LXXXIII.
»¡Alienta en tu alarmante clamoreo
A gente no una vez vencida, y pisa
Las esperanzas de la nuestra!... Veo
Que huyendo ya con azorada prisa
Los Mirmidones van, y el de Tideo
(¡Tanto alcanzas!) y Aquíles de Larisa,
Y vuelve su corriente espavorido
De las ondas adriáticas Anfido!