CLXIX.

»Vé, y dí á Turno mi anhelo postrimero:

Que ocupe mi lugar, y á los Troyanos

De la ciudad repela.—¡Adios! ¡yo muero!»

Calla, y huyen las riendas de sus manos;

Fria ya, desmayado el cuerpo entero,

Sucumbe renunciando á esfuerzos vanos,

Y el blando cuello y la sagrada frente

Reposa al fin la vírgen falleciente.