LOS HIJOS Y LOS PADRES

Ni arrastrada un pastor llevar podía

a una cabra infeliz que oía amante

balar detrás al hijo, que, inconstante,

marchar junto a la madre no quería.

—¡Necio! —al pastor un sabio le decía—;

al que llevas detrás, ponle delante;

échate el hijo al hombro, y al instante

la madre verás ir tras de la cría.

Tal consejo el pastor creyó sencillo;

cogió la cría y se marchó corriendo

llevando al animal sobre el hatillo.

La cabra sin ramal les fué siguiendo,

mas siguiendo tan cerca al cabritillo,

que los pies por detrás le iba lamiendo.