EL LABRADOR, SU HIJO Y EL ASNO

Yo no sé cómo ha de ser,

que me sucede, señor,

como al otro labrador

que llevó el asno a vender.

Que él y un hijo que tenía

iban a pie tras la bestia

y la gente con molestia

ver libre el asno sufría.

Subió el viejo, y no faltó

quien dijo: —El mozo lleváis

a pie, y caballero vais.

Luego el viejo se bajó

y subió el mozo; mas luego

hubo quien dijo: —El anciano

va a pie, y el mozo villano

va caballero, ¡oh mal fuego!

El viejo entonces subió

con el mozo, y un lugar

entero empezó a gritar:

—¿Dos en un asno? Eso, no.

Viendo tal desasosiego,

los pies le ató, y en un pino

llevaba al hombro el pollino

de él y del hijo; mas luego

se burlaron de los dos,

diciendo: —¿Desa manera

lleváis, necios, quien pudiera

mejor llevaros a vos?

El viejo entonces, tomando

el asno, le despeñó

a un río, y sospecho yo,

que en estas vísperas ando,

que viendo el ingenio mío,

que no puede contentar

a todos, habrá de dar

con todo el asno en el río.

(Con su pan se lo coma, acto 2.º)