LXXXVII.

«Tu sangre ha de correr, quienquier que él sea;

Y en tí de entrambos tomaré venganza!»

Así diciendo, el hierro ya menea

Desnudo, y sobre Euríalo se lanza.

Lleno, á par, de terror, Niso vocea;

Fuera, tambien, de sí, Niso se avanza:

Más tiempo oculto estar no lo tolera

El duro trance, ni él callar pudiera.