualante
Non vi otra en dignidat.
Cupido, el cual se mostraba
Ser monarcha en los potentes
Príncipes, que á sí levava,
E sabios muy trasçendentes:
Vile de piedras fulgentes
Muy lucífera corona,
Cándida, como la zona
De los signos transparentes.
Paresçió luégo siguiente,
Un carro triunfal é neto
De oro resplandeçiente,
Fecho por modo discreto:
Por ordenança e decreto
De nobles donnas galantes,
Cuatro caballos andantes
Lo tiravan plano é reto.
Do, por más admiracion,
Me quiso mostrar fortuna
La grand clarificaçion,
Muy más cándida que luna,
Venus, á quien sólo una
Non ví ser equivalente,
Fermosa, sábia, excellente,
Dina de exçelsa tribuna.
Vi ançillas sofraganas,
Vestidas de la librea
D’aquellas flechas mundanas,
Que enastaron á Medea:
Vi á la Pantasilea,
Clitemestra é Adriana,
Vi la discreta troyana,
Braçayda, Damne, Penea.
Vi á Dido é Penelope,
Andromaca é Polixena,
Vi á Félix de Rodope,
Alçiona é Philomena:
Vi Cleopatra é Almena,
Semele, Creussa é Enone;
Vi Semiramis é Prone,
Y Siffle, Yoles, Elena.
Por expresso mandamiento
De la deessa honorable,
Sin otro detenimiento,
Una donna, muy notable,
Embraçó un arco espantable,
E firióme tan sin duelo,
Que luégo cay en el suelo
De ferida inreparable.
Asy, ferido de muerte
De la flecha enfeccionada,
De golpe terrible é fuerte,
Que de mí non sope nada;
Por lo cual fué ocultada
De mí la vision que via,
E tornóse mi alegría
En tristura infortunada.
FINIDA.
Non puede ser numerada
Mi cuyta, desde aquel dia
Que vi la sennora mia,
Contra mí desmessurada.
Obras del Marqués de Santillana, Madrid, 1852.
LIIIb. [Pág. 246.] Villapando.
Sepan todos mi tormento.
Debe ser error del copista poner Villapando por Villalpando, lo mismo aquí que en la [pág. 248].
LIV. [Pág. 249.] Mendoza.
Vos, que sentides la via.
Con el apellido de Mendoza conocemos, ademas del ya citado Marqués de Santillana, varios poetas, cuyas poesías han llegado hasta nosotros, pero no nos atrevemos á decir á cuál de ellos corresponda la presente; en el Cancionero de Baena, pág. 257, se han publicado dos con este epígrafe: «Aquí se comienzan las cantigas e desires muy graçiosos é bien fechos que fiso é ordenó en su tiempo el honrado é noble caballero Pero Gonzalez de Mendoça, padre del Almirante D. Diego Furtado, é primeramente se comiençan las cantigas que él fiso por amor é loores de una gentil donçella que mucho amava, por amor de la qual, dis que mandó faser el monesterio de Santa Clara de Guadalfajara do se metyó monja.» Nació Pero Gonzalez en 1340, hijo de Gonzalo Ibañez de Mendoça y de Doña Juana de Horozco, señora de Hita y Buitrago; sirvió al principio con lealtad al rey D. Pedro de Castilla, pero luégo fué uno de los más decididos partidarios de su hermano D. Enrique II, quien lo nombró su mayordomo mayor; con el mismo cargo sirvió á Juan I, á quien salvó la vida en la funesta batalla de Aljubarrota dándole su caballo para que huyese, accion heroica que ha llegado hasta nosotros en el romance que nos conservó Lope de Vega, en una de sus comedias:
«Si el caballo vos han muerto,
Subid, Rey, en mi caballo;
Si en pié no podeis tenervos,
Llegad, subirvos he en brazos.»
Quien dijo estas palabras, y su muerte, tambien la cuenta el romance que concluye así:
«Esto dijo el montañés,
Señor de Hita y Buitrago,
Al rey Don Juan el primero,
Y entróse á morir lidiando.»
Su nieto el Marqués de Santillana dice, hablando de este poeta, que era muy discreto é que fiço muy bellas canciones, añadiendo que usó una manera de decir cantares, así como Cenicos, Plautinos y Terencianos, tambien en estrambotes como en serranas. Le sucedió en su casa y estados, así como en su aficion á la poesía, su hijo D. Diego Furtado de Mendoza, Almirante mayor de la mar, que, segun dice Fernan Perez de Guzman, era: «Ombre de muy sotil engenio, bien raçonado, muy gracioso en su decir, osado et atrevido en su fablar, tanto que el Rey D. Enrique el Tercero se quexava de la su soltura y atrevimiento.» Sus poesías aunque no mencionadas por su hijo el Marqués de Santillana, se encuentran en el códice de la Biblioteca de Palacio, señalado A. 3. VII, así como las del tio de este último, como él llamado Iñigo Lopez de Mendoza, apellidado el Feo. Otro poeta del siglo XV tuvo tambien este nombre y fué Íñigo de Mendoza, de quien en el Cancionero, VIII, A. 3 de la misma Biblioteca se contiene «La vida de Nuestro Señor Jhesu-Xpo, compuesto por Fr. Iñigo de Mendoza, fraile de la Observancia de San Francisco, á pedimento de Doña Juana de Cartagena.» Esta obra alcanzó gran fama en aquel tiempo, siendo impresa en el Cancionero que dió á luz en Zaragoza el aleman Paulo Hurus en 1492. Tambien en Toledo vió la luz pública el Cancionero que lleva el nombre de este poeta, y en el que se contienen otras várias composiciones suyas; por último, el Sr. Amador de los Rios cree que el Mendoza por quien se supone escrita la composicion á que da lugar esta nota, es Pedro Gonzalez de Mendoza, Señor de Almazan y de Monteagudo, de quien se encuentra noticia en las crónicas de aquel tiempo, hijo de Juan Hurtado de Mendoza y de Doña Ana Enriquez, pariente, por lo tanto, cercano del ilustre Marqués de Santillana; vémosle, en compañía de éste, figurar entre los grandes y vates de Castilla que asisten en Zaragoza á la coronacion de D. Enrique el de Antequera, Rico hombre y Guarda mayor del Rey D. Juan, que llegó á tener en él completa confianza; así es que cuando tuvo lugar en Balamazan la prision de D. Fadrique de Castilla, porque, segun dice el romance,
De vos, el Duque de Arjona,
Grandes querellas me dan,
Que forzades las mujeres
Casadas y por casar,
Que les bebiades el vino
Y les comiades el pan,
Que les tomais la cebada
Sin se la querer pagar,
es dado en guarda á Pedro de Mendoza.
Preso, preso, caballeros,
Preso de aquí lo llevad,
Entregadlo al de Mendoza,
Ese mi Alcalde leal.
Tambien le nombró su Embajador cerca del Rey de Aragon, y en Tordesillas, cuando el infante D. Enrique de Aragon (1420) se apoderó del rey D. Juan, fué Mendoza uno de los señores á quien prendió.
En un libro que se ha hecho sumamente raro, y se titula Memorial de criança y Vanquete virtuoso para criar hijos de grandes, y otras cosas; compuesto por un cortesano (Zaragoza, 1548), el autor, que segun se lee en el prólogo era Gaspar de Tejeda, pone en boca de D. Pedro Gonzalez de Mendoza los siguientes versos:
Los sabios gentiles gran tiempo gastaron
Buscando el mayor de los bienes terrenos,
Por ver si es lo alto lo más ó lo ménos,
Y nunca por nunca, jamas lo alcanzaron.
Que como con lumbre de pajas cavaron
En cosa que humano juicio no alcança,
Tovieron por cierta bienaventurança
La propia virtud, y ansí lo mostraron.
Crónica de D. Juan II.—Haro, Nobiliario.—Salazar y Castro, Historia de la Casa de Lara.—Cancionero de Baena.—Amador de los Rios, Historia crítica de la Literatura Española.
LV. [Pág. 256.] Alfonsos de Montannos.
Mi bien et toda mi vida.
Sólo sabemos de este poeta que fué aragones.
LVI. [Pág. 258.] Johan de Ortega.
Cobarde de coraçon.
Aragones como el anterior.
LVII. [Pág. 260.] Anónimo.
Mi buen amigo Sarnés.
De este Sarnés, de quien ni aún se sabe el nombre, hay poesías en varios cancioneros, pero de las mismas sólo se deduce que era aragones y gentil-hombre.
LVIII. [Pág. 264.] Cancion de Morana.
Á la una, á las dos.
Publicó esta cancion D. Tomás Antonio Sanchez en su tomo primero de la Coleccion de poesías anteriores al siglo XV. Alfonso de Morana fué uno de los poetas á quienes protegió y tuvo en su casa el desgraciado Duque de Arjona D. Fadrique de Castilla; en el Cancionero de Baena hay tambien una respuesta de este poeta contra Ferrant Manuel de Lando, quien á su vez le contesta con este epígrafe: «Esta rreplicacion que está ençima, fyso é ordenó el dicho Ferrant Manuel de Lando contra el dicho Alfonso de Moranna, ensañándose contra él por desmesura del mozo, sobre lo cual ovieron de llegar á los cabeçones el uno con el otro, segunt que adelante está puesto.» Falta esta composicion, en la cual, quizá, habria algunas noticias sobre Morana.
LIX. [Pág. 273.] Fernando de la Torre. Juego de Naipes dirigido á la muy noble sennora Condesa de Castanneda.
La dama á quien dedica el poeta su obra fué Doña Mencía Enriquez, hija del Almirante D. Alfonso y de la Rica hembra, casó con D. Juan Manrique, Conde de Castañeda y Canciller mayor de Castilla; cayó éste prisionero de los moros en una entrada que hizo en el reino de Granada, el 12 de Agosto de 1456, y pidiendo aquéllos por su rescate la crecida suma de sesenta mil doblas de la vanda, Doña Mencía vendió todas sus alhajas y empeñó sus estados para rescatarlo; accion muy celebrada entónces en Castilla por saberse que el marido no le pagaba con igual cariño, teniendo amores con una parienta de ella, con quien casó despues de la muerte de la Condesa.—Salazar y Castro, Historia de la Casa de Lara.
LX. [Pág. 296.] Cancion del Marqués de Santillana.
Sennora, muchas mercedes.
Obras del Marqués de Santillana, Madrid, 1852, página 453.
LXI. [Pág. 298.] Johan de Tavira.
Cuydados, dad ya vagar.
Nada sabemos de este poeta.
LXII. [Pág. 299.] Pedro del Castillo.
Por demas es porfiar.
Como el anterior, no hemos encontrado dato alguno sobre su patria, ni tiempo en que vivió.
LXIII. [Pág. 300.] Carvajal.
¿Quién se podria alegrar,
Si por el número de las poesías en él contenidas hubiera de darse nombre á este cancionero, le correspondería el de Carvajal ó Carvajales, y no el de Stúñiga; si en efecto, como creemos, los dos primeros no designan más que una sola persona, encontramos cuarenta y cinco suyas, y áun cuando se refieran á dos distintas, de Carvajales, es siempre de quien más hay; algunas han visto la luz en el Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos, otras se publican ahora por vez primera. Como otros poetas de este tiempo, las noticias de Carvajal son tan escasas que no sabemos ni aún su nombre, ni más de lo que á su persona se refiere, que lo que él mismo dice y pueden nuestros lectores ver en las poesías suyas que publicamos.
LXIV. [Pág. 305.] A madama Lucrecia del Anno.
¡Quién podria comportar,
En la [nota XLVII] hemos dicho quién era esta Lucrecia.
LXV. [Pág. 317.] Aquí comienza la epístola.
En el códice no se dice por quién está escrita, y aparece, por lo tanto, ser de la misma Reina; pero el estar incluida entre las demas obras de Carvajal, y el estilo en que está escrita, nos hacen creer que es de este poeta.
LXVI. [Pág. 329.] Carvajales. A la princesa de Rosano.
Entre Sesa et Cintura.
La princesa á quien se dirige Carvajal fué Doña Leonor de Aragon, hija natural de Alfonso V, que caso con Marino de Marzano, Duque de Sesa y Príncipe de Rosano, Squilache y Montalto, parentesco que no impidió á éste rebelarse contra su cuñado Fernando de Aragon, rey de Nápoles, á quien intentó asesinar; perdonado por el Rey, casó éste á su hija Doña Beatriz con su primo-hermano Juan Bautista Marzano, hijo de los Príncipes; pero fué un lazo, pues con este pretexto los trajo á Nápoles y los hizo prender, y el vengativo Fernando, despues de haberle tenido veinte y cinco años preso en un calabozo, al Príncipe de Rosano lo hizo matar (1486).—Zurita, Anales de Aragon.—Sismonde, Histoire des republiques italiennes du Moyen Age.
LXVII. [Pág. 336.] Por mandado del sennor Rey.
Yo só el triste que perdí.
Se refiere al viaje que hizo á Roma Lucrecia del Anno, con objeto de conseguir del Pontífice Calisto III el que se anulase el matrimonio de su amante Alfonso V con Doña María de Castilla, peticion que fué rechazada por el Papa, como hemos dicho en otra nota.
LXVIII. [Pág. 337.] D. Fernando de Guevara.
Vosotros los amadores.
Doncel del rey D. Juan II, su espíritu caballeresco llevó á D. Fernando de Guevara á ir en busca de aventuras, llevando una empresa, como se decia entónces, á Alemania en 1436, tocada por un caballero aleman, á quien se llama Micer George Vourapag, de la casa de Alberto de Habsbourg, Duque de Austria; combatieron en Viena, á presencia de este Príncipe, que les dió campo para ello; tuvo lugar el combate á pié y con hacha de armas, y á pesar de ser el aleman más fuerte y diestro que Guevara, éste tuvo la fortuna de herirlo en ambas manos, por lo que el Duque, impidiendo siguiese el lance adelante, los sacó de la liza, regalando á Guevara dos caballos y un joyel que valia 500 coronas; vuelto á Castilla, se distingue notablemente acompañando al rey D. Juan y al Condestable en el sitio de Atienza. Salió otra vez de Castilla, dirigiéndose á Nápoles, ya conquistada por Alfonso V, á quien sirvió durante sus guerras, de tal manera que éste, en recompensa, le hizo merced del título de Conde de Belcastro; sobrevivió Guevara á este Rey, muriendo cuando reinaba en Nápoles su hijo y sucesor Fernando.—Crónica del rey Don Juan II.—Crónica de D. Álvaro de Luna.—Zurita, Anales de Aragon.
LXIX. [Pág. 356.] Diego de Saldanna.
Oh duenna más excellente.
No hemos encontrado noticia alguna de este poeta.
LXX. [Pág. 381.] Carvajales. Por la muerte de Jaumot Torres.
Las trompas sonaban al punto del dia.
En la segunda expedicion de Alfonso V á Italia, le acompañó, mandando veinte ballesteros, Jaumot Torres, caballero de Valencia, que murió, como cuenta Carvajales.—Coleccion de documentos inéditos para la Historia de España, tom. XIII.
LXXI. [Pág. 394.] Johan de Andújar. Al Sennor rey D. Alfonso.
Nunca iamas vençedor.
Hijo de Fernando I de Aragon y de Leonor de Alburquerque, Alfonso V de este nombre es uno de los monarcas más ilustres del siglo XV; su valor como guerrero, su constancia en la desgracia y su amor á la justicia, á las artes y á las letras, hace que su córte sea una de las más brillantes de aquella época, y que en ella tengan acogida, premio y estímulo sabios, poetas y guerreros; sus contemporáneos le apellidaron el Magnánimo, sobrenombre que ha confirmado la posteridad; conquistador de Nápoles, murió en esta ciudad en 1458, llorado de sus nuevos súbditos, con quien se mostró siempre humano y generoso, sucediéndole en Aragon y Sicilia su hermano Juan, y dejando el reino, por él conquistado, á su hijo bastardo Fernando. Aquellos de nuestros lectores que quieran saber noticias de este rey, las encontrarán extensas en los Anales de Aragon de Zurita.—Facio, Fatti d’Alfonso d’Aragona.—Dichos y hechos del rey D. Alfonso de Aragon y de Nápoles, por Antonio Panormita, traducidos por Antonio Rodriguez Dávalos.—Giannone, Storia civile del regno di Napoli.
LXXII. [Pág. 395.] Coplas fechas por mosen Pedro Torrellas, de las calidades de las donas.
Quien bien amando persigue.
Se publicaron al fólio 94 del Cancionero general de Hernando del Castillo, 1511, con el epígrafe de Coplas de maldecir de mujeres; aunque el texto del Cancionero de Stúñiga nos parece más correcto, faltan en él las dos estrofas siguientes:
Deleyte y provecho son
El fin de todas sus obras,
En guarda de las çoçobras,
Simple temor y fiction;
Si por temor detenida
La maldad dellas no fuesse,
O por fiction escondida,
No seríe ombre que vida
Con ellas hacer pudiesse.
Comete cualquier maldad
Mujer encendida en ira,
Assí afirma la mentira
Como si fuesse verdad;
No conservan cosa en peso,
Al extremo han de correr;
Han assí el juyzio leso,
Que siempre tiene buen seso,
Si no cuando es menester.
Mosen Pedro Torrellas, caballero catalan, de quien dice Tomic qui ai aquell temps se podia dir que un petit Rey, fué gran privado de D. Martin de Aragon, quien lo nombró Capitan general de la armada que fué á pacificar la isla de Cerdeña, en donde se condujo valientemente, derrotando á los revoltosos, y haciendo tanto y con tal tino en favor de su patria, que cuando llegó á ésta la noticia de su muerte, que tuvo lugar de la peste en la villa de Alguer, se tuvo por una de las mayores adversidades que pudieran acaecer en aquel tiempo. Casó con una hija de D. Pedro de Gurrea, de la cual tuvo, entre otros, al poeta que se llamó Pedro como él; sirvió éste tambien en Italia, acompañando á Alfonso V en sus expediciones, no sólo á Nápoles, sino á Castilla. De Torrellas han llegado hasta nosotros muchas poesías, entre ellas, una muy importante, llamada Desconort, que se conserva en el Cancionero que posee la Universidad de Zaragoza; consta de 683 versos y hace que figuren en ella veinte y ocho poetas de los más nombrados de aquel tiempo.—Mosen Pere Tomic, Conquestes é histories dels reys de Arago é contes de Barcelona.—Zurita, Anales de Aragon.
LXXIII. [Pág. 400.] Respuesta de Suero de Ribera, en defension de las donas.
Pestilencia por las lenguas.
Con esta composicion concluye el Cancionero llamado de Stúñiga; no sólo es inédita esta poesía, sino que, segun el Sr. Amador de los Rios, no se encuentra más que en este Cancionero.
FIN DE LAS NOTAS.