XVIII.

Dice, y va á su mansion. ¡Con qué alegría,

Pidiendo sus caballos, ve que atentos

Bufan ante él con noble bizarría!

Blancos cual nieve, rápidos cual vientos

A Pilumno ofrendólos Oritía.

Aurigas les cortejan: los contentos

Pechos la palma en hueco són golpea,

Y el crin les peina que revuelto ondea.