EL CABALLO DE BRONCE

Niños, que de siete a once,

tarde y noche, alegremente,

jugáis en torno a la fuente

del gran caballo de bronce

que hay en la plaza de Oriente.

Suspended vuestras carreras,

pues hace calor, y oíd

una historia muy de veras,

y de las más lastimeras

que se cuentan por Madrid.

Ese caballo... Yo empleo

esta expresión, algo tonta,

porque en mi conciencia creo

que decir caballo es feo,

no atendiendo a quien le monta.

Felipe cuarto es el tal;

pero el uso general,

que tiene fuerza de ley,

hace que, olvidando al rey,

se nombre al irracional.

La razón yo no la sé;

a muchos la pregunté

y nadie fundarlo supo;

en fin, caballo diré,

mas ha de entenderse grupo.

Ese caballo, años ha

estaba, como quizá

sabréis sin que yo lo indique,

dentro del Retiro, allá

frente a la casa del Dique[5].

Allí da el jardín frescura

con sus aguas y verdor,

y el canoro ruiseñor

tiene morada segura

de enemigo cazador.

Allí al caballo volaban

con fácil y presto arranque

mil pájaros que llegaban

a beber en el estanque,

cuyas ondas le cercaban.

Allí, con reserva poca,

le corría todo entero

la turba intrépida y loca,

y hallábale un agujero

que tuvo el jaco en la boca.

Y tal la disposición

fué del tal, que por afuera

sufría la introducción

de un pajarillo cualquiera

del tamaño de un gorrión.

Por adentro era al revés:

bien que el intruso pasara

cabeza y cuello; después,

no hallando en qué afianzara

ni las alas ni los pies,

ellos no eran de provecho,

y eran ellas el estorbo;

y empujando con despecho

le hería garganta y pecho

el borde cortante y corvo.

Y víctima el animal

de su imprudencia fatal,

que fuga no permitía,

bregaba mientras podía

por la cárcel de metal.

Donde, triste, prisionero,

pidiendo en vano merced,

sobre muchos que primero

tuvieron su paradero,

perece de hambre y de sed.

Mil avecillas, buscando

sombra densa en el estío,

mil en el invierno, cuando

ya lloviendo, ya nevando,

traspasábalas el frío,

embocáronse en la panza

del caballo, que en venganza

debió decir para sí:

—Renunciad a la esperanza,

pájaros que entráis en mí.

Con el tiempo se mudó

del jardín en que habitó,

a la plaza donde está,

y entonces se desarmó

el cuerpo que encima va.

Y los cóncavos secretos

del cuadrúpedo cruel

aparecieron repletos

de plumas y de esqueletos

de aves, tragadas por él.

Mano de piedad movida

cerró, como era razón,

el menudo pozo Airón,

que se sorbió tanta vida

de pajarillo simplón.

Dañosa curiosidad

los condujo a muerte cruda.

¡Ay! ¡Cuántos en nuestra edad

por la brecha de la duda

se abisman en la impiedad!

Abismo donde pedir

favor al mortal discurso

no basta para salir;

él nos deja sin recurso

desesperar y morir.

LA REBANADITA DE PAN[6]

Ya sentado a su mesita

Basilio para cenar,

en su cuarto, sin llamar,

entrósele una visita.

Era una bella señora

la que invadió el domicilio,

diciendo: —Yo soy, Basilio,

una sabia encantadora.

Sé que no eres haragán,

y es escasa tu fortuna:

por tu bien, me has de dar una

rebanadita de pan.

Una onza tan sólo quiero,

y otra pediré mañana:

préstelas de buena gana

el honrado jornalero.

—Nada me sobra, en verdad;

una hija tengo y un hijo

y mujer —el hombre dijo—,

mas no le hace: bien, tomad.

Y con buen talante y fe

la rebanada partió

Basilio; la recibió

la encantadora y se fué.

La esperaba con ahinco

Basilio al siguiente día:

volvió la señora mía

trescientos sesenta y cinco.

Y era en la pobre morada

grande el júbilo y contento

de todos, en el momento

de ofrecer la rebanada.

Cumplido el año, tornó

la mágica pedigüeña

con la cara más risueña

que en el año se le vió;

y de un elegante escriño

roscas empezó a sacar

y en los brazos a ensartar

a padres, a niña y niño;

y díjoles: —Os presento

junto el pan que recibí

de vosotros; eso sí,

viene con algún aumento.

No es magnífico el socorro,

pero él os hace merced;

esta lección aprended

de la maga del ahorro.

Según deis, os volverá

beneficio, grande o chico:

la receta de ser rico

en vuestras manos está.

¿Queréis feliz situación

para los días de anciano?

Sed hormigas en verano,

como enseña Salomón.