LA ZORRA Y LAS UVAS
Es voz común que a más del mediodía,
en ayunas la Zorra iba cazando:
halla una parra; quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.
Causábale mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras;
pero vió el imposible ya de fijo;
entonces fué cuando la Zorra dijo:
—No las quiero comer: No están maduras.
No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento;
aplica bien el cuento,
y di: No están maduras, frescamente.
EL CONGRESO DE LOS RATONES[8]
Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
que después de las aguas del diluvio
fué padre universal de todo gato,
ha sido Miauragato
quien más sangrientamente
persiguió a la infeliz ratona gente.
Lo cierto es que obligada
de su persecución, la desdichada,
en Ratópolis tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esa suerte
al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno.
¿Quién lo ha de ejecutar? Eso, ninguno.
—Yo soy corto de vista. —Yo, muy viejo.
—Yo, gotoso—, decían. El consejo
se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo:
le aprueban. Hacen otro. ¡Qué portento!
¿Pero la ejecución? Ahí está el cuento.
El Congreso de los ratones.