LAS MUELAS Y EL HOMBRE
A Júpiter se quejaron
las muelas del hombre un día,
diciendo a su señoría
los años que trabajaron
desde la muela primera,
mascando lo que comía,
y que por dolor de un día
luego las echaban fuera.
Don Júpiter le riñó,
y él respondió: —¿Qué he de hacer,
si no dejan de doler?
A quien luego replicó:
—Hombre, sufre, pues te toca,
el dolor, que bien podrás;
que después te alegrarás
de ver tu muela en tu boca.
(Porfiar hasta morir, acto 3.º, escena XII.)
ESCARMENTAR EN CABEZA AJENA[26]
La zorra, el asno y león,
un día que a caza fueron,
sobre un prado la pusieron
para hacer su partición.
Dijo el león al jumento:
—Parte esa caza. Y el bobo
hizo tres partes del robo:
dió la suya al león hambriento.
Viendo el león que le daba
parte igual, agarró de él
y deshízole cruel
porque con él se igualaba.
Luego a la zorra miró,
y dijo: —Parte esa presa.
La zorra tomó la presa
más pequeñita que halló,
y dió al león lo demás,
que le dijo: —¿Cómo has hecho
tan a gusto de mi pecho
partes, pues tanta me das?
Respondió: —Mi habilidad
y cauta naturaleza
me enseñó que a tu grandeza
rinda mi flaca humildad.
Por cuyas cuerdas razones
me río yo de jumentos
que igualan sus pensamientos
a los soberbios leones.
(Obras son amores, acto 3.º)
EL LOBO Y EL CORDERO[27]
Bebía un cordero humilde
de un arroyo en la corriente
por lo bajo, y en lo alto
un lobo voraz y aleve;
y como matar quería
al corderillo inocente,
—Mira que me enturbias —dijo—
el agua; tan recio bebes.
El cordero respondió:
—Lobo amigo, pleito quieres;
si estoy en bajo y tú en alto,
tú la enturbias, tú me ofendes.
¿Qué tienen que ver mis deudos,
que el agua en lo bajo beben,
contigo, que estás en alto,
si no es que pleito pretendes?
(La hermosura aborrecida, acto 2.º, escena VI.)
LA GATA MUJER[28]
¡Plegue al cielo que no sea
como aquel hombre de Atenas,
que pidió a Venus le hiciese
mujer, con ruegos y ofrendas,
una gata dominica,
quiero decir, blanca y negra!
Estando en su estrado un día
con moño y naguas de tela,
vió pasar un animal
de aquestos, como poetas,
que andan royendo papeles,
y dando un salto ligera
de la tarima al ratón,
mostró que en naturaleza
la que es gata, será gata;
la que es perra, será perra,
in saecula saeculorum.
. . . . . . . . . . . . . . . .
(El castigo sin venganza, acto 3.º)