EL DUENDE
En una casa había un duende,
y hacíales muchos daños
a los que en ella vivían:
ya les daba con un jarro,
ya les quitaba la ropa,
ya les tiraba los platos.
Los pobres, para librarse,
mudarse de allí trataron
a otro barrio, y aquel día
que ellos se estaban mudando,
viniendo el dueño de casa
ya por los postreros trastos,
al duende vió, que bajaba
por la escalera, cargado
con todos ellos, y el hombre
le preguntó muy despacio:
—¿Dónde vas? Y el duende dijo:
—Allá; pues ¿no nos mudamos?
A que él replicó: —Si es eso,
y has de seguirnos los pasos,
quedarnos aquí es mejor,
y excusarnos el trabajo.
(El Job de las mujeres, Santa Isabel, reina de Hungría, jornada 2.ª)
LA MULA DEL DOCTOR[14]
Un barbero en un cuartago
visitaba a cierto enfermo
que tenía una apostema
con unos dolores fieros.
Alargábase la cura,
y el paciente echaba verbos.
—Hermano, tened paciencia
—decía el quirurgo diestro—,
que este achaque va despacio,
que en el hipocondrio interno
tenéis una hidropesía;
alcanzadme ese tintero,
porque quiero recetaros
un nuevo eficaz remedio.
Y al darle el pobre la pluma
el caballo, que era inquieto,
asentóle la herradura
y le reventó el divieso,
con que al punto le cesaron
los dolores al enfermo,
sintiéndose mejorado,
y quedó a voces diciendo:
—Vive Dios que mejor cura
el caballo que el maestro.
(Ver y creer, jornada 1.ª)