ESCENA VIII
FLORIA y SCARPIA en la escena. SCHIARRONE, COLOMETTI y los polizontes ocultos.
Floria
(Entrando alegremente.) ¡Concluyó el ensayo! ¡Mario! ¡Mario! (Mirando hacia el andamio.) ¿No está?
Scarpia
(Aparte desde el fondo.) ¡Ah! Sí. Los celos. (Adelantándose.) Buenas tardes, ilustre artista.
Floria
(Con disgusto.) ¿Vos aquí?
Scarpia
¡Os sorprende! ¿Buscáis acaso al caballero Cavaradossi?
Floria
¿Sabéis?
Scarpia
Yo lo sé todo. Es mi oficio.
Floria
En esta ocasión no hay mérito alguno. Yo no lo oculto.
Scarpia
¡Tanto se merece el pintor! ¿Cómo una mujer tan buena y tan religiosa puede querer a un hombre tan pervertido, a un ateo? ¿Cómo se atreve a cambiar con él dos palabras siquiera?
Floria
Es que las dos palabras son muy dulces... «¡Te quiero!»
Scarpia
¿Y no oirá de los mismos labios esas dos palabras ninguna otra mujer?
Floria
¡Oh, ninguna! Creo en su amor como en el Evangelio.
Scarpia
Muy impía es la comparación, y además de impía, aventurada; porque quien es descreído en religión, no suele tener fe en otras cosas.
Floria
Esa es cuestión mía. ¿Y sabéis dónde ha ido, señor barón?
Scarpia
No lo sé; pero quiero ahorrar a vuestro amante el trabajo de devolveros esto que sin duda olvidasteis. (Dándole el abanico.)
Floria
¿Un abanico?
Scarpia
Contemplando el cuadro de Cavaradossi, vi sobre la banqueta este abanico; lo recogí para que nadie se lo llevara, y como supongo que es vuestro, os lo devuelvo.
Floria
(Estallando.) ¡Este abanico no es mío!
Scarpia
(Fingiendo un gran asombro.) ¡No!
Floria
Pero, ¿de quién puede ser? Y tiene una corona de marquesa.
Scarpia
(Mirándolo.) ¡A ver! ¡Pues es verdad!... ¡No había reparado!
Floria
¡Es de la de Atavantti! ¡Oh!
Scarpia
¿Y por qué de ella?
Floria
Sí, de ella; estoy segura. Llegaría después que yo me marché. Pero, no; de fijo estaba aquí escondida... Por eso le oí cuchichear... Por eso tardó en abrirme la puerta... Por eso tenía ansia de que me marchara... No hay duda; estuvo oculta viéndome, oyéndome, y luego cuando le dejé solo, volvería a sus brazos para robarme su amor. ¡Ah, infame, infame! Ahora veo clara su traición; pero me vengaré, y de un modo terrible.
Scarpia
¿Y si os equivocáis?
Floria
¿Equivocarme? Pronto lo sabremos. Los sorprenderé esta misma noche después del concierto. Ya sé dónde están.
Scarpia
¿De veras?
Floria
Sí.
Scarpia
(Con gran ansiedad.) ¿Dónde?
Floria
No os lo diré; queréis saberlo para avisarlos, para que huyan de mí.
Scarpia
No es para eso, os lo juro.
Floria
Dejadme... La policía no entrará allí... Yo me basto. (En este momento empieza a escucharse el sonido del órgano y el canto del «Te Deum».)
Scarpia
¡El Te Deum, callad!
Floria
Ahora a buscarlos, a confundirlos, a vengarme. (Sale precipitadamente.)
Scarpia
(Sonriendo ferozmente.) ¡Ya son míos! (Llamando.) ¡Colometti! (Entran Colometti, Schiarrone y los polizontes.)
Colometti
¿Qué mandáis?
Scarpia
Sigue a esa mujer de lejos y procura que no te vea.
Colometti
Está bien, (Sale.)
Scarpia
Y nosotros demos gracias a Dios por la victoria de nuestras armas y pidamos a la Virgen que proteja nuestros trabajos para dar con los impíos revolucionarios, enemigos de la religión y del trono. (Se arrodillan todos al pie de la imagen de la Virgen mientras continúa oyéndose el canto del «Te Deum» y el sonido del órgano.)
TELÓN