LIBRO SEGUNDO


1. Suave, mari magno turbantibus æquora ventis...

Grato ha de sernos contemplar desde la playa el vasto mar agitado por el aquilón, y presenciar desde tierra la desesperada lucha que el náufrago sostenga con la tempestad, no porque gocemos con el infortunio ajeno, sino porque nos consideremos libres de peligros que tan próximos veamos: también será grato asistir desde lejos sin temores ni zozobras á las contiendas inhumanas de dos ejércitos que en el campo se destrocen; pero todavía ha de ser más agradable estar en posesión de las doctrinas de los pensadores, y observar serenamente desde esas alturas del saber las agitaciones de los hombres que sin guía buscan á tientas los caminos del bienestar, y para hallarlos pretenden supremacías de nobleza ó distinciones de genio y pasan días y noches entre afanes é inquietudes que les permitan acumular riquezas.

14. Ô miseras hominum mentes, ô pectora cæca!

¡Oh pobre inteligencia de los hombres! ¡Oh energías mal empleadas! ¡Entre cuántas densas tinieblas y entre cuántos inútiles peligros la vida corre! ¿Cómo no se comprende que las leyes naturales permiten la vida sin dolor del cuerpo, y sin preocupaciones y sobresaltos del alma?

20. Ergo corpoream ad naturam pauca videmus...

Por lo que se refiere al cuerpo, cuyas necesidades son escasas, debo decir que no es difícil eximirlo de muchos dolores y proporcionarle varios placeres en harmonía con las reclamaciones de la Naturaleza: si no disfrutas de festines nocturnos alumbrados por lámparas igníferas sostenidas en la mano derecha por estatuas juveniles; si en tu casa no brilla el oro ni resuena por doradas bóvedas el sonido harmonioso de las cítaras, aun así podrás tener alguna dicha si te decides á disfrutar de la frescura de las hierbas junto al río, á la sombra de los árboles dadivosos de goces que nada cuestan; y principalmente en los risueños prados, cubiertos durante la primavera de matizadas florecillas. Lo mismo inquieta la fiebre ardiente de ambición al rico potentado que vive entre púrpuras y riquezas, que al infeliz que yace tendido en burdo lecho.

37. Quapropter, quoniam nil nostro in corpore gazæ...

La opulencia, las distinciones sociales y el poder no libran de dolores al cuerpo ni proporcionan felicidad al alma: aunque mandes innumerables ejércitos extendidos por la campiña y cobijados por amplias banderas, y aunque dispongas de fuerte escuadra esparcida por dilatados mares, las preocupaciones del fanatismo no huirán de tu ánimo amedrentado ni la idea de la muerte y sus terrores darán sosiego á tu corazón.

46. Quod si ridicula hæc, ludibriaque esse videmus...

Son las grandezas ilusiones insensatas: los temores y sobresaltos de los hombres ignorantes no se ahuyentan con estruendo de armas, ni con esplendor de corona reluciente, ni con la majestad de purpurino manto, ni con la altura de soberbio trono. ¿Aún puedes dudar de que esos terrores que agobian á los hombres son producidos únicamente por la ignorancia? Como niños que de todo tienen miedo por la noche, así nosotros, durante el día, nos vemos rodeados por ilusorias sombras y fantasmas vanos que no se disipan con el rayo solar ó con la luz diurna, pero que se desvanecen mediante el uso de la razón tranquila y el estudio reflexivo de la Naturaleza.

61. Nunc age, quo motu genitalia materiai...

Voy ahora á explicarte la causa del movimiento é impulso que reciben los elementos de la materia para engendrar los cuerpos y descomponerlos, y también te explicaré la fuerza y la rapidez con que nadan sin cesar en el inmenso espacio; sigue, pues, la ilación de mis discursos. Nuestro mundo material no forma un todo inmóvil: hay diminución en todos los cuerpos, los cuales están sujetos á emanaciones, pérdidas y rozamientos que los rebajan, los reducen y aun los ocultan á nuestros ojos; pero estos fenómenos en nada perjudican á la suma universal, porque los sumandos no desaparecen sino cambian de sitio: cuando la vejez por una parte se inclina, por otra la juventud se yergue: no hay descanso en la Naturaleza; el mundo siempre con incesantes mudanzas se renueva; la vida de los que mueren se transmite á los que nacen; pomposas generaciones se elevan, mientras otras se desvanecen; todas las cosas mudan de perspectiva, y todos los que participamos de la existencia tomamos de unos en otros el turno de la vida, como los corredores en los juegos sagrados se pasan de mano en mano la antorcha luminosa.

79. Si cessare putas rerum primordia posse...

Si piensas que los principios de las cosas pueden tener descanso para recibir de éste un nuevo impulso y movimiento, incurres en error[18]; todos los cuerpos elementales que existen en el espacio han de obedecer la dirección propia de su peso y de su esencia ó la dirección á que los obligue la influencia de otros elementos: así unos y otros se encuentran en el vacío y obran entre sí por su propia gravedad y por su peculiar dureza y solidez, sin que nada extraño á ellos modifique su rumbo. Y para que más claramente comprendas el perpetuo movimiento de los principios de la materia, te he de recordar que en el Universo no hay lugar alguno que pueda considerarse inferior y sirva de asiento á los cuerpos que sean precipitados por la acción de la pesantez, pues el espacio es infinito y tiene por límites la inmensidad, como ya he demostrado en otra ocasión.

[18] Lucrecio refuta aquí minuciosamente la doctrina de Aristóteles sobre la inmovilidad de la materia.

94. Quod quoniam constat, nimirum nulla quies est...

Los primeros cuerpos ningún reposo tienen en el vacío inmenso: impelidos por constante fuerza de atracción y de repulsión á movimiento perenne, se alejan á largas distancias ó se aproximan hasta confundirse con arreglo á la especial fuerza en ellos dominante; cuando la atracción molecular es grande, se produce una concentración corpuscular que sirve de base al hierro, á las duras peñas y á otras substancias de análoga naturaleza; y cuando la atracción es muy débil, las moléculas tienden á dispersarse en el espacio y con su movilidad originan el fluido aéreo que nos beneficia y el rutilante esplendor del Sol que nos ilumina.

108. Multaque præterea magnum per Inane vagantur...

Muchos mínimos cuerpos, no obstante, vagan por el espacio en perpetua agitación y disociados siempre al parecer del movimiento general; de este hecho diariamente se muestra ante nuestros ojos una imagen sensible cuando en estancia obscura penetran por un pequeño resquicio los rayos de luz solar; entonces se ven corpúsculos sin cuento que de mil modos se agitan y en todas direcciones se mueven, como si entre ellos hubiera oposición tenaz y cruda guerra, porque jamás cesan de combatir entre sí, de unirse y de separarse. Su actividad no tiene término, y del hecho que menciono puedes conjeturar cuál sea el movimiento de los cuerpos engendradores de los seres, ya que el ejemplo recordado ha de servirte de medio para comprender vestigios de fenómenos importantes.

124. Hoc etiam magis hæc animum te advertere par est...

Tales corpúsculos, cuya movilidad y cuyas agitaciones son perceptibles á nuestra vista merced al contraste de los rayos de Sol en la obscuridad, tienen un movimiento causado por impulsiones clandestinas que determinan separaciones y afluencias producidas por su propia acción imperceptible, que obran sobre ellos mismos y que también comunican á otros cuerpos de masas más tenues, los cuales influyen sobre otros más fuertes; y así, el movimiento de los cuerpos simples se propaga de unos en otros, de igual forma que pasa con esas moléculas hechas perceptibles por la luz del Sol: pero las causas de ese movimiento aún nos son desconocidas.

140. Nunc, quæ mobilitas sit reddita materiai...

Ahora, con pocas palabras que al asunto dedique ¡oh Memmio! podrás comprender la gran movilidad de que los elementos están dotados: cuando la aurora esparce sobre la tierra sus primeros arreboles, y las aves, esparcidas por el bosque, saltan de rama en rama y llenan los aires de suaves melodías, vemos el Sol que de súbito aparece y baña con torrentes de luz toda la Naturaleza; las emanaciones de aquel astro no atraviesan un espacio completamente vacío; en su paso encuentran obstáculos que retardan la carrera de las ondas luminosas, las cuales se hacen para nosotros visibles á medida que se ponen en contacto con el fluido del aire. Pero los cuerpos simples que en el vacío se mueven y no encuentran obstáculo alguno independiente de ellos mismos, deben correr con rapidez mil veces mayor que las ondas luminosas emanadas del Sol, á no ser que se retarden por su propia acción; y sería insensato suponer que los primeros cuerpos concertaran entre sí un plan para regularizar sus movimientos.

167. At quidam contra hæc, ignari, materiai...

Pero hay quien juzga, ignaro, que la materia sin la voluntad de dioses puede, por condición propia, proveer á las necesidades humanas, formar las estaciones, producir los frutos y facilitar la reproducción de las especies todas; no reparan en que por impulso natural todo ser ciegamente contribuye á la propagación de su especie y que estímulos de atracciones y de goces naturales contribuyen á la generación. Por eso han imaginado la intervención de dioses creadores, desmentida por la razón y contrariada por los hechos. No basta que nosotros desconozcamos la propia naturaleza de los elementos para figurarnos creaciones fantásticas: la vista del inmenso espacio y la contemplación de los fenómenos que constituyen el mundo, son bastantes para probar que el mundo no ha podido ser obra de fuerza directiva inteligente, porque no pocos defectos lo deforman; pero ya te probaré estas verdades[19] ¡oh Memmio!; continuemos ahora la exposición de nuestro asunto.

[19] En el principio del canto V.

184. Nunc locus est, ut opinor, in his illud quoque rebus...

Entiendo que ahora es ocasión de hacerte comprender que ningún cuerpo es capaz de elevarse por su propia fuerza: y no incurras en error ante la presencia de las llamas que al formarse de repente se dirigen hacia arriba; también suben los árboles y las mieses que al brotar del suelo siguen en su crecimiento dirección contraria á la que parece exigida por la gravedad. Si la llama se eleva hasta alcanzar el techo del edificio, cuyo maderamen devora con insaciable afán, ciertamente no lo hace por gusto, sino porque una fuerza extraña obra sobre ella. Así también, la sangre que se escapa de vena abierta en nuestro cuerpo tiñe de púrpura todo lo que toca. ¿No has observado la violencia con que el agua arranca empalizadas firmes? Habían sido formadas con grandes precauciones; fuerzas enormes se habían empleado en esa obra; pero las aguas trabajaban con tanto más ardor para destruirla, cuanto más sobresalían de la superficie líquida las estacas, y al cabo éstas fueron vencidas. Pero según mi opinión, esos datos no nos autorizan para dudar de que los cuerpos bajen cuando fuerza mayor no contraría el efecto de su propio peso: una acción extraña obliga á la llama á elevarse en las regiones atmosféricas, á pesar de que en cuanto dependiera exclusivamente de ella tendría inclinación á bajar. ¿No ves nocturnos meteoros de fuego que se muestran en el infinito espacio y forman diversas ondulaciones por entre las cuales parece que se abre una comunicación con la Naturaleza? ¿No te figuras que en ocasiones se inclinan hacia la tierra estrellas y astros? También el Sol, desde las inmensas alturas, por todas partes prodiga su calor y su luz que los campos fertilizan, y su acción se ejerce hacia abajo; igualmente puedes notar que el rayo se abre camino á través de las nubes é impetuosamente cae sobre la tierra.

216. Illud in his quoque te rebus cognoscere avemus...

Ardientemente deseo que de estas observaciones derives el principio de que, por su propia gravedad, los cuerpos tienden á caer, pero que en circunstancias especiales de lugar y tiempo, en su caída se apartan de la línea recta, aunque su retirada apenas merezca el nombre de desviación; sin esas declinaciones, los cuerpos simples caerían pesadamente en el vacío, como vemos que se precipitan sobre la tierra las gotas de lluvia; los elementos de la materia no coincidirían nunca, y la Naturaleza sería improductiva.

225. Quod si fortè aliquis credit graviora potesse...

Alguien ha supuesto que los cuerpos más pesados caen en línea recta sobre los más ligeros, y que así originan movimientos productores; pero esa teoría repugna á la razón. Cierto es que en el agua y en el aire caen los cuerpos con una velocidad proporcionada á su peso, porque más pronto es vencida la resistencia de las ondas acuosas y fluidas, cuanto mayor es la potencia representada por el cuerpo que las penetra; pero no sucede lo mismo en el espacio desocupado; éste puede ser invadido sin obstáculo por todos los seres, y, por lo mismo, en el vacío todos los cuerpos se mueven con igual celeridad é independientemente de su volumen y de su peso. De estas afirmaciones se deduce que nunca los cuerpos más graves podrán caer sobre los más leves, ni rozarlos ni cambiar sus movimientos, de modo adecuado para que la Naturaleza produzca los seres.

243. Quare etiam atque etiam paulùm clinare necesse est...

Necesario es repetir una y mil veces que los cuerpos simples en su caída tienen una mínima declinación. No trato de inventar movimientos oblicuos que la observación no haya revelado; es patente, y de ello la vista nos da testimonio, que los cuerpos no siguen en su caída una dirección oblicua; pero ¿quién puede afirmar sólo por la autoridad de sus imperfectos sentidos, que los cuerpos al caer no se aparten algo de la línea recta[20]?

[20] En esta parte de su doctrina es donde Lucrecio, lo mismo que Epicuro, se muestra más débil é indeciso; parece que él mismo desconfía de la solidez de sus argumentos.

251. Denique si semper motus connectitur omnis...

Si es cierto que entre todos los movimientos ó manifestaciones de la vida hay una regular perpetua conexión, y que todas las cosas en el mundo se producen dentro de un orden inquebrantable, cierto ha de ser también que la declinación de los cuerpos simples no puede originar combinación alguna que rompa los lazos del destino y perturbe la ley que á cada hecho convierte en causa de lo infinito, pero engendra la libertad de que gozan los seres animados para dirigirse hacia donde el deseo los incita, aunque en nuestras acciones domine un agente motriz, que es origen de los movimientos voluntarios, en cuya virtud nos determinamos, no por las atracciones de tiempo fijo ó de lugar cierto, sino por los impulsos de nuestra alma. Es indiscutible que la voluntad es la fuerza propulsora del movimiento, cuyos estímulos se extienden por todo el cuerpo. ¿No has tenido ocasión de observar que los caballos dispuestos para la carrera, en el instante en que se abren las puertas del circo, se inquietan y se estremecen, porque no pueden lanzarse desde luego hacia donde los empuja su ardoroso instinto? Extendidas por todo el cuerpo las energías de la vida, han de auxiliarse recíprocamente para realizar, en conexión estrecha, las determinaciones de la voluntad. Por tanto, en el corazón surge el principio del movimiento, la voluntad imprime á éste la dirección, y seguidamente se comunica á todo el organismo.

272. Nec simile est, ut cum impulsi procedimus ictu...

No sucede lo mismo cuando, obligados por fuerza extraña y movidos por coacción poderosa, tomamos dirección que nos repugna; es evidente que en este caso y á pesar nuestro toda la materia de que constamos cede por de pronto á las circunstancias, y se deja subyugar hasta que la voluntad recobra su imperio sobre los miembros y puede refrenarlos: ¿no ves, por tanto, que si á los hombres empuja en muchos casos una fuerza extraña que es contraria á su voluntad y que los impele en dirección determinada, siempre queda en nosotros mismos una energía que puede resistirla, y á su arbitrio hacerse obedecer por los miembros, hasta rechazar la violencia y ponerla en fuga?

284. Quare in seminibus quoque idem fateare necesse est...

Debemos, pues, confesar que en los elementos de la materia, aparte de la acción de la gravedad y de las atracciones que en ellos reside, hay otra fuerza de la que el movimiento se origina y de la que surge para nosotros el principio de la facultad volitiva. No hay efecto sin causa: y así como la gravedad se opone á que las series de los movimientos de los cuerpos sean producidos por impulso ajeno á los cuerpos mismos, sino que han de ser consecuencia necesaria de las propiedades de los seres, así también el alma no ha de obrar sólo por extraños impulsos, ni ha de permanecer pasiva obediente á acciones recibidas de fuera, sino ha de tener una declinación de propia energía creadora de libres determinaciones independientes de las tornadizas é inciertas circunstancias de lugar y de tiempo.

294. Nec stipata magis fuit unquam materiai...

Nunca han sido los elementos de la materia más densos ni más raros. Ni aumentar ni disminuir les es lícito; así, igual movimiento que hoy tienen, han tenido en los siglos pasados y conservarán en los venideros: por iguales causas, por ley constante, se producirán en lo sucesivo los mismos seres que hasta hoy en las mismas condiciones, y existirán, y crecerán, y tendrán las cualidades que les son propias en el concierto de la Naturaleza. No hay ninguna fuerza que pueda cambiar el orden universal: tampoco hay sitio para donde pueda escapar del Todo alguna parte de la materia, ni entrada por donde penetren en el mundo cuerpos extraños y trastornen los movimientos de la Naturaleza.

308. Illud in his rebus non est mirabile: quare...

Y no es de admirar que esto ocurra; también á pesar del continuo movimiento de los cuerpos simples parece que todo el Universo yace en inmóvil quietismo, excepto aquellos seres que tienen actividad propia; como los elementos de la materia están fuera de la penetración de nuestros sentidos, es indudable que aun cuando no podamos ver sus agitaciones, éstas existirán, si bien ocultas para nosotros, de igual modo que en ocasiones dadas no podemos precisar los movimientos que ejecutan algunos seres que vemos á largas distancias. El ganado lanar sube á las altas colinas atraído por las viciosas hierbecillas donde centellean perlas de luciente rocío, en tanto que los tiernos corderillos, saciados del dulce lácteo licor, se ejercitan alegres y retozones en luchas inocentes. Si reparamos en este cuadro desde lejos, lo veremos todo confuso, y sólo distinguiremos lo blanco del ganado que se destaca de lo verde obscuro de la colina. Observemos dos grandes ejércitos que llenan vasta extensión de los campos y se ocupan en simulacros de guerra; ya se mueve la audaz caballería en torno de las legiones; ya recorre con variables ímpetus campos que se estremecen; el fulgor de las armas llega hasta el cielo; el reflejo del bronce brilla en la tierra; el suelo retumba con el paso militar; el clamor del combate resuena en los montes y se transmite á los vecinos lugares: pues estas escenas, vistas desde elevadas montañas, parecen mudas, reposadas, y su centelleo se considera procedente de los mismos campos.

333. Nunc, age, jam deinceps cunctarum exordia rerum...

Medita ahora acerca de las cualidades de los cuerpos simples en cuanto aquéllas se refieren á su peculiar forma, que puede ser algo variada, como lo atestigua el hecho de que los seres, aun los que pertenecen á la misma especie, no son idénticos. No es de admirar que los elementos sean algo distintos en su figura, porque son numerosísimos, y no todos han de tener igual forma é iguales condiciones; la especie humana, los escamosos y mudos habitantes de las aguas, los árboles corpulentos, las fieras, las varias aves que plumadas trinan en las lindas y frescas márgenes de arroyos, en las proximidades de las fuentes y de los lagos, y que se mueven con vuelos circulares por los desiertos bosques, se componen de muchos individuos que, comparados entre sí dentro de cada especie, revelan diferencias varias; si así no fuera, entre nosotros mismos la madre no conocería sus hijos ni los hijos á sus madres; y como podemos ver, entre los hombres no existen notables signos diferenciales. Cuando en los templos, junto á los altares de los dioses, muere sacrificado el novillo, de cuyo pecho palpitante corre caliente sangre, la madre, desamparada, recorre los bosques, y deja en el húmedo terreno grabada la huella de su pesuña hendida, y escruta con indagadores ojos el espacio entero para ver si encuentra á su perdido hijo, y se detiene en los bosques, y de bramidos llena la selva umbrosa, y vuelve para el corral, y queda inmóvil, atormentada por los recuerdos de su hijo: ni los tiernos pimpollos de los árboles, ni las hierbas adornadas con reluciente aljófar, ni los arroyos que corren entre amenas márgenes, le dan placer ni le hacen olvidar su tormento; otros novillos que saltan mientras alegres pastan, no le quitan su tristeza, porque ninguno es el que ella ansiosa busca. Los cabritillos de trémulas voces reconocen á sus cornígeras madres, y lo mismo que los corderos de tiernos balidos, cada uno conducido por la Naturaleza, se dirige á las atractivas ubres que ha de alimentarlos con su dulce leche.

371. Postremo quodvis frumentum, non tamen omne...

Si comparas los granos de una espiga hallarás entre ellos diferencias, aunque todos sean semejantes; lo mismo observarás en las conchas que á algunos terrenos cubren, en las argentadas olas del Océano, en las arenas de la playa, y, por último, en todas las especies creadas, cuyos individuos no son completamente idénticos, porque ninguna mano los ha tallado con sujeción á un molde; la Naturaleza los hizo, y por el espacio vagan, con diversas formas.

381. Perfacile est jam animi ratione exsolvere nobis...

Así es fácil de explicar por qué es más intenso el fuego del rayo que el producido por nuestra industria ó por la combustión de hachas resinosas: quizá el celeste fuego del rayo conste de elementos más sutiles que otro cualquiera, y por este motivo puede penetrar en poros inaccesibles para llamas que tengan otro origen: la luz se comunica á través de córnea lámina, pero no así el agua; ¿por qué? Porque los cuerpos simples componentes de la luz son más sutiles que los asociados para formar el transparente líquido.

391. Et quamvis subito per colum vina videmus...

Vemos que el vino pasa rápidamente por el filtro, pero que el aceite penetra con mucha lentitud: se efectúa este fenómeno porque los elementos del líquido oleoso componen moléculas más compactas que los del jugo de la vid, ó bien porque aquéllas se entrelazan y por su densidad ofrecen mayor resistencia á la división.

398. Huc accedit, uti mellis lactisque liquores...

Además, leche y miel afectan el órgano gustativo con grata sensación, mientras que amargo ajenjo y ruda centaura hieren el paladar con sabor repugnante: de este hecho y de otros parecidos puedes inducir que el gusto agradable se produce cuando moléculas esféricas y lisas pasan por las membranas sápidas; y que la impresión desagradable se origina por el rozamiento que en las fibras papilosas efectúan cuerpos ásperos enlazados con nexo indisoluble.

408. Omnia postremo bona sensibus, et mala tactu...

Las diferentes sensaciones de dolor y de placer que experimentamos, se deben á las impresiones que en nuestros órganos terminales producen los cuerpos, según la forma y condición de sus moléculas componentes; y tú no supondrás que el chirrido estridente de áspera sierra se produce lo mismo que las dulces melodiosas notas halladas en las fecundas cuerdas de la lira por los dedos flexibles de músico hábil. Ni considerarás que iguales son las moléculas productoras de los miasmas fétidos procedentes de cadáver consumido por el fuego, que las emanaciones del azafrán mimoso de Cilicia[21], ó los aromas de Pancaya[22], utilizados para perfumar los templos.

[21] Cilicia, provincia del Asia Menor.

[22] Pancaya, región arenosa de la Arabia Feliz.

418. Neve bonos rerum simili constare colores...

Ni pensarás que los agradables colores que nuestra vista alegran tienen los mismos principios materiales que aquellos que nos molestan y hasta provocan lágrimas ó que hacen retirar los ojos con horror; todo, pues, lo que agrado produce á los sentidos, consta de moléculas suaves; pero lo que ocasiona incomodidad ó disgusto, se compone de elementos ásperos y rudos. Pero también hay primarios cuerpos, que ni son perfectamente lisos ni ásperos del todo, sino rodeados de ángulos salientes que producen algún escozor, pero que no dañan, los cuales se hallan en la fécula y en la ínula[23]. El fuego ardiente y el granizo helado afectan nuestros órganos de un diferente modo por la especial estructura de sus elementos, de lo que nos da claro indicio el tacto.

[23] Ínula, planta sinantérea, pequeña y amarga.

444. Tactus enim, Tactus, pro Divum lumina sancta...

El tacto, pues, el tacto ¡oh, espléndido tesoro de númenes! es el sentido universal del cuerpo, ya cuando se excita por causa exterior, ya cuando se estimula por impulso interno, bien si motiva gozosas efusiones de amor, bien si por violencia sufrida engendra en nuestro ser incomodidad ó pena; hecho este último que puedes comprobar por ti mismo al sentir el contacto de un objeto sobre cualquiera parte de tu cuerpo. Según mi entender, las diferentes sensaciones que experimentamos, sólo se explican por la variedad de los principios materiales que las provocan.

454. Denique quæ nobis durata ac spissa videntur...

Los cuerpos duros y compactos deberán estar compuestos de partículas ganchudas, muy unidas y entrelazadas, como si formasen ramas. En este género figura, en primer lugar, el diamante, superior en dureza á todos los cuerpos; después, la fuerte piedra, el inflexible hierro y el bronce, de que se forman los goznes que al abrir de las puertas gimen.

461. Illa autem debent ex lævibus atque rotundis...

Los líquidos, masas fluidas, deben estar compuestos de partículas esféricas y pulimentadas, que no se entrelazan, y en superficies inclinadas con rapidez ruedan.

465. Omnia postremo quæ puncto tempore cernis...

Los fluidos que fácilmente se disipan, como el humo, las nubes y las llamas, han de estar formados de partes exactamente redondas y pulidas, y poco encorvadas para que puedan agujerear y penetrar las piedras; esas partículas no tienen entre sí completo enlace, según nos demuestran los sentidos, y, como puedes fácilmente conocer, las moléculas de esos cuerpos, si bien agudas, no pueden tener forma de gancho.

473. Sed quod amara vides eadem, quæ fluvida constant...

No te extrañe el ver cuerpos líquidos que son igualmente amargos, tales como las aguas del Océano: sus elementos componentes de la parte fluida, serán lisos, redondeados, pero unidos á otros que por sus cualidades producen dolor, aunque no tengan la trabazón de ganchos. Así, cuando fácilmente ruedan y causan desagradable impresión en nuestros órganos, los elementos de estos cuerpos han de ser redondos y ásperos.

480. Et quo mista putes magis aspera lævibus esse...

Para que puedas fácilmente persuadirte de que en la salada ninfa de Neptuno se mezclan substancias ásperas y suaves, observa el resultado que ofrece la separación de sus moléculas; el agua del mar recalada en la tierra se hace dulce porque sus partículas amargosas más densas y menos redondeadas que las otras quedan suspendidas en los sitios por donde el agua penetra y se filtra.

487. Quod quoniam docui, pergam connectere rem, quæ...

Á las razones que te he expuesto debo añadir otra, ligada á las anteriores y que en sí misma contiene su prueba; las formas de las moléculas no pueden ser variables en número indefinido, porque si lo fueran habrían ya conseguido un incremento ilimitado; y en verdad, cuerpos de tan mínimo tamaño no pueden ser susceptibles de muchas formas: figúrate los cuerpos divididos en tres ó más partes, y combina éstas de todos los modos que te sean posibles; varíalas de abajo á arriba, de derecha á izquierda, y pronto habrás terminado tu empeño; si quieres darles nuevas formas tienes que fraccionarlas más. No es posible, por tanto, ampliar el número de las combinaciones sin que aumente el volumen de los cuerpos; y así nada hay que permita creer en la infinidad de formas de las moléculas, sino mediante la suposición de que estas últimas fueran de tamaño considerable, y ya he procurado probarte que esto es imposible.

509. Jam tibi Barbaricæ vestes, Melibœaque fulgens...

Si no fuera así, los ricos trajes del Oriente, la hermosa púrpura de Melibea, teñida con las conchas de Tesalia y la dorada belleza del pavo real quedarían olvidados fácilmente por otros colores más brillantes; el sabor de la miel, el grato aroma de la mirra, el canto del cisne, y la cítara de Febo con sus melodiosos arpegios, quedarían olvidados por otros mejores, pues nuevas series de sensaciones más agradables las unas que las otras habrían de sucederse. Un semejante progreso indefinido se daría en todas las cosas, y los ojos, los oídos, el olfato, nunca se acomodarían á un orden de impresiones. Pero como nada sucede parecido á esto que acabo de indicar, y las cualidades de los cuerpos tienen límites invariables, es necesario confesar que las moléculas no pueden adoptar formas infinitas.

522. Denique ab ignibus ad gelidas, hiemisque pruinas...

Finalmente, del fuego á la nieve, y de ésta á aquél existe un espacio limitado; el frío y el calor están en los extremos de esta clase de sensaciones, y entre ellos ocupa el medio la temperatura templada en distintos grados. Luego debemos de convenir en que esas cualidades tienen límites invariables, cuyas fronteras son la llama y el hielo.

529. Quod quoniam docui, pergam connectere rem, quæ...

Y todavía he de añadir alguna reflexión que sirve de base á lo que después ha de seguir. Aun cuando las moléculas varían en número de formas limitado, son infinitas las que en cada una de ellas figuran. Si el número de formas es finito, ha de haber infinitos elementos que las revistan, porque de lo contrario sería finito el Universo, afirmación esta última contraria á lo que ya he demostrado.

537. Quod quoniam docui, nunc suaviloquis, age, paucis...

Voy ahora inmediatamente á exponerte en suaves, aunque pocos versos, cómo por ser infinitos, los elementos pueden, por sus atracciones y repulsiones recíprocas, sostener el orden universal.

541. Nam quod rara vides magis esse animalia quædam...

Si reparas en que hay comarcas donde escasean notablemente los animales de alguna especie, como si la Naturaleza con ellos fuera poco generosa, te haré observar que esos mismos animales abundan en otras regiones más adecuadas para ellos, como sucede á los cuadrúpedos gigantes de trompa anguímana[24], de los cuales en India hay bastantes para formar en torno de las ciudades ebúrneo impenetrable muro; tan numerosas allí son esas fieras como escasas entre nosotros.

[24] Mano en forma de culebra.

550. Sed tamen id quoque uti concedam, qua libet, esto...

Pero te concederé la existencia ideal de un ser único de singular forma que no tenga semejante en toda la redondez de la tierra: si los principios naturales que lo constituyen no fueran infinitos, no podría ser producido, ni vivir, ni sostenerse. Imaginemos que nuestros ojos pueden percibir los elementos finitos de ese ente singular que vagaran en los ámbitos del Universo: ¿cuándo, dónde, con qué fuerza, de qué modo podrían reunirse adecuadamente aquellos cuerpos simples dispersos en tan confuso piélago? Según mi parecer, tal asociación no puede racionalmente concebirse. Así como después de borrasca tormentosa causante de naufragios el mar arroja á la playa en toda la extensión del globo remos, timones, antenas, velas, mástiles y flotantes cuerdas, ante cuya vista los mortales comprenden las traiciones de las pérfidas ondas y de ellas desconfían más tarde aun cuando las vean plácidas, argentadas y risueñas, así también los finitos elementos de un ser revueltos con otros y repelidos por las olas de la materia, nadarían dispersos eternamente en ellas; y si por un acaso improbable pudieran juntarse alguna vez, su unión sería momentánea por incapacidad para sostenerse. Pero la experiencia nos hace ver que es necesaria la formación de los seres é indispensable su crecimiento; luego es racional admitir que en toda especie de seres se dan igualmente elementos infinitos en adecuada proporcionalidad.

578. Nec superare queunt motus utique exitiales...

Ni los movimientos destructores pueden prosperar continuamente hasta sepultar en sueño eterno la vida, ni tampoco los movimientos creadores pueden conceder á los cuerpos constante duración; así podemos observar que unos y otros, desde tiempo inmemorial, mantienen entre sí guerra abierta con variable éxito, de tal modo, que ya son unos derrotados ya vencedores; también notamos que se mantiene cierto equilibrio en los nacimientos y las muertes, y nunca la noche ha ocultado al día, ni la aurora ha descorrido el velo de las sombras sin que al mismo tiempo se haya oído el grito desgarrador del niño que viene á la vida y los sollozos lastimeros de los que otorgan á la amistad los últimos deberes impuestos por la muerte.

590. Illud in his obsignatum quoque rebus habere...

Preciso es tener en cuenta y en la memoria conservar grabado el principio de que todos los cuerpos que podemos conocer constan de varios elementos, y que no hay uno solo del que fundadamente creamos que se halla constituido por una sola clase de elementos. Y el número de éstos es mayor, y sus especies más distintas en aquellos cuerpos dotados de más diferentes propiedades.

599. Principio tellus habet in se corpora prima...

Primeramente, la Tierra en sí posee los elementos generadores de las corrientes líquidas que nutren los ríos y renuevan los mares, y también contiene los principios de que se alimenta el fuego que le devora las entrañas, como hace el Etna, que algunas veces, con furia impetuosa, expulsa de sus entrañas materiales encendidos. Igualmente posee los gérmenes de nítidos frutos, de dorados granos útiles á las humanas gentes, y de los pastos que sirven de alimento á las bestias que vagan por los montes.

608. Quare magna Deum mater, materque ferarum...

Por este motivo, la consideran madre de los dioses y de los animales, y creadora de la especie humana: los poetas de la antigua Grecia, al dedicarle sus cantos, se la figuraban sentada sobre un carro tirado por leones; decían que se hallaba flotante en el espacio para darnos á entender que nuestro Mundo no puede tener otro mundo por base: las fieras obedientes del carro, significaban que las mayores energías deben abatirse al celo afectuoso de los padres; fingían que llevaba la frente adornada con mural corona para recordar los sitios elevados que guarnecen las ciudades. De este modo sacan en procesión la imagen de la Madre divina que aún hoy mismo causa terror á ciertas gentes: por uso de antiguos ritos lleva nombre de Madre Ida[25], y se la considera acompañada por catervas frigias, porque las gentes de aquella región fueron las primeras que enseñaron al mundo el cultivo de los cereales; en las procesiones de la Santa Madre, siguen á ésta castrados sacerdotes, que por su origen hacen pensar que aquellos que traten mal á la diosa é ingratos sean para sus progenitores, son indignos de tener posteridad: los acompañantes de la simbólica imagen atruenan el aire con redoblados repiquetes de tambor, ruidos de timbales, ecos amenazadores de corneta retorcida y desapacibles rumores de la flauta frigia que llenan de terror el ánimo; traen también los ministros picas y dardos que son instrumentos de muerte, y con los cuales aterran al meticuloso vulgo y á los perversos é ingratos que no rinden adoración á la majestad de la diosa.

[25] Ida, monte de Frigia ó de la Troade, lugar en que se tributaba especial adoración á la Tierra, simbolizada por Cibeles, nombre griego. De la unión de la Tierra y el Tiempo (Saturno), según los poetas, surgieron el movimiento (Júpiter), la vida (Juno), los mares (Neptuno), y otras fuerzas naturales.

634. Ergo cum primum magnas invecta per urbes...

Llevada así la muda estatua y paseada por las ciudades populosas produce no pocas utilidades debidas á la generosidad de los devotos: de oro y de plata se adornan las calles; ricos tesoros y abundantes olorosas flores se dedican á la Santa Madre y á su cortejo; una tropa de hombres armados, á quienes los Griegos dan el nombre de curetas frigios, bailan al mismo tiempo que hacen vibrar cadenas, y juegan hasta verter sangre; en la cabeza esos hombres llevan terroríficos penachos que recuerdan los que dicen que usaban en Creta los antiguos sacerdotes para encubrir con su ruido los lloros de Júpiter, mientras que varios niños danzaban en torno de la cuna y con metálicos instrumentos, de que estaban provistos, atronaban el espacio para evitar que Saturno devorase al joven dios y produjera incurable herida en el tierno corazón de la divina Madre. Este es el origen de la costumbre de llevar gente armada en las procesiones de la diosa, y tal vez ese rito obedezca igualmente á la idea de recordar que los hombres deben estar dispuestos para defender la patria y para ser amparo de sus parientes.

653. Quæ bene, et eximiè quamvis disposta ferantur...

Aunque estas fábulas nos encanten por la brillantez de las formas con que han sido expuestas, la recta razón las rechaza. Por su esencia los númenes deben disfrutar eterna vida en ocio imperturbable: indiferentes á nosotros y á nuestras cosas, exentos de peligros y de aflicciones, ricos por su propia naturaleza, puesto que de nada necesitan, son insensibles á nuestras virtudes é indiferentes á nuestra ira[26].

[26] Lucrecio repite aquí los versos 56 al 62 del primer canto.

661. Terra quidem vero caret omni tempore sensu...

Y en verdad la Tierra ha carecido en todo tiempo de sensaciones, y todos los diversos frutos que bajo la acción del Sol existen se forman de los variados y múltiples elementos que aquélla contiene. Á pesar de todo, si alguien quiere llamar Neptuno á los mares, Ceres á los frutos farináceos, y Baco al vino, usará así nombres extraños á los que posee nuestra lengua, pero puede hacerlo, y también puede llamar divina Madre á la Tierra, aunque sepa que es falso lo que dice.

669. Sæpe itaque ex uno tondentes gramina campo...

Desde tiempos remotos el ganado lanígero, la estirpe guerrera de caballos, y la especie bovina han vivido bajo una misma temperatura, han usado los mismos pastos y han bebido en iguales surtidores de agua y respirado los mismos aires; no obstante, sus especies han sido siempre muy distintas, y cada individuo de ellas ha conservado por herencia los instintos y las costumbres de sus respectivos padres. También entre las hierbas, lo mismo que entre las aguas, hay diferentes clases, porque sus principios constitutivos no son idénticos. Es todo animal un compuesto de huesos, músculos, sangre, venas, calor, humores, vísceras y nervios, substancias que entre sí difieren porque están formadas de distintos elementos. Además, debemos suponer que en los cuerpos combustibles existan diversos principios que originen luz, chispas, ceniza y humo; y en general, de todos los cuerpos conocidos debemos pensar que constan de diversos elementos generadores de los múltiples fenómenos en que se manifiestan.

688. Denique multa vides, quibus est odor, et sapor una...

Hay muchos seres de los que parten emanaciones que afectan igualmente al paladar y al olfato como si estos sentidos fueran uno solo; entre aquellos seres se cuentan los que inmola ante el ara de los dioses la hipocresía cuidadosa de ocultar sus crímenes: indudablemente esos cuerpos han de contener elementos de forma diferente. Llegan á la membrana pituitaria las emanaciones odoríferas que no tocan ó tocan inútilmente el velo del paladar, y afectan las papilas de ese último órgano moléculas sápidas que no tienen entrada en el sentido olfatorio: de estos hechos puede inducirse que los principios materiales que afecten distintos órganos, tienen diferentes formas. En una aglomeración, pues, de materia hay la conjunción de variados cuerpos simples; y los seres son el resultado de una mezcla general de distintos elementos.

697. Quin etiam passim nostris in versibus ipsis...

Sin duda, en estos mismos versos que lees encontrarás muchas letras que son comunes á numerosas palabras y vocablos que son idénticos, pero que en diferentes casos desempeñan distinto oficio: hay verdaderamente en estas líneas muchas letras iguales, sílabas idénticas, versos que contienen unas mismas determinadas palabras, pero á pesar de todo hay diferencia en las dicciones y en los períodos, porque sus elementos no están igualmente combinados. De igual modo, aunque varios cuerpos de la Naturaleza tengan elementos comunes no serán iguales si tienen distinta composición; así también la raza humana, las frutas y los gallardos arbustos se diferencian notablemente aunque tengan elementos comunes.

709. Nec tamen omnimodis connecti posse putandum est...

Pero no ha de pensarse que los elementos de la materia se puedan ligar indiferentemente: si ocurriera así, el mundo se compondría de innumerables monstruos; habría seres mitad hombres y mitad fieras; del cuerpo de algunos animales brotarían especies vegetales; juntos se verían productos de la tierra y del mar, y se encontrarían Quimeras[27] que arrojarían de su negra boca horrible fuego para devorar al mundo. Pero es patente que nada ocurre parecido á las suposiciones citadas, y debemos afirmar, por tanto, que todos los seres se forman de elementos fijos é invariables para cada especie, y con regularidad se conservan y se propagan.

[27] Una montaña volcánica de Licia, llamada Quimera, en la cual habitaban fieras de distinta especie, sirvió á los poetas para inventar las Quimeras, horribles monstruos que vomitaban fuego.

719. Scilicet id certa fieri ratione necesse est.

Este orden permanece siempre igual; los alimentos dan á todos los animales substancias que, esparcidas por todo el cuerpo de aquéllos, contribuyen al sostenimiento de su vida y al movimiento engendrador de sus acciones vitales; pero todo lo que el animal ingiere y no sirve para que se le asimile mediante las funciones de nutrición, la Naturaleza lo restituye á la tierra ó del cuerpo se escapa sin ser notado; carece de las propiedades adecuadas, y, por tanto, no participa de todas las funciones de la vida orgánica. Pero no entiendas que solamente los animales estén sujetos á las leyes indicadas; todos los seres se regulan por ellas: mas como son diferentes entre sí las cosas que la Naturaleza ha producido, necesariamente los principios que las constituyen no pueden ser iguales, no porque haya moléculas de muchas diferentes formas, sino porque se combinan en distintas proporciones.

734. Semina cum porro distent, disserre necesse est...

Como los principios difieren, necesario es que también sean varias sus propiedades de distancias, direcciones, conexión, gravedad, atracción, repulsión y movimiento: estas cualidades no solamente nos dan medios para distinguir unos animales de otros, sino también para comprender la separación que hay entre la tierra y las aguas, y entre la atmósfera y la tierra.

739. Nunc age, dicta meo dulci quæsita labore...

Medita ahora acerca de las observaciones que voy á exponerte en forma sencilla: no entiendas que son blancos los elementos de los cuerpos que tú ves blancos; lo mismo te digo respecto á los objetos que nos parecen negros ó de cualquier otro color; ningún color existe en los cuerpos de la materia, ni parecido ni diferente al que vemos en los objetos. Y si piensas que no serían perceptibles los seres privados de color, te equivocas en verdad; los ciegos de nacimiento, que nunca han logrado percibir la luz del Sol, por el tacto conocen los cuerpos cuyo color nunca han podido apreciar; mediante este ejemplo, fácil nos será comprender la existencia de cuerpos sin color. Nosotros mismos en las tinieblas palpamos como ciegos los objetos, y adquirimos representación de ellos, aunque no distingamos su color.

757. Quod quoniam vinco fieri, nunc esse docebo...

Ahora te explicaré el fundamento de la observación precedente: cualquier color puede mudarse en otro, pero los principios materiales no pueden sufrir cambio alguno; es necesario que éstos permanezcan inmutables cuando el mundo no ha quedado ya reducido á la nada. Todo cuanto puede transformarse, por el mismo hecho está sujeto á la muerte, á dejar de ser lo que antes era. Guárdate, pues, de creer que los cuerpos simples sean teñidos, si no quieres admitir que el mundo pueda quedar aniquilado.

767. Præterea, si nulla coloris principiis est...

Con todo, si la Naturaleza ha negado color á los cuerpos simples, los ha enriquecido con formas varias, por las cuales, mediante circunstancias múltiples, pueden mostrarse diversamente colorados, según las distintas posiciones que entre sí guarden las combinaciones en que intervienen, y los movimientos á que son impelidos; todas estas son condiciones que influyen para que un cuerpo que en ciertos casos como negro se nos ofrece, en otros tenga brillante blancura; así vemos que las aguas marinas, cuando son agitadas por furiosa tempestad, se muestran como blancas en las rizadas ondas. Puedes objetar que si los elementos de un cuerpo que nos parece negro se adicionan á otros, con los cuales se confunden, ó si pierden alguna cantidad, ó si cambian de posición, adquirirán, quizá, blancura; pero observa que si el mar constase de principios materiales azules, en ninguna ocasión aparecería blanco, aun cuando lo perturbase agitación violenta, porque moléculas azules nunca darían apariencia de brillante mármol.

786. Sin alio atque alio sunt semina tincta colore...

Si los elementos que forman el mar, aunque de varios colores teñidos, pudieran dar un solo color, de manera igual que varias figuras pueden componer un cuadrado perfecto en dimensiones, necesario sería que en el mar se descubriesen los distintos colores que intervinieran para la formación de uno solo, como en el cuadrado se perciben las distintas figuras que lo forman; y en los demás cuerpos también se notarían los matices desemejantes que compusieran un color determinado. Pero la diferencia de las figuras, convenientemente colocadas, no es un obstáculo para la composición de líneas exteriores que formen cuadrado perfecto, mientras que la diferencia de colores elementales perjudica la composición de un color brillante; además, si con arreglo á estas ideas el color blanco ó negro no resulta de elementos que son exclusivamente blancos ó solamente negros, sino de una alianza de principios distintamente coloridos, no hay razón para suponer que los cuerpos simples tengan color; más creíble sería que la blancura dimanara de elementos sin color que no de cuerpos negros ó de otro color contrario.

805. Præterea, quoniam nequeunt sine luce colores...

Como no existen colores sino por la acción de la luz, y ésta no puede llegar á los principios elementales de las cosas, lícito es afirmar que los cuerpos simples no tienen color. Y ¿cómo sería posible que pudiera existir un color permanente en la obscuridad, cuando observamos que aun durante el día los colores de las cosas experimentan mudanzas, según que éstas son bañadas por un rayo de luz vertical ú oblicuo? Este fenómeno se observa en el plumaje que adorna la cerviz de la paloma y corona su cuello: cuando el Sol lo envuelve, en unas ocasiones ostenta el puro color del rubí, en otras una verde mezcla de esmeralda y de azul cerúleo: la cola del pavo real, bañada por la luz, muda frecuentemente sus matices, según la forma en que recibe los rayos luminosos. Luego es preciso reconocer que los colores se engendran por el contacto de la luz, y sin esta condición no existen ni pueden concebirse.

820. Et quoniam plagæ quoddam genus excipit in se...

Más fuertemente se impresiona la pupila en presencia de los objetos bañados de blancura, que ante el negro ó cualquier otro color; pero éste es inútil en aquellas cosas de las cuales tomamos conocimiento por medio del tacto, en las que lo esencial es la forma. Por este motivo debe justamente afirmarse que los elementos primitivos, cuyas funciones se realizan por contacto y proximidad, para nada necesitan la cualidad del color.

827. Præterea, quoniam non certis certa figuris...

Además de lo dicho, si los colores no dependen en verdad de la figura de los cuerpos, y éstos, al formarse, pueden revestir cualquiera coloración, ¿por qué no se muestran teñidos indiferentemente de varios modos? En este caso, muchas veces el cuervo, al atravesar el espacio con su vuelo, debería impresionar gratamente nuestros ojos con la albura brillante de su plumaje, y los cisnes en ocasiones ostentarían el color negro, ó una diversidad de matices. Puede notarse el hecho de que el color de los cuerpos se pierde al mismo tiempo que éstos sufren distintas divisiones, y llega el caso de que, en objetos muy fraccionados, el color se extingue: pruebas de este fenómeno ofrecen el oro cuando se reduce á suave polvo, y la púrpura cuyo luciente color de escarlata se pierde cuando se convierte en delgados hilos: de estas observaciones puedes inferir que las cosas pierden su color á medida que se acercan á la menor división de que sean susceptibles.

844. Postremo, quoniam non omnia corpora vocem...

Por último, si admites la existencia de cuerpos incapaces de producir sonido ó de emitir corrientes odoríferas, no podrás atribuir á todos los cuerpos cualidades que afecten al oído y al olfato; y de igual modo has de reconocer que los objetos no perceptibles por la vista deberán estar privados de color, como aquellos otros que no dan olor ni sonido han de carecer de las cualidades necesarias para afectar nuestros órganos correspondientes; por este motivo, el ánimo sagaz conoce que si hay cuerpos á los que faltan condiciones para impresionar algunos de nuestros sentidos, también los habrá desprovistos de color.

852. Sed ne fortè putes sole spoliata colore...

Pero no creas que solamente de color carecen los cuerpos simples; falta á ellos también condiciones para ser modificados por la acción del frío ó del calor y para impresionar nuestros nervios auditivos, gustativos y olfatorios. Tú mismo, si pretendes componer suave esencia con extracto de olorosa mejorana, de licor de mirra y de la flor de nardo, que difunde exhalaciones de néctar, buscarás sin duda para que te sirva de base el aceite más inodoro, á fin de que no altere el perfume de las flores que utilizas.

863. Propterea demum debent primordia rerum...

Los elementos primarios que entran en la composición de todos los cuerpos no desprenden emanaciones; por tanto, no dan olor, ni color, ni son fríos, templados, calientes ó sabrosos, ni tienen los otros accidentes que implican descomposición, tales como fragilidad, flexibilidad, porosidad, corruptibilidad y blandura. Debemos de confesar que los elementos simples carecen de todas esas cualidades, ante la consideración que nos suministra el hecho evidente de que la Naturaleza nunca se pierde en la nada.

875. Nunc ea, quæ sentire videmus cunque necesse est...

Después de estas observaciones, es de exigencia el reconocer que todos los cuerpos, y entre ellos los que están dotados de sensaciones, de principios materiales insensibles proceden: no hay ni siquiera un dato que sirva para refutar esta afirmación: la experiencia nos lleva como por la mano para que ante los hechos patentes nos veamos obligados á reconocer que todos los animales se producen de substancias insensibles.

881. Quippe videre licet, vivos existere vermes...

Facilísimo es ver que de restos corrompidos nacen gusanos cuando abundantes lluvias dan excesiva humedad á la tierra. Parecidos cambios sufren todos los cuerpos de la Naturaleza. Las aguas de ríos, los frutos de selvas frondosas, los fértiles prados de sonrientes praderas, en ganados se convierten; los ganados contribuyen á la formación y crecimiento de nuestro cuerpo, y éste, en no pocas ocasiones, ha servido para nutrir las fieras y darles energía.

887. Ergo omnes Natura cibos in corpora viva...

La Naturaleza convierte en cuerpos vivos las partes principales de que los alimentos constan, y de ellas también da vitalidad á los sentidos de los seres animados; no de manera distinta, en llamas transforma la leña y reduce á fuego muchos materiales. ¿Notas ahora la importancia que tendrá para nuestro estudio el fijar la posición que los elementos primitivos pueden tener entre sí, y el orden en que realizan sus movimientos mutuos? ¿Qué es lo que influye en nuestro ánimo, lo que mueve nuestro ser, lo que da actividad á nuestros sentidos, si no crees que lo insensible de lo sensible se produce? Este aserto no quiere decir que, en ocasión alguna, las piedras, la madera y la tierra en confusión mezcladas, puedan engendrar las sensaciones de la vida.

899. Illud in his igitur fœdus meminisse decebit...

Nunca he pretendido afirmar que todos los elementos, sin restricción alguna, puedan en cualquier instante producir cuerpos sensibles: lo que sostengo es que el hecho de las sensaciones y del movimiento proviene del orden, número, disposición, forma, colocación y otras circunstancias de los elementos primarios componentes de los cuerpos. Lo mismo sucede en la organización especial propia de la hierba de nuestros campos y de los árboles de nuestras florestas: cuando estos vegetales, penetrados por la acción continua de las lluvias, se descomponen y pierden algunas de sus antiguas propiedades, originan múltiples gusanillos, porque sus principios materiales constitutivos experimentan una combinación nueva adecuada á la producción de aquellos animáculos.

910. Deinde ex sensilibus cùm sensile posse creari...

Además, como observamos que la facultad de sentir es dependiente de los nervios, de las vísceras y de las venas, que son partes blandas destructibles, si entendiéramos que los cuerpos dotados de sensibilidad sólo se formaban de elementos sensibles, supondríamos que eran igualmente blandos. Y si creyéramos que esos elementos sensibles eran imperecederos, deberíamos imaginar que cada una de las partes del ser que integran era susceptible de sentir ó que ellos tenían vida propia semejante á la de los animales: pero es evidente que ningún miembro aislado puede tener sensaciones ni recibir de otros impresiones de ninguna clase: la mano ú otra cualquiera parte del cuerpo, si de éste queda separada, es incapaz de moverse y de sentir. Consideremos ahora la suposición de que los elementos primitivos que integran los seres animados tuviesen como éstos vida propia: ¿de qué manera podrían ser llamados principios de las cosas, cuando tendrían francas las puertas de la muerte y por ellas se precipitarían, como vemos que perecen continuamente los animales de cuya naturaleza participaban?

927. Quod tamen ut possint, ab cœtu, concilioque...

Y si fuera posible que los principios generadores tuviesen la misma condición de seres animados, la conjunción que entre ellos se estableciera no podría originar más que un acervo inconmensurable de animales, de modo igual que los hombres, los rebaños y las fieras por Venus impulsados sólo engendran hombres, rebaños y fieras de su misma especie. En el caso de que supusiéramos que los elementos al congregarse perdían la facultad sensorial que les fuese inherente y en cambio adquirían otra resultante de la masa, ¿no sería necesario indagar la causa que les obligara á despojarse de sus condiciones propias? Pero si vemos, como ya antes he dicho, que huevos de aves en aves se transforman, y que la descomposición de restos inanimados expuestos en la tierra á la acción de las lluvias crea camadas palpitantes de gusanos, forzoso es reconocer que de cuerpos insensibles surgen los seres dotados de sensibilidad.

939. Quòd si fortè aliquis dicet, duntaxat oriri...

Si alguno pretendiera que lo sensible puede surgir de lo insensible sólo en virtud de mudanza efectuada en esto último durante una evolución parecida á la que experimenta el animal desde el estado embrionario hasta que se muestra á luz, sería preciso hacerle saber que á todo nacimiento precede indeclinablemente la formación de un organismo, que no hay mudanza donde no hay un ente capaz de ser mudado, y que no pueden surgir las sensaciones sino en seres sensibles; luego antes de que haya una determinación corpórea cualquiera, los materiales que han de integrarla se hallarán confundidos en el aire, en el agua, en la tierra y en el fuego, y no podrán de modo alguno establecer entre sí mutuas relaciones que den por resultado la vida manifestada en sensaciones y movimiento.

952. Præterea, quamvis animantem grandior ictus...

Choques violentos que repentinamente conmuevan la constitución de un animal, pueden variar la posición de los elementos materiales de éste, y consiguientemente confundir las facultades de su alma y trastornar las funciones de su cuerpo, hasta el punto de que la acción de la vida se anule y la materia sacudida en los miembros rompa los lazos del alma y ésta sea lanzada fuera por todos los poros. Aun así, esas contrarias fuerzas ¿podrán hacer algo más que apartar y disolver?

962. Fit quoque, uti soleant minus oblato acriter ictu...

Pero si los choques son menos rudos, la energía vital puede resistirlos, calmar el desorden que produzcan sobre el cuerpo atacado, reconstituir éste, dominar la acción destructora de la muerte, la cual podría haberse apoderado en un momento de cuasi todo el organismo, y sostener la vida próxima á desvanecerse. ¿Cómo, si así no fuera, habría de ocurrir que en ciertas ocasiones los sentidos cercanos á la extinción pudieran reverter á la vida y consolidar la unidad del alma, sin ceder al movimiento de inmediata disolución que los empujara?

970. Præterea, quoniam dolor est, ubi materiai...

Es también cierto que el cuerpo vivo experimenta dolor cuando los principios materiales que integran sus vísceras son perturbados en su posición ordinaria; pero cuando éstos recuperan su estado normal, aquél vuelve á sentir bienestar agradable. Y como los elementos no constan de partes que puedan separarse y volverse á reunir, lícito será afirmar de ellos que no pueden ser ofendidos por el dolor ni lisonjeados por el placer: luego son incapaces de sensaciones.

981. Denique, uti possint sentire animalia quæque...

En fin, si para explicarse las sensaciones de los animales hubiera que atribuir á éstos una composición de principios sensibles, ¿qué sucedería? Deberíamos admitir que los elementos constitutivos del hombre eran agitados por trémula risa, vertían lágrimas que les inundasen boca y mejillas, perspicuamente investigaban las causas de los fenómenos y hasta indagaban su propia íntima estructura: porque si los elementos que componen al hombre han de ser equiparados al hombre mismo, deberán constar de principios materiales y éstos de otros, y así indefinidamente. Según estos datos, si me hablas de un ser que se comunica, ríe y sabe, deberé pensar que dicho ser está compuesto de substancias simples que hagan lo mismo. Pero si pensamos que esta afirmación es un delirio de mente perturbada porque un ser puede reir aunque no esté formado por elementos que rían; y saber y comunicar sus ideas con docto razonamiento, sin que sus principios constitutivos sean elocuentes ni sabios, ¿cómo podremos negar que los seres sensibles resulten de componentes insensibles?

999. Denique cœlesti sumus omnes semine oriundi...

Todos somos originarios del Cielo; éste, padre de todos, envía gérmenes creadores á nuestra madre la Tierra que, fecundada, produce nítidas frutas, lozanos arbustos, el género humano y toda clase de animales á cuyas necesidades provee con alimentos útiles para la vida individual y para la propagación de las especies: por este motivo con razón se da á la Tierra nombre de madre. Cuanto de la Tierra dimana vuelve otra vez á ella; y cuanto proviene de las regiones celestiales otra vez tiene entrada en las mansiones etéreas. Los cuerpos simples de la materia, aun cuando los veamos convertidos en inútiles sobrantes excretados, son eternos: la muerte, que destruye las formaciones compuestas, deja incólumes los componentes; cuando más, los separa á fin de que la Naturaleza vuelva á asociarlos de otro modo, en nuevas formas, con diferentes colores, en integraciones dotadas de sensibilidad ó sin esta condición. Los hechos apuntados te harán conocer que es necesario estudiar con detenimiento las combinaciones variadas, las diversas posturas y los diferentes cambios que experimentan los primeros elementos, ya que de ellos y de sus mudanzas de posición surge la vida y dependen el nacimiento y la muerte. En estos mismos versos puede observarse que la significación de ellos depende ciertamente del orden en que están colocadas las palabras que los componen: con las mismas letras se forman vocablos representativos de las ideas de cielo, mar, tierra, astros, sol, frutos, árboles y animales: en muchas ocasiones la inversión de letras determina significados muy distintos. Así también sucede con los elementos de la materia: si cambian de lugar, posición, orden, cantidad y proporciones, cambian las cosas que integran, y la figura de ellas, y su peso, y sus relaciones recíprocas.

1031. Nunc animum nobis adhibe veram ad rationem...

Dispón ahora tu ánimo para escuchar nuevos razonamientos: otra serie de consideraciones pugnan vehementemente por llegar á tus oídos, y verdades no generalizadas voy á darte á conocer. Así como nada hay tan fácil que al iniciarse no parezca de concepción difícil, así también nada hay grande ni admirable en un principio que no pierda poco á poco su importancia cuando lo contemplamos mucho tiempo: si el color puro y brillante del espacio sideral, las estrellas que la noche adornan, y la luz esplendorosa del Sol y de la Luna apareciesen á nuestra vista de improviso por vez primera, ante sus maravillas quedaríamos sorprendidos; ¿qué cosa podría ser comparada con tan admirables portentos y qué personas se hubieran atrevido á imaginar, antes de presenciarlos, tan soberbios espectáculos? pero hoy los vemos sin asombro alguno, y tan acostumbrados á ellos estamos, que apenas hay alguien que se digne levantar los ojos para contemplar la arquitectura del cielo. Así la novedad de las reflexiones que voy á presentarte, no debe causar prevenciones en tu ánimo; por lo contrario, debe estimular tu atención á fin de que medites en los hechos que voy á exponerte y admitas mis razones si crees que son verdaderas, ó las rechaces si las consideras falsas. Trato de indagar si el infinito espacio puede traspasar el ámbito del mundo, y lo que puede haber más allá de la redondez de la tierra hasta donde la mente pueda alcanzar, y el ánimo, libre de prevenciones, consiga elevar su vuelo.

1056. Principio, nobis in cunctas undique partes...

Primeramente, al considerar todas las cosas, ya sea de un lado para otro, ya de arriba para abajo, no se hallan límites al Todo, y como ya te he dicho, esta evidencia se proclama por sí misma y se demuestra por todo el orden natural. De ningún modo ha de juzgarse verosímil que en el infinito espacio donde en número ilimitado con movimiento eterno vuelan gérmenes de muchas formas, se hayan creado solamente este orbe terráqueo y ese cielo que lo rodea; y haya, por tanto, muchísimos elementos primitivos encerrados en perpetuo ocio. Todo cuanto existe ha sido hecho por la Naturaleza, y los principios de las cosas, por su propia condición, después de movimientos varios inútiles, discordantes, destructivos, casuales, han originado este conjunto de tierras, mares, cielo, y el género de animales: luego es preciso reconocer que en el infinito espacio existirán sin duda otros muchos agregados semejantes á este que forma nuestro mundo.

1075. Præterea, cùm materies est multa parata...

Además, siempre que en la Naturaleza haya una cantidad conveniente de materia y sitio que le sea adecuado, si no hay causa que se le oponga, por necesidad han de producirse algunos seres. Ahora bien; como los elementos de la materia se dan constantemente en número que no podría contarse durante los siglos, y todos han de poseer igual aptitud para moverse en el espacio y unirse en combinaciones varias, debemos creer que en la inmensidad habrá otros mundos como el nuestro y otros hombres y otras fieras.

1085. Huc accedit, ut in summa res nulla sit una...

Ocurre también que en el mundo ningún ser hay único en su especie que nazca aislado y crezca en la soledad; de cada género hay numerosos individuos: puedes comprobar esta afirmación sólo con observar lo que sucede entre los animales, pues lo mismo que abundan las fieras errantes en los montes y la progenie humana y las mudas especies escamosas y las razas volátiles, es racional suponer que de igual modo la Tierra, el Sol, la Luna, los mares y todas las entidades que nosotros vemos no han de ser únicos en el concierto universal, sino pertenecerán á un orden numeroso, y estarán sujetos á las leyes de vida y muerte, lo mismo que los demás grupos formados por numerosos individuos.

1098. Multaque post Mundi tempus genitale, diemque...

Después del génesis del Mundo y del día de la creación de mar y tierra, formado ya el Sol, quedaron en torno de aquél muchos elementos surgidos del Todo universal que los contenía: de ellos el mar y las tierras obtuvieron sucesivo aumento, el espacio se embelleció con el templo del cielo cuyos elevados techos están situados muy lejos de la tierra, y se originó la circulación del aire. Los elementos, por la acción de sus atracciones y repulsiones, se reparten por todos sitios, y se juntan entre sí los que son de la misma especie: los propios del agua al agua; con adiciones de tierra la tierra aumenta; el fuego se aviva con el fuego; el éter con el éter, hasta que la Naturaleza, creadora siempre, haya elevado el crecimiento á su límite normal; y cuando se dé el caso de que en las corrientes de la vida, plenamente ocupadas, no puedan tomar curso nuevas adiciones, habrá proporcionalidad entre las restituciones y las pérdidas: en el apogeo de la vida la Naturaleza habrá de restringir sus fuerzas productoras.

1115. Nam quæcumque vides hilaro grandescere adauctu...

Y los cuerpos que ves llegar á su madurez con paulatino é incesante crecimiento se asimilan más que gastan, porque el producto de las substancias alimenticias circula en ellos sin obstáculo por las venas y los vasos, en tanto que los poros no se dilatan cuanto sería necesario para que dichos cuerpos sufrieran grandes pérdidas; es indudable que éstas siempre existen, pero el ser las repara fácilmente mientras que no llega al término del crecimiento. Desde que alcanza esa altura, empieza á descender y poco á poco el vigor se le agota y las fuerzas se le extinguen: cuanta más extensión ocupe un cuerpo vivo que haya tocado la meta del regular desarrollo, mayores pérdidas ha de experimentar: ya el jugo de las substancias nutricias no circula bien por sus venas; ya le es insuficiente la alimentación; ya la Naturaleza no renueva en aquel ser las fuerzas que el mismo consume diariamente; entonces el cuerpo debe perecer porque lentamente ha disminuido en densidad todo lo que ha perdido en emanaciones, y de este modo ha entibiado la energía de la vida: los seres en la vejez no pueden suplir lo que les falta, y abatidos, incapaces para resistir los choques de todos los cuerpos que giran á su alrededor, necesariamente sucumben.

1138. Sic igitur magni quoque circùm mœnia Mundi...

Así, combatido por todos lados, el edificio del Mundo quedará alguna vez destruido; porque si bien no cesará de improviso la renovación de los medios que sirven para rehacer y sustentar los seres, como las corrientes de la vida poco á poco dejarán de recibir los recursos que enriquecen su caudal, porque la Naturaleza extinguirá los manantiales tributarios, los siglos morirán por consunción. Observemos que hoy la Tierra mantiene animales exiguos, cuando en el principio de la vida organizada creó individuos corpulentos, razas fuertes; pensemos también que las actuales especies no descenderían de los espacios por dorada cuerda ni serían producidas por los mares que baten con furor las rocas; la Tierra pudo antes crearlas y ahora sólo puede sostenerlas; espontáneamente hacía surgir del suelo tallos de doradas mieses, sonrientes viñas que utilizaban los mortales, viciosos pastos y sabrosas frutas; pero hoy esos vegetales, para dar buenos productos, exigen el auxilio del trabajo nuestro: los bueyes sufren bajo el peso del arado; los agricultores consumen sus fuerzas en la ruda tarea de labrar los campos; las cosechas disminuyen, los esfuerzos aumentan: el viejo campesino apenado considera la esterilidad de sus continuadas fatigas, compara los tiempos actuales con los pasados y envidia la fortuna que disfrutaban sus abuelos; refiere que en aquellos remotos días los hombres respetaban lo ajeno y estaban satisfechos con el producto de sus terrenos, que aunque muy reducidos, producían abundosos frutos. Lo que ese humilde labrador no ve, es que todo cuanto existe consume lentamente su propio vigor, hasta que extenuado se pierde en el piélago de la decrepitud.

1167 á 1181. Quæ bene cognita si teneas, Natura videtur...

Si de estas verdades te penetras, considerarás desde luego á la Naturaleza como libre del dominio de soberbios señores, gobernada por sí propia, y de númenes completamente desligada. ¡Oh, dioses que en dulce paz vivís con tranquila, sosegada calma! ¿cuál de vosotros rige el Universo y sustenta en su mano vigorosa el poder moderador de todo cuanto existe? ¿cuál gobierna los espacios siderales? ¿cuál hace fructíferas las tierras con la mediación de fenómenos etéreos y provee oportunamente en todos sitios á la vida? ¿cuál extiende las tinieblas, condensa las nubes, desata las tempestades y fulmina rayos que muchas veces destruyen vuestros mismos templos y con frecuencia recorren extensiones dilatadas en la que dejan ilesos á muchos malvados y matan á hombres virtuosos no merecedores de tan fatal desastre[28]?

[28] En todas las antiguas ediciones del poema de Lucrecio este pasaje aparece en otro lugar del mismo canto segundo; pero el traductor ha creído que Lagrange estuvo muy acertado al colocarlo en este sitio, de donde tal vez lo separaron en tiempos remotos copistas poco expertos.


Erratas. En la nota última de la pág. 7, donde dice su Infierno, debe decir el Infierno de su Divina Comedia.

Y en la línea undécima de la pág. 81, donde dice aspergios debe decir arpegios.