LXXXV.

»A tí y á las consultas que propones,

Ahora, oh Padre, la atencion convierto.

Si nada de tus fieles campeones

Aguardas ya, si la esperanza ha muerto,

Si nunca la Fortuna á dar sus dones

Volvió, cuando en la guerra el desconcierto

Pudo una vez señorear las almas,

Tendamos luégo las inertes palmas,