IV

En poco tiempo Mina llenó con su nombre toda la Nueva España. Las gentes, cuando pasaba por algún pueblo, salían á verle con admiración, y el virrey, al acostarse y al levantarse tenía en sus oídos este nombre fatal.

El gobierno colonial desplegó la mayor actividad, reuniendo en Querétaro un cuerpo de tropas escogidas que puso á las órdenes del Mariscal Liñán, y apeló, además, á los medios de costumbre, que fueron declarar al héroe de Peotillos traidor, sacrílego y malvado. Ya en fines de Julio, Mina tenía sobre sí en la provincia de Guanajuato á Liñán, Orrantia, Negrete, Villaseñor, Bustamante (Don Anastasio), y cuantos otros jefes se consideraron capaces de afrontar el ataque rápido y terrible de los atrevidos aventureros que militaban bajo sus órdenes. Las fuerzas españolas se fueron colocando en puntos convenientes, hasta que al fin se acercaron y establecieron un sitio al fuerte del Sombrero. Este lugar dista de Guanajuato 18 leguas, y 6 de la ciudad de León, Mina, con cosa de mil hombres mal armados y unas viejas piezas de artillería, se resolvió á esperar y defenderse hasta el último extremo.

El 1.º de Agosto el enemigo rompió el fuego de cañón, que continuó sin interrupción durante cuatro días. Creyendo Liñán que los defensores estarían ya acobardados, dispuso un asalto por cuatro puntos, y por todos ellos fué rechazado. Entonces se hicieron á Mina proposiciones muy lisonjeras, que rehusó constantemente.

El fuego de cañón comenzó otra vez con más fuerza; la escasa agua que había en un algibe del fuerte se acabó, y las nubes derramaban en las cercanías frescas y abundantes lluvias; mientras los hombres del fuerte morían de sed. Mina, entonces, para contener la desesperación de sus soldados, hizo una salida sobre el campo de Negrete, le mató mucha gente y le tomó un reducto, pero tuvo que retirarse y volverse á encerrar en aquellas rocas secas y fatales.

El 15, Liñán hizo un terrible empuje y arrojó todas sus columnas sobre el fuerte, pero fué rechazado, perdiendo más de 200 hombres que quedaron tirados en las barrancas.

Los independientes no podían, sin embargo, sostener la posición. La sed los hacía rabiosos, y la peste los diezmaba. Resolvieron en una noche obscura abandonar el fuerte, pero al atravesar la barranca fueron sentidos, y las tropas españolas cayeron sobre ellos, y hubo en la obscuridad una horrible matanza de que pocos escaparon. Liñán ocupó el fuerte el 20, y su primera disposición fué mandar fusilar á los enfermos y heridos que habían quedado abandonados en esa noche triste de la Independencia mexicana.

Mina, protegiendo la salida, animando á los débiles, recogiendo á los dispersos, sostuvo la posición hasta lo último; pero ya rodeado de tropas españolas, no le quedó más arbitrio que abrirse paso con cien caballos, logrando escapar de la fuerza enemiga y llegar al fuerte de los Remedios, en el cerro de San Gregorio.

El 27, Liñán con todas sus tropas se presentó delante del fuerte de los Remedios. Mina, dejando sus buenas tropas en esta posición, expedicionó por el Bajío con cerca de 900 insurgentes de caballería. Se posesionó á viva fuerza de la hacienda del Bizcocho y de San Luis de la Paz. Fué rechazado de la Zanja y derrotado por Orrantia en la hacienda de la Caja. No pierde, sin embargo, el ánimo, y con veinte hombres que le quedaron, se dirige á Jaujilla á conferenciar con la Junta, y empeñado en auxiliar á los sitiados en el fuerte de los Remedios, vuelve otra vez á Guanajuato, reune á los insurgentes, toma la mina de la Luz, penetra en las calles, y allí desorganizadas las tropas que eran colecticias, bizoñas é insubordinadas, es completamente derrotado. Con 40 infantes y 20 caballos pasa la noche cerca de la mina de la Luz, y al día siguiente se dirige al rancho del Venadito, cuyo dueño era su amigo Don Mariano Herrera.

«Por las noticias que Orrantia adquirió en Guanajuato, supo el lugar donde Mina debería encontrarse, y á las diez de la noche salió con 500 caballos, dejando la infantería en Silao. Mina, á quien había venido á ver Moreno, en la confianza de estar seguro en un lugar tan oculto y con las precauciones que había tomado, se propuso descansar, y por primera vez después de muchas noches se quitó el uniforme y permitió que desensillasen sus caballos.»

Al amanecer del 17, Orrantia llegó al rancho y su avanzada de caballería rodeó la casa y sorprendió á los que todavía dormían tranquilos. Moreno murió defendiéndose, y Mina, hecho prisionero, y llevado delante de Orrantia, fué insultado por éste y maltratado de una manera villana, hasta el extremo de darle de cintarazos.

El 11 de Noviembre, á las cuatro de la tarde, fué conducido Mina al Cerro del Bellaco, donde fué fusilado por la espalda á la vista de los campamentos español é insurgente, que suspendieron las hostilidades para presenciar la muerte del indomable aventurero, que aun no cumplía veintinueve años, y que hizo temblar al antiguo virreinato de la Nueva España.

Manuel Payno.

GUERRERO