ESCENA VII

FLORIA, SCARPIA, SCHIARRONE, COLOMETTI, SOLDADOS, que vigilan al fondo y dos POLIZONTES que guardan la puerta de la izquierda.

Floria

(Sentada cerca de la mesa, a la derecha y jugando con el abanico.) ¿De mis respuestas? ¿Qué puedo contestar?

Scarpia

(Acercándose.) Lo preciso, nada más que lo preciso.

Floria

¿Cómo voy a responder a lo que me preguntáis si no sé ni siquiera de qué se trata?

Scarpia

(Sonriéndose y con tono amistoso.) Vamos a hablar como dos buenos amigos. ¿No es cierto? (Coge una silla.) Y comenzaremos nuestro coloquio en el mismo punto en que lo interrumpimos, hace pocas horas, en la capilla de San Andrés. (Se sientan.) ¿Conque los celos y las sospechas que despertó en vos ese lindo abanico no tenían fundamento alguno?

Floria

(Con mucho aplomo.) Vos lo sabréis mejor que yo, señor barón.

Scarpia

Por lo visto confundí las personas. ¿No es eso? El caballero Cavaradossi no estaba aquí con la marquesa de Atavantti, pero sí con su hermano.

Floria

Ni con ella ni con él... Estaba solo, completamente solo.

Scarpia

(Burlándose.) ¿De veras?

Floria

(Un poco impaciente.) Sí.

Scarpia

¿Vos lo afirmáis bajo vuestra palabra?

Floria

(Nerviosa.) Sí... yo lo afirmo... Nadie tiene el derecho de poner en duda lo que yo digo. Nadie, ¿entendéis?, nadie.

Scarpia

Vamos, calma. (Volviéndose en la silla.) ¡Schiarrone!

Schiarrone

(Desde la puerta izquierda.) ¡Excelencia!

Scarpia

¿Qué dice el caballero?

Schiarrone

Nada.

Scarpia

¿Se obstina en negar?

Schiarrone

Con más terquedad que antes.

Scarpia

(Levantando la voz.) En tal caso, insistid. Roberti, insistid.

Floria

(Vivamente.) Esa insistencia será inútil. Nadie le obligará a decir lo que no sabe. Lo que no es cierto.

Scarpia

El silencio del señor Cavaradossi no me sorprende. A primera vista he juzgado su fortaleza de ánimo y he previsto su obstinación... Lo único que me extraña es que imitéis su ejemplo... Esperaba que fueseis mucho más razonable que él.

Floria

¿Y por qué suponíais que iba a ser razonable, señor barón? ¿Acaso pretendéis que yo mienta?

Scarpia

(Sonriendo.) De ningún modo. ¿Mentir? ¿Quién piensa en eso? Lo que yo deseaba es que dijeseis la verdad, aunque no fuera más que por ahorrar al caballero un mal cuarto de hora.

Floria

(Levantándose asustada.) ¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué queréis decir? ¿Qué es lo que sucede en esa habitación?

Scarpia

Una cosa sencillísima. Se interroga al caballero Cavaradossi con las formalidades y por los procedimientos establecidos en las leyes.

Floria

(Empezando a comprender.) Quiero entrar.

Scarpia

(Deteniéndola.) Es inútil, yo mismo os explicaré lo que ocurre. El caballero está cómodamente sentado en un sillón sujeto de pies y manos y con un hermoso casco de acero en la cabeza, que hace desatar la lengua a la persona más taciturna. Este célebre casco de invención reciente, tiene tres puntas afiladas, una que se ajusta sobre la nuca y las otras dos sobre las sienes.

Floria

(Con terror.) ¡Ah!

Scarpia

(Levantándose.) A cada negativa del caballero se hace girar un tornillo de rosca y la base del casco se aprieta suavemente.

Floria

(Tratando de escaparse de Scarpia, que la tiene sujeta por un brazo.) ¡Ah! ¡Malditos! Basta... Por Dios... basta... (Mirando con espanto a la habitación inmediata.)

Scarpia

(Sujetándola siempre.) ¿Hablaréis? ¿No es cierto?

Floria

Pero antes decidles que cesen... Pronto, decídselo.

Scarpia

Roberti, aflojad un poco el tornillo. (Alto.)

Floria

No... no... más...

Scarpia

Bien. (Alto.) Roberti, aflojad del todo.

Schiarrone

(Desde la puerta.) Ya está, excelencia.

Scarpia

(A Floria.) Ya lo oís. Está hecho.

Floria

¡Oh! Dios mío... Someter a él, a mi Mario, a un suplicio tan espantoso... ¡Cobardes! ¡Cobardes! Quizá continúen todavía.

Scarpia

Mientras yo no lo mande, no.

Floria

(Separándose de él.) ¡Quiero verle! (Corre hacia la puerta, pero Schiarrone y los polizontes le impiden el paso.) ¡Dejadme pasar! ¡Dejadme pasar!

Scarpia

Schiarrone, cierra la puerta. (Schiarrone obedece.)

Floria

(Empujando furiosa la puerta.) ¡Mario, Mario! Respóndeme. ¿No me oyes? Dime una sola palabra, una sola. (Silencio.) ¡Me lo han asesinado esos infames!

Scarpia

(Sentándose de nuevo a la derecha y con mucha frialdad.) No... le dejan el tiempo preciso para tomar aliento.

Floria

¡Mario! ¡Mario! ¡Mario!

Mario

(Desde dentro y con voz ahogada.) ¡Floria!

Floria

¡Ah! Por fin le oigo

Mario

Nada temas... El valor no me faltará.

Floria

¿Te hacen daño? Dímelo, dímelo, vida mía.

Mario

En este momento no... Valor, Floria, valor.

Floria

(Separándose de la puerta.) ¡Oh, qué voz tan dolorida! ¡Cómo sabe sufrir! ¡Atormentarle de ese modo tan horrible a él, tan compasivo, tan generoso, tan bueno!... ¿Y le destrozan las sienes con puntas de acero? ¡Qué horror! ¿Y son seres humanos los que hacen tales infamias con un semejante suyo? ¿Y ese hombre lo ordena fríamente (Mirando a Scarpia.) y aspira con voluptuosidad de tigre el olor de la sangre?

Scarpia

(Sonriéndose de un modo siniestro.) Todos esos son acentos dramáticos, desplantes de trágica, buenos a lo sumo para las tablas de un escenario... Mi felicitación más sincera. (Acercándose a Floria.) Pero, hablemos en serio... Ya lo habéis oído... El caballero acaba de decirlo. «El valor no me faltará.» Eso significa que está decidido a no pronunciar una palabra, ni de grado ni por fuerza.

Floria

¡Antes le arrancarán el alma!

Scarpia

Supongo que no habrá necesidad de llegar hasta ese extremo.

Floria

Pues entonces, señor barón, disponed que le pongan en libertad ahora mismo. Porque no dirá nada. Yo lo afirmo. Ya se acabó... ¿no es cierto?

Scarpia

¡Concluir! Si apenas hemos comenzado...

Floria

¡Ah!

Scarpia

Vamos a continuar el interrogatorio.

Floria

¡Torturarle más! ¡Y para no saber nada!

Scarpia

Os equivocáis, amiga mía. Lo sabré todo... todo... Él sufrirá el interrogatorio y vos responderéis.

Floria

¿Yo?

Scarpia

Sí, vos. Y os prevengo que cada negativa vuestra será una vuelta más que daréis al tornillo y un nuevo riesgo para la vida de vuestro amante.

Floria

¡Verdugo!

Scarpia

No, yo no... En tal caso, el verdugo seréis vos, puesto que con una sola palabra podéis ahorrarle todo sufrimiento. (Llamando.) Preparado, Roberti. (Schiarrone abre la puerta.)

Floria

¡Asesino! (Gesto amenazador de Scarpia.) No, señor barón... piedad... piedad para él... Perdonadme, no sé lo que digo... Es horrible, horrible...

Scarpia

¿Dónde está escondido Angelotti?

Floria

(Con acento dolorido.) Pero si no sé nada, si no sé nada... ¡Cómo he de saberlo yo! (Scarpia hace una seña con la mano a Schiarrone que se vuelve hacia el interior de la estancia. Floria se dirige precipitadamente a Scarpia y le coge el brazo que tiene levantado.) No, esperad... un momento... ¡Dios mío! ¡Perder al uno por salvar al otro! Esto es inaudito, espantoso. (A Scarpia.) Aguardad, aguardad un instante... Ahora no se le atormenta de nuevo, ¿no es así?

Scarpia

No, todavía no... esperaré... Pero abreviemos... ¿Qué es lo que respondéis?

Floria

¡Yo! ¿Cómo debo responder? Decídmelo... Yo no lo sé... Las ideas se confunden en mi cerebro... Diré todo lo que queráis. ¡Todo lo diré para salvarle!

Scarpia

Perfectamente. Cuando llegasteis a esta habitación, estaba en ella un hombre, ¿no es cierto?

Floria

No. (Movimiento de Scarpia.) Sí... sí... esperad... Dejadme al menos recoger las ideas... ¿Un hombre? Me parece que no. (Nuevo movimiento.) Sí... sí... creo que sí. (A Schiarrone que sigue en la puerta.) Pero siendo yo quien responde por él, ¡miserable, cierra esa puerta!

Scarpia

¿Y ese hombre era Angelotti?

Floria

De eso no estoy segura. (Rápidamente.) ¡Oh, no! no era él ciertamente... Yo juro...

Scarpia

(Burlándose.) Ese juramento equivale a decir que sí.

Floria

No... os digo... que no.

Scarpia

Pero lo negáis con tal energía que vale un sí.

Floria

¡Dios os pedirá cuenta de lo que hacéis conmigo en este momento! ¿Cómo he de saber yo si ese hombre era Angelotti? ¿Le conozco yo por ventura?

Scarpia

En suma, ese hombre, sea el que fuera, ¿está escondido?

Floria

¿Escondido? Dios sabe dónde se encontrará a estas horas.

Scarpia

No ha podido fugarse... La casa está bien vigilada.

Floria

Si no creéis lo que digo, ¿para qué he de continuar? (Escuchando con ansiedad.) ¿Un grito? ¡Han vuelto a torturarle!

Scarpia

No...

Floria

Sí... Yo lo he oído, (signe escuchando.)

Scarpia

Repito que no. (Pausa.) ¿Lo veis? Continuemos... Aquel hombre está escondido en algún lugar secreto, quizá en esta misma sala.

Floria

Ojalá que así fuese, porque entonces no consentiría que atormentasen tan cruelmente a su salvador.

Scarpia

¿De manera que es su salvador?

Floria

(Reponiéndose y tratando de enmendar su torpeza.) Yo no he dicho eso... ¡No lo he dicho!

Scarpia

Si acabáis de confesarlo.

Floria

¿Quién hace caso de mis respuestas? Me obligáis a hablar, empleando tan horrorosos procedimientos, que no sé lo que contesto, y digo lo primero que se me ocurre.

Scarpia

En una palabra: Angelotti está escondido. (Movimiento de Floria.) ¿Dónde? ¡Ea, acabemos!

Floria

No lo sé.

Scarpia

(Volviéndose hacia la puerta.) ¡Roberti!

Floria

Sí... sí... Lo está...

Scarpia

¿En qué sitio?

Floria

(Que en el primer momento estuvo a punto de indicar el jardín, se arrepiente.) ¡Pero es horrible entregar a ese desgraciado para que lo asesinen!

Scarpia

¿En qué sitio? (Con mayor violencia.)

Floria

(Prorrumpiendo en llanto.) Ved que no puedo hablar. Las palabras se ahogan en mi garganta. Estoy a punto de desfallecer. (Cae sentada en una silla retorciéndose las manos desesperadamente. Pausa.)

Scarpia

(Inclinándose hacia ella, y con voz que procura dulcificar.) Vamos, un poco de resolución, y vuestro amante estará libre.

Floria

(Sollozando.) ¡Oh! ¡Dios mío! Mario no me perdonará nunca, nunca...

Scarpia

Decídmelo a mí solo, en voz baja. Él no lo sabrá, yo os lo juro... vamos.

Floria

(Con voz sofocada.) Deseo hablar con él antes una palabra, una sola...

Scarpia

¿Para qué?

Floria

Concededme este favor. Después haré todo lo que queráis, pero antes quiero hablarle, quiero verle.

Scarpia

(Alto.) Roberti, cesad un momento. (A Schiarrone.) Abre esa puerta. (Schiarrone obedece, y se coloca con dos polizontes a ambos lados de la puerta. Scarpia está en el centro del escenario, y Floria a su derecha. Un momento de pausa. Floria se enjuga el sudor de la frente, se incorpora vacilante, y quiere aproximarse a la puerta, pero Scarpia se lo impide sujetándola por un brazo.)

Scarpia

No... Dispensad... Desde aquí únicamente...

Floria

¡Mario! ¡Mario mío!... ¿Me oyes, no es cierto?

Mario

(Dentro, con voz doliente.) Sí.

Floria

¡Mira, amor mío! Tú no puedes resistir más ni yo tampoco, te lo juro. ¿No es verdad que debo hablar? ¡Oh... dime que consientes en ello, dímelo por el amor de Dios!

Mario

¿Y qué vas a decir, desgraciada?

Floria

(Suplicante.) ¡Mario!

Mario

(Con acento enérgico.) Nada puedes decir, porque nada sabes.

Floria

(Vivamente en medio de la escena, y con las manos extendidas hacia el sitio donde se encuentra Mario.) Pero yo no puedo dejarte en tan horrible situación. ¡Sufres mucho, y yo sufro más que tú, mi tormento es aún más espantoso! Te pido de rodillas... Déjame hablar... Dime que consientes...

Mario

(Con energía.) No... no... no... Nada tienes que decir... Te lo prohíbo, ¿entiendes?

Floria

(Desesperada.) ¡Te matarán!

Mario

Te lo prohíbo.

Scarpia

(Con voz terrible.) Continuad, Roberti, y no ceséis ya.

Floria

(A los pies de Scarpia.) No... no... ¡Que no sigan! Yo hablaré, yo lo diré todo.

Mario

¡Calla, o te maldigo!

Floria

(Mirando al cielo.) ¡Señor! ¡Señor! ¡Dios justo! ¡Dios poderoso!

Scarpia

(A Roberti.) ¡Vamos!

Floria

(Abrazándose a sus rodillas.) ¡Que cesen!

Scarpia

(Inclinándose sobre ella.) ¿Dónde está?

Mario

(Se oye dentro un grito de dolor.) ¡Ah!

Floria

(Fuera de sí, y repitiendo el grito.) ¡Ah! ¡No puedo! ¡No puedo más! Lo diré todo...

Scarpia

Basta, Roberti.

Floria

Está allí. (Señalando al jardín.)

Scarpia

¿En el jardín?

Floria

Dentro del pozo.

Scarpia

(Volviéndose hacia los polizontes.) Ya lo habéis oído. (Los polizontes se van hacia el jardín y los soldados les siguen.)

Floria

(Levantándose del suelo.) Ahora, miserables, devolvedme a mi Mario.

Scarpia

(A Schiarrone.) Desatad al preso.