CXLIV.

»¡Abriese, á devorarme, una honda boca

La tierra! Ó vos, más bien, al ruego mio

Venid, ¡oh vientos! contra dura roca

Arrebatad piadosos mi navío;

Esperanzado en vos Turno os invoca!

¡Allá estrelladme en áspero bajío,

Do Rútulos no lleguen, ni importuna

Fama me siga ni memoria alguna!»