CLXII.

Tal va con grandes armas el tirreno;

Y Enéas, que veloz llegar quisiera,

Con los ojos le busca, de ardor lleno,

Allá á lo largo de enemiga hilera:

Firme el otro en su basa ve sereno

Al osado adversario á quien espera;

Mide el tiro á la lanza con la vista,

Y «¡Así esta diestra, que es mi Dios, me asista,