ESCENA II
LOS MISMOS y FLORIA
Floria
(Corriendo a abrazar a Mario.) ¡Mario!
Mario
¡Alma mía!
Floria
¿Me has perdonado ya?
Mario
¡Perdonarte! ¡Tú eres quien debe perdonarme un injusto movimiento de cólera!... ¡Qué habías de hacer después de atormentarte de aquel modo!... ¿Vienes a darme el último adiós?
Floria
(Mirando de soslayo a los polizontes que ante una señal de Colometti se disponen a marcharse.) No... no vengo a darte el último adiós.
Mario
(Sin comprender.) ¿Qué dices?
Floria
(En voz baja.) ¡Calla!... Espera, espera a que se hayan marchado. (Acerca su rostro al de Mario, el cual al sentir su contacto en la mejilla no puede contener un gesto de dolor.) ¿Sufres mucho todavía?
Mario
(Cogiéndole las manos a Floria y besándolas con amor.) No... un poco... Ya estoy mejor.
Floria
Yo te curaré. ¡Amor mío!... Dentro de algunos minutos estaremos lejos, muy lejos de esta ciudad... Los dos juntos... y a salvo de todo riesgo... (En este momento han salido el carcelero y los soldados y no queda más que Colometti.) Sí... te traigo la libertad, la salvación.
Mario
(Asombrado.) ¡Mi libertad!
Floria
Absoluta.
Mario
(Atónito.) ¡De Scarpia!
Floria
Sí, de él, de él mismo... ¿No es cierto señor Comisario? ¿No es verdad que estará libre?
Colometti
Hace pocos momentos su excelencia me ha dado órdenes que confirman todo cuanto dice la señora.
Floria
¿Lo ves, Mario?
Mario
(Mirando a uno y a otro.) ¡Órdenes! ¿Qué órdenes son esas? (Sin comprender.)
Floria
Que tu fusilamiento no será más que simulado. ¿Entiendes? Nada más que por pura fórmula... pero los fusiles estarán cargados con pólvora sola. ¿No es cierto señor Comisario? (Colometti hace una señal de asentimiento.) Sin bala. ¿Entiendes bien? Y para mayor seguridad las armas las preparará el mismo señor Comisario, aquí presente. ¿No es verdad? (Colometti vuelve a afirmar. Mario sigue mirándola con incredulidad.) Que te lo asegure él, que él mismo te lo afirme, porque parece que no quieres dar crédito a mis palabras... Vamos, hablad, hablad pronto. (A Colometti.)
Colometti
Sí, yo mismo he cargado los fusiles... Así lo ha ordenado su excelencia.
Floria
¿Lo oyes? Él mismo acaba de decirlo... Ya ves que no te engaño... En seguida te conducirán a la explanada y al oír el ruido de la descarga te dejarás caer en tierra como muerto... El señor Comisario despedirá al piquete y en el acto te abrirá la puerta del castillo. Saltamos después en mi coche y ya estamos en libertad... ¿Comprendes? En libertad completa... ¡Libres para siempre! ¿Ves qué felicidad tan grande?
Mario
(Con la misma incredulidad.) ¿Pero todo eso es posible?
Floria
Naturalmente. ¿Por qué muestras tanto empeño en negarlo? Mira... Mira... (Sacando del pecho el salvoconducto.) Aquí está el salvoconducto para atravesar la frontera.
Mario
¿Tú?
Floria
Y tú también. ¡Mario mío! Léelo entero. «La señora Floria, llamada La Tosca, y el caballero que la acompaña.» Bien claro está.
Mario
(Después de leer.) Sí, eso dice. ¿Y la firma de Scarpia? (Confuso y sin comprender.)
Floria
¿Estás convencido? (Abrazándole.)
Mario
(Creyendo adivinar.) ¡Ah! (Se detiene mirando a Colometti.)
Colometti
Sí, el caballero no debe tener ningún género de desconfianza. Conviene apresurarse y no aguardar a que el día aclare por completo. Después tendrán tiempo de hablar y abrazarse.
Floria
¡Es verdad!... ¡Tenéis razón!... ¡Pronto!... ¡Pronto!...
Colometti
El piquete se encuentra ya formado en la explanada. Voy a cerciorarme de que el sitio está completamente desierto y vuelvo a buscaros.
Floria
Sí... sí... Que nadie te vea. ¡Cómo os agradezco lo que hacéis por nosotros!
Colometti
Cumplo las órdenes de mi jefe. (Vase.)