MALDICIÓN DE CORCOVADO
Hurtáronle a un corcovado
una ropilla, y como era
hecha a su medida y como
para una tortuga hecha,
cuando echó menos el hurto,
no hizo mayor diligencia
que decir contra el ladrón:
—Plegue a Dios que bien le venga.
(El invisible príncipe del baúl, acto 1.º)