LXXV.

»La guerra de salud no da esperanza:

Todos pedimos paz, dánosla luégo

Con la prenda inviolable que la afianza!

Soy el primero que á pedirla llego,

Yo, á quien émulo finges; ni hay tardanza

En mí—vesme á tus plantas—para el ruego:

¡Ten piedad de los tuyos, pon la ira,

Y léjos derrotado, te retira!