LXXXII.
El primero en ponérsele delante
(A quien mala ventura su rüina
Aconseja) fué Lago: en el instante
Que un gran guijarro á desraigar se inclina.
Venablo duro voleó Palante,
E híncaselo allí donde la espina
Por medio las costillas demarcaba;
Ya adherido á los huesos, lo desclava.