7. Romance de Blanca-niña

Blanca sois, señora mía,

más que no el rayo del sol:

¿si la dormiré esta noche

desarmado y sin pavor?

que siete años había, siete,

que no me desarmo, no.

Más negras tengo mis carnes

que un tiznado carbón.

—Dormilda, señor, dormilda,

desarmado sin temor,

que el conde es ido a la caza

a los montes de León.

—Rabia le mate los perros,

y águilas el su halcón,

y del monte hasta casa

a él arrastre el morón.—

Ellos en aquesto estando

su marido que llegó:

—¿Qué hacéis, la Blanca-niña,

hija de padre traidor?

—Señor, peino mis cabellos,

péinolos con gran dolor,

que me dejéis a mi sola

y a los montes os vais vos.

—Esa palabra, la niña,

no era sino traición:

¿cúyo es aquel caballo

que allá bajo relinchó?

—Señor, era de mi padre,

y envióoslo para vos.

—¿Cúyas son aquellas armas

que están en el corredor?

—Señor, eran de mi hermano,

y hoy os las envió.

—¿Cúya es aquella lanza,

desde aquí la veo yo?

—Tomalda, conde, tomalda,

matadme con ella vos,

que aquesta muerte, buen conde

bien os la merezco yo.