ESCENA VIII
EUSEBIO, EL BARÓN DE SCARPIA, SCHIARRONE, COLOMETTI, DOS POLICÍAS y GENARINO. Todos entran por la derecha, mientras se oyen los cánticos. Los dos policías se colocan en el fondo.
Schiarrone
(Toma agua Bendita de la pila y se la ofrece a Scarpia, el cual hace la señal de la cruz; después hace lo mismo con Colometti y los dos se persignan.)
Scarpia
(A Colometti en voz baja.) Ya que están bien guardadas todas las puertas, registrad hasta los últimos rincones de la Iglesia, pero con disimulo, ¿entiendes? (Colometti y uno de los agentes desaparecen por el fondo. El otro policía y Schiarrone quedan en la escena. El Padre Eusebio, al ver a Scarpia, hace una profunda reverencia.)
P. Eusebio
¡Señor barón!
Scarpia
Acercaos. ¿Sois vos el sacristán?
P. Eusebio
Y humilde servidor vuestro, excelencia.
Scarpia
Un fugado del castillo de Santángelo pasó la noche última en esta Iglesia y aún debe de encontrarse en ella.
P. Eusebio
¿Aquí? ¿Es posible?
Scarpia
Es indudable. ¿Cuál es la capilla de los Ángeles?
P. Eusebio
(Señalando el sitio donde estuvo oculto Angelotti.) Aquella es, señor barón.
Scarpia
(A Schiarrone y al polizonte.) Registradla. (Pausa; sigue oyéndose la plegaria. Después de breves momentos aparecen Schiarrone y el policía.) ¿Está ahí?
Schiarrone
No hay nadie.
Scarpia
Por lo visto llegamos tarde. ¿Y no ha dejado rastro?
Schiarrone
(Presentando varios objetos.) Sí, Señor. Un espejo, horquillas, dos navajas de afeitar y un abanico.
Scarpia
¡Un abanico! ¡A ver! (Examinándole.) Una corona de marquesa... De la de Atavantti. ¿Y no encontrasteis ninguna cosa más?
Schiarrone
Ninguna.
Scarpia
La delación era exacta. El fugitivo se ha disfrazado de mujer... Pero, ¿dónde se habrá escondido? ¿Quién le encubrirá? (A Eusebio.) ¿No habéis notado nada de particular en los alrededores de la capilla durante el día?
P. Eusebio
Nada, excelencia, ni antes ni después de haber cerrado las puertas.
Scarpia
¿Habéis cerrado vos todas las puertas de la iglesia?
P. Eusebio
Sí, excelencia; esa es mi obligación.
Scarpia
¿Con llave?
P. Eusebio
Con llave las cerré todas menos esta. (Señalando la de la izquierda.)
Scarpia
Y esta, ¿por qué no?
P. Eusebio
Porque aquí se queda siempre una persona.
Scarpia
¿Quién?
P. Eusebio
El pintor Mario Cavaradossi.
Scarpia
¡Ah! ¡El señor Cavaradossi! El demagogo, el francés. (Genarino, que durante el diálogo anterior, arregló todos los objetos del andamio, baja de este y atraviesa la escena con el cesto de la comida.) Y ese muchacho, ¿qué lleva en ese cesto?
Genarino
Es la cesta donde traigo la comida para el maestro.
Scarpia
(Mirando el cesto.) Restos de un pollo, jamón, pan... Por lo visto tu amo tiene buen apetito, ¿verdad?
Genarino
No siempre... Que lo diga el Padre Eusebio, que es quien acostumbra a escurrir la botella la mayor parte de los días.
P. Eusebio
(Protestando.) ¡Calumnia, señor barón!
Scarpia
Basta. (Despide a Genarino, que se marcha.) No cabe duda; aquí estaba. Cuando volvisteis, ¿aún se hallaba Cavaradossi en la capilla? (A Eusebio.)
P. Eusebio
Sí, señor. Acaba de salir hace un momento.
Scarpia
¿Estaba solo?
P. Eusebio
Como siempre. Cuando trabaja no quiere ver a nadie, excepto...
Scarpia
Excepto ¿a quién?
P. Eusebio
A una señora.
Scarpia
La Tosca.
P. Eusebio
La misma. Y sin duda le ha visitado hoy, porque veo un ramo de flores junto a la Virgen.
Scarpia
La Tosca es leal a la Iglesia y al Trono. No se puede sospechar una traición de su parte. Sin embargo, ella podría ponernos sobre la verdadera pista. (A Colometti, que vuelve.) ¿Has encontrado algo?
Colometti
Nada, señor barón.
Scarpia
¿No has visto a ningún sospechoso?
Colometti
A ninguno.
P. Eusebio
¿Manda su excelencia algo más?
Scarpia
No, podéis retiraros. (El Padre Eusebio se va por el fondo.) Por ahora basta de pesquisas. Vamos. (Se dirige hacia el fondo, y en este momento entra La Tosca. Al oír el ruido de la puerta se vuelve Scarpia.) ¡Ella! (A los polizontes.) ¡Alejaos!