CXXXVII.

»¡Y á este tiempo en el más remoto prado

Turno su carro vagaroso guía!»...

Guardó torvo silencio el increpado,

Y en el pecho le hierven á porfía,

Con tantos contratiempos alterado,

Ya del herido amor la frenesía,

Ya el probado valor de su pujanza,

Fuego de pundonor, voz de venganza.