VI
El general Francisco Alcalde, de paso por Huixquilucan, el 5 de Julio de 1862, exhumó los restos de don Santos Degollado.
Yacían cerca de la puerta de la iglesia.
Un soldado del general Aureliano Rivera que había presenciado el entierro hecho por Gálvez, indicó el sitio.
El cadáver estaba bien conservado: en camiseta, calzoncillos, una herida en el cerebelo, otra en el cuello y otra en el pecho.
Se leía en el interior de la tapa del ataúd:
AQUI YACEN LOS RESTOS DEL DESGRACIADO C. SANTOS DEGOLLADO.—UN AMIGO SUYO.—SCHAFINO.
Los restos estuvieron expuestos en el Palacio Municipal.
El 21 se le hicieron suntuosas honras fúnebres en esta Capital.
La comitiva del entierro, en la que iba el Presidente de la República, recorrió el Portal de Mercaderes, Plateros y San Francisco.
En el centro de la Alameda, bajo una rotonda, se pronunciaron discursos.
El cadáver quedaría depositado en el Panteón de San Fernando, según la invitación del Gobierno del Distrito, que se hizo representar por el señor Pascual Miranda.
Después, á petición de la familia, los restos fueron sepultados en el Cementerio Británico, como en sagrado, para que no fuesen profanados.
El 2 de Noviembre de 1889, el señor Francisco Alatorre, empleado en la garita de la Tlaxpana y antiguo soldado del general Santos Degollado, visitó el Cementerio Británico.
Una arboleda alta y frondosa, la tierra negra y húmeda de fertilidad; la gente iba y venía por las amplias y frescas calles; en los sepulcros, cargados de adornos, ardían cirios y los deudos parecían retraerse y estar en vela; el recogimiento del dolor reinaba.
De súbito, el soldado se detiene ante un contraste: entre el rico embellecimiento artificial había un sepulcro humilde; lo señalaba el césped y un valladito de arquillos de bejuco, y un ciprés con sus ramas secas y su sombra le lloraba. Al encuentro salía un frontón en que se leía este como recuerdo de la patria:
EL GENERAL SANTOS DEGOLLADO.
15 DE JUNIO DE 1861.
El soldado se decubrió y echó á volar su memoria: Morelia, Guanajuato, Jalisco, Colima, Toluca, el Monte de Las Cruces.
Y luego olvidó todo y se puso á orar por su buen jefe.
Ahí reposaba su general, el COLMENERO como le llamaban, el valiente que no hizo mal á nadie, que tuvo más patriotismo que ninguno, que fué siempre justo y honrado y cariñoso.
Lo veía con la eterna dulzura en el rostro alentar á sus soldados en las batallas, infundirles la esperanza, hacer que amasen á la patria sacrificándose y ofreciéndole la vida.
—¿Por qué aquí? ¡Ah, eres humilde hasta en la muerte!—dijo el soldado.
Diecisiete años han transcurrido.
El tiempo ha hecho más humilde el sepulcro de don Santos Degollado.
Bien decía el Archiduque Maximiliano al general Nicolás Medina, en 1864:
—¡Pobre hombre! No lo comprendió su siglo, no lo conoció su país[13].
Angel Pola.
LEANDRO DEL VALLE
1833-1861
Me viene la conformidad, luego que recuerdo que murió por su patria—Ignacia Martinez, madre de Leandro del Valle.