CXXXIV.
«¡Si lo mismo, Señor, que áun no deparas
En voz expresa, el corazon queriendo
Lo acordase, y la vida aseguraras
Que hoy á Turno perdonas! ¡No que horrendo
Fin le espera inculpable! ¿Ó á las claras
Yo, de asustada, la verdad no entiendo?
¡Ojalá que me engañe, y dé tu Alteza
Rumbo mejor á lo que á ser empieza!»