ESCENA III

FLORIA y MARIO. Floria penetra impetuosamente en la escena, observándolo todo con mirada recelosa.

Mario

(Acercándose a ella y cogiéndole la mano con ternura.) ¿Eres tú?

Floria

(Mirándolo fijamente.) Sí, yo... ¿Te disgusta acaso?

Mario

No, me inquieta... ¿Por qué has venido?

Floria

Por curiosidad... Quiero verla.

Mario

¿A quién?

Floria

A tu querida.

Mario ¿A mi...? (Riéndose.) ¿Conque era eso? ¿Un arrebato de celos, nada más? ¡Me has dado un susto!

Floria

No te hagas el desentendido. ¿Dónde está? Porque ella está aquí, no me cabe duda.

Mario

¿Pero, quién es ella?

Floria

Ya te lo he dicho... Tu Marquesa.

Mario

(Bromeándose.) Y vuelta con la Marquesa.

Floria

Si yo sé que está aquí escondida. (Viendo los vestidos que dejó Angelotti sobre una silla.) ¡Ah!... Bien decía yo.

Mario

¿Qué? ¿La encontraste al fin?

Floria

(Mostrándole el vestido.) ¿Y esto? ¿De quién es? ¿Es un traje tuyo, por ventura?

Mario

(Siempre en tono de broma.) Vamos, ven acá... Yo te explicaré.

Floria

No, me engañas... Estaba aquí contigo. Sirviéndote de modelo quizá... ¡Miren la inocente!

Mario

(Cogiéndole las manos.) Déjame hablar.

Floria

(Separándose de él.) Aparta... No te acerques a mí. (Acercándose a la puerta de la izquierda.) Tened la bondad de salir, señora Marquesa... Vamos... No os dé rubor de presentaros en ese traje.

Mario

Escucha, Floria.

Floria

(Siguiendo sin hacerte caso y arrojando el abanico sobre la mesa.) Devuelve su abanico a ese portento de virtud, para que tenga, al menos, algún objeto con que cubrir sus formas.

Mario

¿Pero te has vuelto loca? Loca de remate.

Floria

Sí, lo estoy. Es una verdadera locura el amar a un hombre que no me quiere, que me engaña, que me traiciona, que pasa de los brazos de esa infame a los míos.

Mario

Pero, ¡óyeme, por favor!

Floria

(Rompiendo a llorar.) ¡Ah! el miserable... el inicuo... Y yo le adoro con toda mi alma, y no vivo más que por él y para él... Sí, soy tan cobarde que le amo, le llevo en el corazón, en la sangre, en todo mi ser... Y la primera desvergonzada que llega me lo roba, y yo continúo siendo tan vil que aun sabiéndolo, todavía le quiero, le quiero más que nunca, y siento que, cuanto más me esfuerzo en aborrecerlo, le quiero con mayor ímpetu. ¿Hay en el mundo mayor infelicidad que la mía? (Cae sentada en un silla, esconde la cabeza entre sus manos y llora apoyada en la mesa.)

Mario

(Acercándose a ella amorosamente.) ¿Has acabado ya? ¿Pasó el acceso? ¿Me permites ahora que te diga una palabra? ¿Una sola? (Le coge una mano que ella le abandona, mientras se enjuga el llanto con la otra.)

Floria

(Sin mirarlo, pero con amorosa reconvención.) ¡Infame! ¡Infame! ¡Engañarme así!

Mario

Pues bien, no lo niego, aquel vestido es de la Marquesa.

Floria

(Poniéndose en pie.) ¡Ah! ¿Y lo confiesas?

Mario

(Con dulzura y obligándole a sentarse.) Pero la Marquesa no lo ha traído aquí. Fue un desgraciado a quien le sirvió de disfraz, un pobre fugitivo...

Floria

¿Su hermano?

Mario

Sí, su hermano, que está allí, en el jardín.

Floria

(Con gran alegría.) ¿Conque no es ella? (Abrazándole.) ¡Cómo te quiero!

Mario

¡Así me gusta!

Floria

¡Mario mío! ¡Amor mío!... ¡Vida mía! (Besándole la mano con efusión.) ¡Tesoro mío! (Interrumpiéndose de pronto.) Pero, ¿y si mientes?

Mario

¿Volvemos a empezar?

Floria

(Vivamente, tapándole la boca.) No... ni una palabra más, te creo.

Mario

¿Quieres verlo?

Floria

No, de ningún modo, me basta tu palabra.

Mario

(Siempre sentado.) Está allí, míralo.

Floria

Si te digo que no quiero verlo. Repito que lo creo bajo tu palabra... ¡Así te haré olvidar mis estúpidos celos!... Quiero probarte que tengo plena confianza en ti y que no me queda ni la más leve sospecha... Nada, no hay nada en mí, más que un amor infinito. (Mira en rededor suyo, mientras dice estas palabras.) ¡Ah! sí, es verdad, acabo... acabo de verlo.

Mario

(Riendo.) ¡Ja! Tú eres como Santo Tomás... cuando ves las cosas... ¿Y ahora, me perdonas?

Floria

(Con seriedad.) Te perdono.

Mario

(Levantándose.) ¿Las injurias que me has dirigido? Muchas gracias.

Floria

(Levantándose y siguiendo detrás de él.) Tienes razón. No eres tú, sino yo, quien debe pedir perdón... Tú arriesgas la vida por salvar a un infeliz, ¡Qué bueno y qué generoso eres!... ¡Mejor que yo... mucho mejor!... Por eso debes ser indulgente con esta cabeza loca, loca por culpa tuya... Sí, te amo de tal modo, que he perdido la razón. ¡Tú no sabes cuánto te quiero y de cuántos sacrificios sería capaz! ¡Ah! ¡si tú me quisieras de igual manera!

Mario

(Cogiéndole las manos.) Yo te quiero con toda el alma. Pero ahora, es preciso que me dejes.

Floria

¿Dejarte ahora? ¡Soy tan feliz en este momento! (Pausa.) ¿Se quedará aquí ese hombre?

Mario

¿Angelotti? Naturalmente. Toda la noche, por lo menos; al amanecer procuraré que salga fuera de la ciudad por el río.

Floria

Pues entonces también me quedo yo. Te ayudaré en la empresa.

Mario

Eso no, de ninguna manera. Tú no debes mezclarte en una aventura tan peligrosa.

Floria

¡Qué importa!

Mario

¡No, no!... ¡vete a casa!

Floria

¡Sola!

Mario

Sí... Es preciso. ¿Has dejado tu coche a la puerta?

Floria

No... un poco más lejos... Ya ves, quería sorprenderte.

Mario

El hijo de Cecco te acompañará.

Floria

¿Cuándo volveré a verte?

Mario

Mañana temprano, en cuanto Angelotti haya huido.

Floria

¡Dios mío! ¡Si os prendieran a los dos!

Mario

(Ayudándola a ponerse el abrigo.) ¡Qué idea! No temas. Procederé con mucha precaución... Espérame por la mañana.

Floria

¡Oh, sí, ven pronto, estaré muy inquieta!

Mario

(Cogiendo el abanico que está sobre la mesa.) ¿No te llevas este abanico que despertó tus recelos?

Floria

¿Acaso no había motivo para ello?

Mario

Era para Angelotti, lo mismo que ese vestido.

Floria

¿Y quién podía adivinarlo? ¿Puedo hablar al hermano de la Marquesa?

Mario

Si tienes empeño en ello... (Va hacia el fondo.) Está allí examinando el pozo, donde debe esconderse, en caso de sorpresa. (Volviéndose a Floria.) ¿De manera que volviste a San Andrés, después que yo me marché?

Floria

Sí.

Mario

¿Y encontraste este abanico?

Floria

No.

Mario

¿Entonces cómo ha llegado a tus manos?

Floria

(Como quien siente despertar una idea terrible en su cerebro.) ¡Ah!... él es... (Interrumpiéndose.) Sí.

Mario

¿Qué? Acaba.

Floria

¡Ah! ¡Dios mío!... ¿La policía busca a Angelotti?

Mario

¡Claro que sí!

Floria

¿Scarpia?

Mario

Por supuesto.

Floria

Él fue quien despertó mis sospechas... Ahora comprendo... Ha sido una emboscada.

Mario

(Sin comprender.) ¿Una emboscada?

Floria

Él me inspiró la desconfianza hacia ti. Él me dio este abanico.

Mario

(Empezando a comprender.) ¿Scarpia?

Floria

Se sirve de mis celos como de sus esbirros el infame.

Mario

¿Te ha visto venir? (Aterrorizado.)

Floria

Y me habrá seguido, no hay duda.

Mario

¿Qué has hecho? ¡Desgraciada!

Floria

Silencio... ¿oyes?

Mario

Rumor de voces.

Floria

(Espantada.) ¡Ahí están! ¡Son ellos!