IV

El único resultado aparente de la primera junta, fué jurar á Fernando VII como monarca legítimo de España é Indias.

Poco tiempo después, el 30 de Agosto, se presentaron en México el brigadier de marina Don Juan Jabat y el coronel Don Tomás de Jáuregui, hermano de la mujer del virrey, comisionados ambos por la junta de Sevilla, para exigir del virrey de México que reconociese la soberanía de esa junta y pusiese á su disposición el tesoro de la colonia.

Reunióse con este motivo una segunda junta, y allí los comisionados presentaron sus despachos y sus autorizaciones que se extendían hasta aprehender al virrey en caso de que se negase á obedecer.

Las discusiones fueron acaloradas, la sesión se prolongó por muchas horas, y por fin llegó á resolverse definitivamente que no se reconocía á la junta de Sevilla.

Llegaron pliegos de la junta de Oviedo, conteniendo la misma pretensión; volvió el virrey á citar otra junta, leyólos en ella y agregó, que España estaba en la más completa anarquía, y que su opinión era no obedecer á ninguna de aquellas juntas.

Siguióse aún otra junta, tan acalorada como las anteriores, y el virrey insistía siempre en renunciar, á lo que se oponía con tenacidad el Ayuntamiento, y sobre todos el Lic. Verdad.

En fin, Iturrigaray se decidió á formar en México una junta y un gobierno provisional, á imitación de los de España; llegaron á expedirse las circulares á los ayuntamientos, y la villa de Jalapa nombró sus dos comisionados que se presentaron en la capital.

Los oidores no estaban conformes con esa resolución; pretendían indudablemente deshacerse del virrey con el objeto de que la Audiencia entrase á gobernar, y como en aquellos días el rey no podía nombrar otro virrey en lugar de Iturrigaray, y las juntas españolas no eran reconocidas en México, el poder quedaría durante largo tiempo en manos de la Audiencia.

Los oidores Aguirre y Batani eran el alma de esta conjuración; casi todas las noches se reunían á conspirar los de la Audiencia y sus amigos; el fiscal Borbón adulaba al virrey en su presencia, y conspiraba con tanto ardor como los demás; Iturrigaray estaba sobre un volcán.

El Ayuntamiento era partidario del virrey, porque el virrey sostenía la buena causa; pero el Ayuntamiento de México no pudo ó no quiso apoyar á Iturrigaray, y se abandonó, sin conocer que en medio de las tinieblas conspiraba la Audiencia, y que el virrey debía arrastrar en su caída á los regidores.

Los comisionados de la junta de Sevilla trabajaban también contra el virrey; Jáuregui, á pesar de ser su cuñado, y Jabat porque era enemigo personal de Iturrigaray desde que éste vivía en España.

La suerte favoreció en su empresa á los conspiradores.