ESCENA VIII

MARIO aparece en la puerta, pálido, jadeante, casi desfallecido, apoyándose en el marco de la puerta para no caer. Se le ven dos manchas de sangre en las sienes. Floria corre hacia él; lo sostiene, lo conduce hasta el sillón, donde cae desfallecido. Schiarrone, después de cumplir la orden de Scarpia, se dirige hacia el jardín.

Floria

(Enjugándose el sudor de la frente.) ¡Amor mío! ¡Vida mía! ¡Respóndeme! ¡Mírame!

Mario

(Abre los ojos penosamente y después de una breve pausa.) Tú no has dicho nada... ni yo tampoco, ¿no es verdad?

Floria

No... No... Tú no has dicho nada. (Mario se desvanece de nuevo y Floria llora y le besa las manos. En este momento aparece Schiarrone en la arcada del fondo.)

Scarpia

(A Schiarrone.) ¿Le encontraste?

Schiarrone

Sí, señor. Muerto.

Scarpia

¡Muerto! (Los polizontes traen el cadáver de Angelotti, y lo depositan en el jardín, cerca de la entrada. La luna ilumina el cuerpo. En este mismo instante Mario abre los ojos y Floria se coloca delante de él para que no pueda ver el cadáver.)

Schiarrone

Sin duda se ha suicidado con un veneno. (A Scarpia.)

Mario

(Incorporándose.) ¿Eh? ¿Muerto? (A Floria, que trata de impedir a todo trance que pueda ver el cadáver.) ¿Quién ha muerto? ¿Quién? ¡Aparta! Déjame ver. ¡Él! ¡Ah! ¡Miserable! ¡Miserable!

Floria

¡Mario!

Mario

No te acerques. ¡Vete! Tú has sido su verdugo. ¡Infame!

Floria

Por salvarte.

Scarpia

(A los polizontes.) Ea, pronto. ¡Fuera! ¡Fuera! El muerto al depósito. Y el vivo... Su cómplice...

Floria

(Con terror.) ¿A dónde? (En este momento los polizontes rodean a Mario y se lo llevan.)

Scarpia

A la horca. (Floria da un grito.)

Floria

(Corre hacia Scarpia, intenta hablar, pero no lo consigue. Le mira con ojos asombrados y cae pesadamente en tierra.)

Schiarrone

¿Y la mujer también?

Scarpia

También.

TELÓN