LXXXVI.
Temblando están del invisible amago
Todos, cuando otra vez dardo estridente
Llega, que ambas las sienes pasa á Tago
Y en su hendido cerebro híncase ardiente.
El causador no indaga del estrago
Llevado de la cólera Volcente,
Ni en quién le cumpla desfogarse mira;
Ciego salta, y bramando estalla en ira: