ESCENA VII

MARIO, el PADRE EUSEBIO y GENARINO

P. Eusebio

(Sale por la derecha con un manojo de llaves.) ¿Habéis oído?

Mario

¿Qué?

P. Eusebio

El cañonazo.

Mario

Sí, será para festejar la victoria.

P. Eusebio

No, es que se habrá escapado del castillo algún jacobino.

Mario

Quizás.

Genarino

(Entrando por la derecha precipitadamente.) ¿No saben lo que sucede? Angelotti se ha fugado.

P. Eusebio

¡Infame!

Genarino

Por las calles pregonan la fuga, ofreciendo mil piastras al que entregue al preso y la horca a quien le oculte.

P. Eusebio

¡Es poco!

Genarino

Un cómplice de Angelotti ha sido denunciado.

Mario

¿Y está preso?

Genarino

¡Claro!

Mario

(Bajando.) ¿Ha declarado?

Genarino

Naturalmente. Como que le han puesto en el tormento.

P. Eusebio

¡Y es poco!

Mario

¿Está fuera mi coche?

Genarino

Sí, señor, con Fabio.

Mario

Pues di al cochero que vaya a esperarme cerca de la puerta principal. Después vienes a arreglar todo esto... Pronto.

Genarino

En seguida. (Vase por la derecha. En el fondo se empiezan a ver velas encendidas y también se ven entrar algunos devotos.)

P. Eusebio

(Encendiendo las velas de la Virgen.) ¿De modo que habéis oído hablar de la victoria de Marengo?

Mario

Sí. (Con inquietud y mirando el sitio donde está oculto Angelotti, mientras se quita la blusa.)

P. Eusebio

(Riendo.) José ha llevado su merecido.

Mario

(Cogiendo el sombrero.) ¿José?

P. Eusebio

El Bonaparte apócrifo, el Bonaparte falso. Tiene gracia, ¿verdad? (En este momento sale Angelotti con un velo de mujer y desaparece por el fondo.)

Mario

¡Por fin!

P. Eusebio

(Volviéndose.) ¿Qué decís?

Mario

Nada. (Procurando distraerle.) Tomad, Padre Eusebio (Le da unas monedas.) y buenas tardes. (Se va por la izquierda.)

P. Eusebio

Buenas tardes. ¡Qué prisa tiene el jacobino! Veamos. Tres piastras.. No es mucho, pero en fin, del enemigo... (Se oyen sonar el órgano y cantos y salmodias, lejanos.)