AFEITAR POR AMOR DE DIOS
De limosna y sin dinero
la barba hacía a un pastor
con la navaja peor,
desazonado, un barbero.
Como la navaja estaba
con mil mellas que tenía,
el cabello no partía,
pero el rostro desollaba.
Conoció el pastor el yerro,
mas vió ser fuerza que calle.
En este tiempo en la calle
le daban palos a un perro.
—¿Qué será aquello? —decía
el barbero a sus oídos,
como con los alaridos
el perro les aturdía.
Respondió el pastor allí,
viendo que en saberlo escarba:
—Deben de hacerle la barba
de limosna, como a mí.
(Callar siempre es lo mejor, jornada 3.ª, y El redentor cautivo, jornada 2.ª, en colaboración con Sebastián de Villaviciosa.)