LXV.

Y allí en el agrio dorso, entre los vados,

Pende, y despues de vacilar instantes,

Fatigando las ondas sus costados,

Abierta enajenó los navegantes

Sobre las aguas. Remos destrozados

Les impiden, y escaños fluctuantes,

De los brazos la accion, y retrogradas

Los enredan de piés las oleadas.