LXXXIV.

»¡Oh! dame que ese grupo desordene,

Y á este dardo en el aire abre sendero!»

Orando así, con cuantas fuerzas tiene

Arroja el arma. En ímpetu ligero

El asta parte despedida, y viene,

Hendiendo sombras, á Sulmon frontero,

Y rómpese en su espalda, y la madera

Hecha astillas las vísceras lacera.