VII.
Un año se pasó, y en México se olvidaron casi de Benavides, que restablecido de su peligrosa enfermedad seguía siendo juzgado por la Audiencia.
Pero el lunes 10 de julio de 1684 se supo que el Tapado había sido condenado á muerte, y que había sido puesto ya en capilla, y como una ejecución de justicia era en aquellos tiempos un espectáculo público muy concurrido, todos comenzaron á disponerse para asistir á esta que, según las leyes y la práctica, debía verificarse tres días después, es decir, el miércoles 14.
En efecto así aconteció; Benavides pasó en la capilla esos tres días de agonía, que son el más terrible de los castigos, y durante ellos hizo llamar á Castillo, el secretario del Virrey, para hacerle una revelación: ¿qué le dijo? jamás se supo.
Amaneció por fin el día 14; la Plaza de Armas y las calles cercanas se llenaron de curiosos, las gentes coronaron las azoteas, y el sol puro y brillante en medio de un cielo limpio y sereno, alumbró con sus ardientes rayos una muchedumbre ansiosa de contemplar el suplicio de un hombre que ningún mal le había hecho y á quien solo de nombre conocía.
Don Antonio de Benavides, con el pecho cubierto de escapularios, sin sombrero, vestido de negro y caballero en una mula salió de la cárcel rodeado de soldados, llevando á su lado dos sacerdotes que le animaban á morir cristianamente.
La fúnebre comitiva hizo aquella especie de paseo que se acostumbraba hacer con los reos, y en cada esquina el pregonero con voz atronadora publicaba el nombre del ajusticiado, su crimen y la pena que iba á sufrir.
Así llegaron hasta la horca que estaba en el centro de la plaza. Benavides fué bajado de la mula, el verdugo pasó el dogal alrededor de su cuello, los sacerdotes redoblaron sus fervorosas oraciones.—¡Jesús te acompañe!—murmuró la multitud, y...... D. Antonio de Benavides, marqués de San Vicente, visitador, mariscal de campo y castellano de Acapulco, no era ya más que un cadáver que se mecía en la horca.
Después de esto, los sacerdotes se retiraron y los verdugos descolgaron el cadáver, y conforme á la sentencia le cortaron las manos y la cabeza: una mano se clavó en la horca, y la otra y la cabeza fueron enviadas á Puebla.
En estos momentos, cuando en la plaza resonaban los martillazos del verdugo que enclavaba en la horca la mano, el sol que había ido palideciendo se eclipsó totalmente, la muchedumbre, impresionada con el espectáculo, sintió un terror supersticioso al ver que el sol se obscurecía, y huyó despavorida en todas direcciones.
Un momento después la gran plaza estaba desierta.
El más impenetrable misterio vela toda esta historia. ¿Quién era el Tapado? ¿á qué vino á México? ¿qué habló con el virrey? Nadie lo supo. Quizá algún día el casual encuentro de algún ignorado expediente, en México ó en España, arroje la luz sobre este, hasta hoy, sombrío episodio de nuestra historia colonial.
ÍNDICE.
NOTAS:
[1] La narración de los últimos días de este infortunado monarca, se refiere en este artículo enteramente ajustada á las historias y crónicas antiguas.
[2] La aparición de este cometa que tanto miedo causó á los mexicanos, parece que es la que señala Arago en su Catálogo en el año de 1514.
[3] Historia de las Indias de N. España por Fr. Diego Durán, publicada por D. José Fernando Ramírez.
[4] Fr. Diego Durán.
[5] Torquemada.—Monarquía Indiana.
[6] Prescott.—Historia de la Conquista.
[7] Prescott.—Historia de la Conquista.
[8] Se ha adoptado para finalizar este escrito la tradición más probable de la muerte de Moctezuma, y puede verse en el tomo 10.º del Boletín de Geografía y Estadística la disquisición histórica hecha por el Sr. D. Fernando Ramírez.
[9] Fr. Diego Durán.
[10] Prescott, Historia de México; Gomara, Ixtlilxochil, Herrera, Camargo.
[11] Torquemada y Sahagun.
[12] Actas del Ayuntamiento de México.—Año de 1525. Alamán.—Cabo.
[13] Los datos están tomados de Torquemada, el padre Cabo, y especialmente de la curiosa noticia histórica escrita por D. Manuel Orozco y Berra. Algunos de los pormenores se encuentran esparcidos en las crónicas antiguas de los conventos; así, en estos estudios no hacemos sino animar á los personajes y ponerlos por un instante de bulto ante el lector, pero conservando en todo la verdad histórica.
[14] Alamán, Disertaciones.—Prescott, Historia de la conquista de Nueva España.
[15] Cabo, Los tres siglos.—Mota Padilla, Conquista de la Nueva Galicia.—M. S. citado por el Sr. García Icazbalceta en su articulo «Alvarado.»—Diccionario de historia y geografía.
[16] Este cometa es sin duda el mismo que registra Arago en su catálogo bajo el número 32, y que fué observado en 1577 por Tycho-Brahe, y calculado por Halley y Woldsted.
[17] Cabo, Los tres siglos de México, libro 5.—Torquemada, pár. 6, cap. 23.
[18] Cabo, Los tres siglos. Dávila Padilla, Historia de los dominicanos. Sahagún, Historia de Nueva España.
[19] Cabo, Los Tres Siglos.
[20] Cabo.—Torquemada.—Vetancourt.