XIX.

Ensáyase á los hombros la coraza,

Toda de oro erizada y de blanquizo

Oricalco; el escudo fino embraza;

Prende la espada y el creston rojizo:

Espada aquella de divina traza

Que el Dios del fuego por sus manos hizo,

Candente la templó en la estigia ola,

Y al padre Dauno él mismo reservóla.